Siete de cada 10 dólares que ingresan a la Argentina en concepto de exportaciones son generados por la agroindustria, o lo que es lo mismo, el sector es responsable del 70% de las ventas externas del país.

Nuestro país exporta la mitad de lo que produce. En el ranking global, ocupamos el 1º puesto como exportador de harina y aceite de soja, aceite y jugo de limón, porotos, maní; el 2º en maíz y yerba; y el 3º en poroto de soja.

En 2021, las cadenas agroindustriales aportaron a las arcas estatales US$9924 millones en concepto de derechos de exportación.

Estos son apenas algunos de los datos que surgen del Monitor de Exportaciones Agroindustriales, un nuevo estudio semestral que elabora la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).

Se trata de una herramienta innovadora que explora el potencial de los complejos agroindustriales exportadores y busca “derribar” algunos mitos, según explican en FADA.

20 cadenas agroindustriales

El trabajo resume los principales datos, aportes y potencial de las exportaciones del campo, mide la participación de las exportaciones del agro en el total de las del país, y hace foco en 20 cadenas agroindustriales.

Sobre esas cadenas se analizan indicadores de aporte de divisas, derechos de exportación, inserción internacional, ranking a nivel mundial, share de mercado, concentración de destinos y concentración de origen regional.

Y lo más interesante, el cruce de datos y el análisis de los expertos muestran claramente la relevancia de las exportaciones en la vida cotidiana de las personas y su rol fundamental en el desarrollo del país.

Exportaciones y empleo

“Si no exportáramos, miles de puestos de trabajo no existirían. Argentina llega a 160 países con sus exportaciones agroindustriales. De todos los productos agroindustriales que andan dando vueltas en barcos por el mundo, el 11% lo producimos en el país. Es importante que todos sepamos por qué es bueno exportar para dejar atrás falsas creencias que confunden”, dice Nicolle Pisani Claro, economista de FADA.

El año pasado, ingresaron a la Argentina US$54.895 millones en concepto de exportaciones agroindustriales (70% de las ventas totales).

De acuerdo con el informe de FADA, se trata casi del único rubro que presenta un superávit comercial sostenido a través de los años.

Superávit

“Que tenga superávit comercial quiere decir que vendió al mundo más de lo que le compró. ¿Cómo se puede ver esa relación? Las cadenas agroindustriales, como todas las actividades, para producir requieren algunas cosas que acá no hacemos, como insumos y maquinarias, por lo que debemos importarlos pagando en dólares. Luego, al exportar, también lo hacemos en esa moneda. Al hacer el cálculo entre los dólares que “se fueron” para comprar lo que acá no hacemos y los “que entran” producto de las ventas, vemos que los que entran superan a los que se van. Eso es el superávit comercial”, explica David Miazzo, Economista Jefe de FADA.

El trabajo demuestra que ese aporte no se repite en todos los rubros: las cadenas agroindustriales y el transporte son los únicos con superávit comercial.

De todos modos, lo agroindustrial lidera ampliamente: el saldo positivo del transporte es mínimo, US$233 millones, mientras que las cadenas agroindustriales acumularon US$45.368 millones, detalla FADA antes de enumerar al “resto de los rubros, que demandan dólares”.

“Por esto es que decimos que las cadenas agroindustriales “financian” los saldos comerciales deficitarios de los otros rubros (textil, química y conexos, electrónica, maderera, maquinaria nuclear e industrial). Significa que gracias al balance positivo del agro podemos importar ropa, tecnología, maquinaria, etc.”, completa Miazzo.

Más dólares

A nivel macro, disponer de más dólares genera múltiples beneficios: implica tener más respaldo para nuestra moneda y así evitar devaluaciones y cepos cambiarios. Con una moneda más fuerte el poder adquisitivo de los argentinos puede mejorar, en lugar de seguir deteriorándose.

Generar dólares genuinos evita que el país tenga que endeudarse y que cada tanto no pague sus deudas. “Aunque exportar más no es suficiente para lograr esto, para poder llegar a eso es necesario proteger la moneda reduciendo el déficit y la emisión monetaria”, añaden desde FADA.

160 países

De acuerdo con datos del estudio, los productos de las cadenas agroindustriales argentinos llegan a más de 160 países.

Si se hace un análisis detallado por producto, se observa que con el aceite de girasol y sus derivados llegamos a 37 países; a 49 países con los limones, aceites y jugos; y a 48 con nuestra carne de vaca.

Otro indicador que mide el estudio de FADA es la concentración de destinos.

El 66% de las exportaciones agroindustriales de Argentina van a los primeros 5 países compradores. “Es un dato relevante ya que las cadenas con menor concentración de destinos tienen una menor dependencia para la colocación de sus productos en el mercado internacional”, explica Pisani Claro.

La cadena del maní, por ejemplo, exporta el 88% de su producción. Sin la exportación no existirían gran cantidad de puestos de trabajo.

En el caso de la carne, se exporta el 27%. La estimación indica que son 100.000 los puestos de trabajo vinculados a la exportación para vender a 48 países.

Pero más allá del empleo directo que genera el comercio internacional de estos productos, cada persona que trabaja en el circuito, a su vez consume y genera empleos en otros sectores: construye, compra un auto, ropa, consume en la verdulería, etc, señalan en FADA.

Perspectivas 2022

“Las perspectivas para 2022 muestran que el campo generará aún más dólares que en 2021. Este aumento de las exportaciones se deriva, principalmente, de la mejora de precios, impulsada por la guerra Rusia-Ucrania. Las exportaciones crecerán, aun cuando la producción de granos, carne bovina y uva, por tomar algunos ejemplos, será menor”, dice Miazzo.

Hay otros tres aspectos que limitarán la producción y las exportaciones:

  • Costos. Han aumentado de manera sustancial, en particular fertilizantes (el tema está relacionado de modo estrecho con la guerra en Europa).
  • Atraso del tipo de cambio oficial. Encarece costos como los fletes y las labores al medirlas en dólares.
  • Políticas públicas. Las restricciones a las exportaciones de trigo, maíz y carne, por ejemplo, junto con medidas que reducen el precio percibido por el productor como los fideicomisos de trigo y aceites, y la eliminación de los diferenciales de derechos de exportación de harina y aceite de soja.

Derechos de exportación vs. desarrollo regional

Los Derechos de Exportación (DEX) son un tributo nacional sin coparticipación con las provincias.

Durante 2021, la AFIP recaudó US$9924 millones en concepto de Derechos de Exportaciones de las cadenas agroindustriales.

Del total, el complejo soja explicó el 75%. Si se agrupan por cadenas, los cereales y oleaginosas explicaron el 91%, seguido por las economías regionales 4%, cadenas cárnicas con un 3%, lácteos 0,8% y el resto, 0,2%.

“Los DEX reducen el precio que se percibe y por ello tiene efectos negativos en la producción. Cuando se reducen, el productor percibe una mejora en el precio, incentivándolo a invertir para producir más y, de esta manera, generar mayor actividad económica, exportación y empleo. A su vez, cuando se produce más, se exporta más e ingresan más dólares que contribuyen a atender los compromisos del país. Cuando se exporta, se generan dólares de manera genuina y no tenemos que salir a pedir prestado o incumplir nuestras obligaciones como país. Se genera un círculo virtuoso”, describe Miazzo.

Competitividad de las cadenas

El trabajo de FADA señala luego que existen otros países y empresas que tienen la capacidad tecnológica, la escala o las condiciones para hacer algunas cosas mejores o más baratas que la Argentina.

“Si Argentina trabaja en potenciar sus sectores productivos, estos pueden salir al mundo a competir y, en algunos casos, también competir con las importaciones”, sostienen los expertos.

Y entonces explican que es por eso que la exportación genera más competitividad en las cadenas productivas: para poder competir en el mundo hay que ser más productivos, innovadores, inteligentes e incorporar más tecnología.

“Esto lleva a generar desafíos que impulsan a toda la cadena y a generar nuevas capacidades. Lleva a investigar para generar mejores semillas, producir mejores máquinas agrícolas, con más tecnología y productividad, o requerir más profesionales y mejor capacitados, muchos de los cuales se forman en universidades nacionales. Esto eleva la vara de todas las cadenas exportadoras para llevarlas al nivel de países como Estados Unidos, Australia o Europa”, concluye Miazzo.