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Las situaciones terminales son momentos reveladores del temperamento y carácter de las personas.

En el plano social, las crisis tienen el mismo efecto: muestran los verdaderos intereses de los distintos colectivos, grupos de presión y factores de poder. De empresas, de gremios, de cámaras.

En el Límite, algunas personas son solidarias y empáticas. Otras activan mecanismos de defensa para sobrevivir.

Cuando hay intereses colectivos por defender, en cambio, el conjunto se aísla de la sociedad a la que pertenece. La parte que está en juego se abroquela en torno a su idea.

Pero siempre hay un escalón más abajo en la crisis. Ahí, entre pares, sucede la canibalización para autopreservarse.

Anular al otro

Hoy es la industria naval argentina y su siamesa marina mercante las que atraviesan como colectivo esta práctica de persistir y trascender anulando al otro.

Ambos actores económicos, industria naval y marina mercante, han visto su presencia esmerilarse con el paso de los años en la Argentina.

En el pasado, un Estado fuerte permitió un florecer de talleres y astilleros, y de líneas fluviales y marítimas.

El brusco cambio de época, sin transición ni reconversión efectiva, dejó en pie a sólo un puñado de empresas. El suero que las mantiene sigue goteando mayormente proteínas y antibióticos estatales.

El caso YPF

La situación que hoy evidencia cómo los argentinos “administran la crisis” es la que resultó de la reciente licitación de YPF para el servicio de transporte de hidrocarburos entre San Lorenzo y Barranqueras.

Históricamente ese contrato era cumplido por una única empresa. Fuentes del mercado reconocen que era común las contrataciones directas de esa empresa, nacida tras el desarme de la flota que YPF ostentaba.

La compañía que ganó el contrato de YPF, Horamar, resultó económicamente más conveniente. YPF, además, bajó en un 45% los valores que venía pagando.

Dentro de su plan, y para cumplir el contrato, Horamar planificó la construcción de nuevas barcazas tanque en Paraguay y la incorporación de remolcadores chinos.

Presión

Cuando se conoció esta alternativa –probablemente la única viable para la compañía, habida cuenta del raquítico sistema de financiamiento argentino para encarar las construcciones y la alicaída capacidad constructiva nacional– sobrevino la primera presión.

El armador impulsó entonces un acuerdo con el astillero paraguayo (CIE) elegido para avanzar con las barcazas para agregar a dos talleres argentinos en los planes de obra: SPI Astilleros y Astilleros Corrientes.

Pero eso no calmó las aguas.

Denuncias

La Cámara de la Industria Naval Argentina (CINA), posicionó mediáticamente la defensa de lo nacional y comenzó a motorizar denuncias.

En su derrotero, la CINA logró la adhesión gremial a su reclamo en contra de YPF y los procedimientos licitatorios.

El sinsentido en toda su dimensión: la CINA protesta una licitación que dará trabajo a astilleros argentinos, y los gremios se suben al reclamo cuando hay trabajadores argentinos empleados a partir de la misma licitación.

La situación forzó a la Asociación Bonaerense de la Industria Naval (ABIN), otra cámara que representa a uno de los astilleros que sí trabajarán para el contrato con YPF (SPI Astilleros), a salir a contrarrestar los argumentos de la CINA.

Trastienda

Hace dos años, por argumentos similares, el titular de Astilleros Corrientes (que trabajará con SPI Astilleros y CIE en las barcazas y acondicionamiento de los remolcadores para el contrato de YPF) Miguel Gutnisky, denunció también mediáticamente a la titular de la CINA, Silvia Martínez, por “no representar a toda la industria, o por lo menos a los que integramos esa cámara”.

“Dejaste olvidado a nuestro astillero (en tus comentarios)”, dijo, tras agregar: “Aprovecho la oportunidad para renunciar a la cámara que presidís”.

Inimaginable cómo podrá concebir el cuadro el futuro nuevo gabinete…

Un armador, una cámara naval

Las crisis, terminales, provocan este tipo de situaciones. YPF es del Estado argentino. Y como empresa debe velar por los intereses de sus accionistas.

Pero ahora Horamar e YPF enfrentan denuncias penales radicadas por un armador argentino, que participó de la misma licitación, por cámaras con escasa representación empresaria, pero con evidente influencia en los gremios.

Este armador, curiosamente, es uno de los socios de CINA. Y esta cámara naval, que en su página dice contar con 60 empresas, apenas cuenta con un puñado de socios activos. El más importante es Navisupe, el otro armador participante de la licitación de YPF.

Economía de guerra

Un nuevo y desconocedor funcionario verá, nuevamente, que la unidad en los reclamos de reactivación sectorial, es también sinónimo de voraces batalla intestinas y judicialización cuando se reparten las vituallas en la economía de guerra.

Industria naval. Marina mercante. Cada uno tiene casi la misma cantidad de empresas que de cámaras que los representan. La desregulación dividió. Y la crisis terminal, lejos de unirlos, terminará con la depredación.

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