Aunque hace varias décadas que parece dar pasos para mejorar su situación, América latina sigue estancada en los mismos números de hace 30 años. Como si se tratara de una versión actual de La Odisea en la que Penélope teje de día y desteje de noche esperando el regreso de Ulises, la región sigue concentrando desde entonces el mismo magro 5% del comercio global.

Desde hace tres décadas la mayoría de los países de América latina implementó políticas de apertura comercial que se tradujeron en una reducción de los aranceles y las barreras no arancelarias, y generaron aumentos en los niveles de comercio e inversión. Sin embargo, la magnitud ha sido modesta y no se condice con las expectativas que se tenía sobre su impacto en el crecimiento y el bienestar, advierte el Reporte de Economía y Desarrollo 2021 del Banco de Desarrollo de América latina (CAF).

El pormenorizado informe de más de 300 páginas plantea además un punto interesante: el estancamiento de nuestra región contrasta con importantes aumentos en la participación global del comercio de otras zonas en desarrollo, como el Este y Sudeste de Asia.

Por qué

¿Por qué nos pasa esto? Una de las primera razones que esgrimen los expertos es que las medidas de apertura comercial no generaron incrementos significativos y sostenidos en el intercambio intrarregional, que se mantiene alrededor del 15% del total de las exportaciones desde mediados de la década de los ‘90.

En contraste, cuando se observan los altos niveles de participación en el comercio global de otras regiones, como el Este y Sudeste de Asia, Europa o América del Norte, el componente regional de dichos flujos es un aspecto crítico.

En Europa, por ejemplo, el comercio intrarregional tiene valores cercanos al 60% del total, mientras que en América del Norte (incluido México) llega al 45% y en el Este y Sudeste asiático al 35%, señala el trabajo.

Viejos conocidos

Si bien es cierto se aclara que existen razones para pensar que resulta complejo que América latina logre esos niveles de intercambio debido al menor tamaño relativo de sus economías y cierta similitud en sus estructuras productivas (entre las que la explotación de recursos naturales tiene un rol muy relevante), la situación podría mejorar sensiblemente actuando sobre tres ejes hiperconocidos pero definitivamente poco trabajados en el barrio: facilitación del comercio, mejoramiento de la infraestructura física y de la integración productiva.

A lo largo de 6 capítulos, se abordan diferentes aspectos de la problemática, desde los procesos de integración comercial, la composición de las exportaciones, y los costos y tiempos para operar en comercio internacional, hasta el impacto de la digitalización en la facilitación, el rol de la infraestructura de transporte, los desafíos para la integración energética y la participación en las cadenas de valor.

Si antes de la pandemia revertir esa tendencia de estancamiento y falta de productividad era importante para que la región comience a recorrer un camino de convergencia a los niveles de ingreso per cápita de países los más avanzados, hoy eso se volvió crucial.

Se trata de poner el foco en la productividad, requisito fundamental para mejorar la calidad de vida de los latinoamericanos.

Retroalimentación barrial

El documento de CAF explora la hipótesis de que la baja inserción internacional de las empresas en América latina se debe, en parte, al poco aprovechamiento del espacio regional como complemento de una estrategia de expansión global de las exportaciones. Esa teoría enfatiza la retroalimentación y los beneficios entre la apertura regional y global, o lo que se ha dado en llamar regionalismo abierto.

Los analistas describen una suerte de efecto dominó positivo: la apertura comercial y una mayor inserción internacional de las empresas en el comercio de bienes y servicios permite la expansión de la producción más allá de los límites de los mercados domésticos, generando economías de escala y mayor especialización o diversificación en nuevos productos e impactando positivamente en la productividad.

Y esos beneficios se ven fortalecidos por las oportunidades que la misma apertura proporciona para integrarse en cadenas globales de valor, que además impulsan la transmisión de tecnologías y conocimientos y facilitan el acceso a insumos críticos para permitir la diversificación productiva y la especialización.

Hasta ahí los principales elementos de lo que indica la teoría. Pero, ¿qué más hay o falta para transformar esos enunciados en realidad?

Costos aduaneros y en frontera

Apenas se menciona la pregunta surgen dos de los tópicos conocidos: costos aduaneros y de frontera e infraestructura.

En el trabajo elaborado por los expertos de CAF se enfatiza la importancia de trabajar en la disminución de los costos aduaneros y de frontera.

La evidencia muestra que, a medida que los aranceles y otras barreras no tarifarias van disminuyendo, esos componentes del costo del comercio empiezan a tener cada vez más importancia en la competitividad de los países, razón por la que la simplificación de trámites aduaneros y la mejora en infraestructura de logística y transporte, tanto doméstica como la que conecta con los mercados internacionales, pueden jugar un papel muy relevante en la expansión del comercio de un país.

Algunos números sirven para confirmar la relevancia de la cuestión: en promedio, los costos logísticos en América Latina asociados con el comercio exterior varían entre el 18 % y el 35 % del valor del producto, aunque pueden superar el 45 % para las pymes.

200 horas para importar en Argentina

Más adelante se señala que no hay diferencias sustantivas en relación al tiempo que demandan los trámites de importación y exportación para el promedio de América Latina, que ronda las 100 horas, aunque sí hay importantes diferencias entre países.

Por ejemplo, en la Argentina, los tiempos de importación son los más altos de la región (superan las 200 horas), mientras que bajan sustancialmente para las operaciones de exportación (menos de 50 horas).

México, Panamá, República Dominicana y El Salvador están dentro de los países con mejor desempeño en este indicador, tanto en importaciones como exportaciones, con valores cercanos a los de países con ingreso alto.

En relación al pago de comisiones y tasas para trámites de frontera, América latina en promedio se ubica en un desempeño similar a las economías de ingreso medio alto, aunque en la primera el costo de exportar es un 5% menor que en las segundas, y el de importar un 8% mayor.

La brecha es mucho más pronunciada con las economías de ingreso alto (210% para exportar y 190% para importar).

Entre las economías con mejor desempeño en la región, se ubican Bolivia, Chile, Ecuador y El Salvador para importar, y Chile, Panamá, Argentina, Bolivia y El Salvador para exportar.

Integración física

Las mejoras en la infraestructura de transporte facilitan de modo sustantivo la integración física entre los países. Y esa infraestructura de conexión vale para el transporte de mercancías, pero también para otros bienes, como la energía, donde la ventaja de la cercanía geográfica desempeña un rol central en la facilitación del intercambio, mencionan los especialistas.

Un análisis más específico sobre la red de carreteras –clave para el comercio regional-, muestra que en términos de indicadores duros de cobertura, como la cantidad de kilómetros de ruta por cada 1000 km2, la región presenta una muy baja densidad (200 km de caminos/ 1000 km2) comparada con países de la OCDE.

Más allá de la cobertura, importa también la calidad y un indicador típico de la misma es el porcentaje de vías pavimentadas, ya que ello determina, por ejemplo, la velocidad de circulación y otros factores asociados con la calidad de los servicios que prestan las vías (como la accidentalidad). Si bien hubo avances en los últimos años (sobre todo en carreteras primarias), existe mucha heterogeneidad en cuanto a pavimentación entre los países de la región, con valores superiores al 90% de la red en Panamá, México y Uruguay y tan bajos como 20% en Bolivia o Colombia.

El papel de China

Ninguna lectura de lo que pasa en la región sería completa sin incluir a China.

Cuando se analiza lo que ocurrió en los últimos 30 años, se observa un claro período de crecimiento entre 2003 y 2013 en coincidencia con la irrupción de China en los flujos de comercio mundial, facilitada por su incorporación a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a principios de la década de 2000, y su rápido crecimiento económico en esos años.

El protagonismo chino potenció la exportación de bienes primarios (por ejemplo, hidrocarburos, minería y agricultura capital intensiva, entre otros), especialmente de América del Sur, donde la región tiene probadas ventajas comparativas.

Aunque admiten que se trata de un hecho positivo, los especialistas de CAF dicen que lo mejor sería que con el tiempo, esos procesos den origen a la aparición de encadenamientos productivos (hacia atrás y hacia adelante), de manera que surjan otros sectores competitivos, por ejemplo, la producción de bienes de capital (como transporte de carga liviano y maquinaria agrícola), manufacturas intensivas en estos recursos (por ejemplo, alimentos) y servicios empresariales y de innovación para la agricultura y la industria petrolera y minera, entre otros.

“Esos encadenamientos promueven una mayor diferenciación o productividad en los sectores y el surgimiento de exportaciones de bienes y servicios de mayor valor agregado. Todos estos procesos se han producido en la región, pero no en la magnitud esperada”, señala el documento.

Digitalización

Finalmente, se menciona que, al margen de la manufactura, existen importantes oportunidades en términos de servicios de alto valor agregado y tecnológicos de la industria digital y otros servicios de apoyo a empresas que no deben soslayarse.

La posibilidad de que la digitalización del comercio transfronterizo promueva un mayor nivel de exportaciones de servicios intensivos en conocimiento es relevante en el contexto de algunos países de la región que ya están aprovechando esta posibilidad a partir del surgimiento de startups y el crecimiento de empresas ya establecidas.

Esas firmas ofrecen servicios empresariales y tecnológicos (software para el comercio electrónico, diseño y administración de páginas webs, ciberseguridad, almacenamiento de datos, gestión administrativa, educación y formación laboral, etc.) a empresas extranjeras (globales y regionales), las cuales tercerizan parte de sus procesos productivos en proveedores de la región.

Para el conjunto de América latina, esas exportaciones todavía no representan un valor muy relevante en el total de las exportaciones (alrededor del 2% comparado con casi el 7% para el promedio de la OCDE). Nos obstante, estas ventas externas de servicios tecnológicos y de conocimiento se han dinamizado en los últimos años en un subconjunto de países y una buena parte de estos servicios se venden en mercados regionales. El caso más notable es el de Uruguay, donde en la última década han crecido del 3% a casi el 10% del total de las exportaciones.

Vía de internacionalización

Por ello, los analistas concluyen que la aparición y masificación del comercio electrónico transfronterizo también puede constituirse en un instrumento para impulsar la internacionalización de las empresas de América latina y que los mercados regionales aún pueden desempeñar un papel importante dentro de esta estrategia.

El camino no es sencillo pero las herramientas para facilitar el recorrido están claras. Una vez más, la política será quien defina si las coyunturas macroeconómicas y las diferencias ideológicas ganan la batalla en América latina y siguen alimentando la maldición de Penélope.