A pesar de que el nuevo arancel del 50% sobre productos brasileños, anunciado por el gobierno de Donald Trump, entrará en vigencia recién el 1º de agosto, las consecuencias ya se sienten en el Puerto de Santos, principal nodo exportador del país vecino.
Según reportó el Sindicato de Despachantes Aduaneiros de Santos y Región (SDAS), varias empresas -especialmente pymes del sector alimenticio- cancelaron exportaciones o directamente frenaron despachos ante la incertidumbre sobre el impacto final de la medida.
El dato preocupa porque, en 2024, Estados Unidos fue el segundo destino más importante para las exportaciones vía Santos, solo detrás de China. Según datos de la Autoridad Portuaria de Santos (APS), ese año salieron del complejo más de 8,1 millones de toneladas con destino EE.UU., por un valor de R$ 12.800 millones, equivalentes al 12,6% del total exportado desde el puerto.
La parálisis antes del golpe
Aunque el arancel todavía no está en vigencia, el temor ya opera como una barrera. Hugo César Evangelista, secretario del SDAS, lo explicó con claridad al medio G1 en declaraciones reproducidas por Datamar: “Algunas empresas ya están devolviendo la carga a sus depósitos, especialmente las más chicas”.
El problema central no es solo el monto del arancel, sino la imprevisibilidad: como el tránsito marítimo hacia EE.UU. tarda varios días, los exportadores no tienen certeza sobre la tasa que aplicará al arribo del contenedor. El resultado es una combinación de espera, cancelaciones y riesgo operativo.
En las terminales de Santos ya hay cargas de frutas, jugos y carne vacuna paralizadas. No hay aún cifras consolidadas del volumen afectado, pero los primeros datos sugieren un impacto significativo, especialmente en productos perecederos o con márgenes reducidos.
Una amenaza en pleno ciclo comercial
El nuevo arancel se inscribe en un contexto más amplio: una campaña electoral en EE.UU. que reavivó el proteccionismo con retórica dura contra países con superávit comercial, como Brasil.
El caso del café lo ilustra con fuerza. Actualmente tributa un 10% de arancel al ingresar a EE.UU. Con la nueva medida, pasaría al 50%: una suba del 400%. Para muchas empresas, ese salto significaría directamente salir del mercado.
Un dato estructural agrava el panorama: el 35% de las exportaciones brasileñas a EE.UU. salen por Santos. No es solo un puerto: es el nodo físico de buena parte del comercio bilateral. Y también su termómetro anticipado.
Pasos por seguir
A corto plazo, es probable que las cámaras empresarias brasileñas busquen negociar exclusiones, adecuaciones o cronogramas de implementación. Las grandes exportadoras, por su parte, ya estudian desvíos, cambios de puerto y estrategias de diferenciación por producto o destino.
Pero la pregunta inevitable es otra: ¿puede Brasil seguir siendo proveedor estructural de EE.UU. en alimentos, con este nivel de riesgo regulatorio?
Y para el resto de la región —Argentina incluida— el mensaje es claro: la guerra comercial no terminó. Cambió de forma. Y en esta nueva etapa, el proteccionismo no se activa cuando la economía lo exige, sino cuando la política lo permite.














