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En 2001, el 11,2% de lo que Brasil le compraba al mundo llegaba desde la Argentina. El año pasado, esa cifra se redujo casi a la mitad: sólo 6% de las importaciones de nuestro ¿principal? socio se originaron aquí.

Cuando Marcela Cristini analiza la relación bilateral aparece un tercero en discordia: China.

Y el dato no es menor. China gana la porción de mercado (y más) que pierde Argentina.

En 2001, sólo el 2,4% de las importaciones de Brasil llegaban desde China. En 2019 ese número trepó hasta 19,9%, detalla la Economista Senior de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

Durante una entrevista con Trade News, Cristini destacó otro aspecto relevante: Argentina ha sido un abastecedor de productos industriales para Brasil (una de las claras ventajas del Mercosur para nuestro país), pero el desplazamiento provocado por China alcanza y afecta eso también.

-¿Cuáles son los principales motivos por los que China desplaza a la Argentina en el mercado brasileño?

-Lo que pasa desde fines de los 90 en adelante es que China, por un tema de cambio tecnológico, empieza a ser parte de la cadena industrial de los países avanzados. Los procesos industriales se distribuyen en el mundo en los países que tienen salarios más bajos, los asiáticos y, básicamente, China.

Desplazamiento en la cadena

China se volvió “la fábrica del mundo” porque no sólo manejaba la parte inicial de las cadenas de valor, sino que con sus programas de desarrollo y la inversión extranjera en el país empezó a completar más los productos.

“Los insumos industriales que le vendíamos a Brasil, terminaron desplazados por los productos chinos.”

Marcela CristiniEconomista Senior de FIEL

China pasó de integrar los insumos a tener cadenas más completas, sobre todo en electrónicos y químicos, y eso tuvo un impacto fenomenal en el mundo actual.

Los reclamos en EE.UU. y el voto a Trump tienen que ver con que los salarios industriales medios norteamericanos quedaron estancados durante 10 años por la competencia de los productos chinos. EE.UU. fue desplazado como abastecedor en el mercado europeo, y también en los países de América del Sur, como Brasil.

China se volvió un proveedor mundial, aumentó significativamente su nivel de desarrollo y empezó a comprar alimentos al mundo, entre esos, a nosotros.

Reciprocidad

Y en el comercio se da cierta reciprocidad: si alguien te compra empieza a haber conocimiento e interés de ambos lados en hacer negocios. China ya estaba del lado del Pacífico de América latina, donde tenía muy buenos acuerdos comerciales. Llegó entonces del lado del Atlántico y planteó: si les estoy comprando tanto, ¿qué podemos hacer juntos?

Y entonces empezaron a llegar con inversiones y productos que son parte de los insumos industriales. En los 90 nos vendían productos muy básicos, pero China no se desarrolló con eso, lo hizo con este nuevo comercio de insumos.

Los insumos industriales que le vendíamos a Brasil, terminaron desplazados por los productos chinos. Y recuperar mercados es muy complicado.

Impacto sobre las exportaciones

-¿A quién le podemos vender productos industriales si perdemos el mercado brasileño? ¿Puede este cambio implicar una reprimarización de nuestras exportaciones?

-No necesariamente. Cuando miramos las ventajas que tiene la Argentina, en los factores abundantes aparecen claramente la tierra, pero también sigue teniendo una mano de obra de calificación intermedia abundante, lo que le da posibilidades de tener industria para exportación.

Es cierto que por otro lado tenemos un montón de costos que le cargamos a la industria, como los impuestos a las exportaciones, las retenciones; sobrecostos de logística; inestabilidad; alta tasa de interés. Pero aún con todo seguimos con algunas exportaciones industriales. Si mejoramos eso, todavía tenemos espacios para abrir América latina.

Por el momento estamos en un dilema importante y serio, porque cuando preguntás la opinión sobre Brasil, los circuitos políticos dicen cuando Brasil despegue y aumente el nivel de actividad, tracciona a la Argentina, pero cada vez estamos más desacoplados.

El acoplamiento venía a través de las exportaciones industriales. En estas circunstancias, el “empujón” al crecimiento que podría darnos la reactivación de Brasil será de menor magnitud que lo esperado.

-En un tabajo reciente de FIEL planteabas que este sería “el momento propicio para repensar la estrategia externa junto con nuestros socios”. ¿Hasta qué punto es posible sentarse a hablar/negociar con el otro cuando las cosas ya están mal (se supone que estamos en una posición de mayor debilidad)? ¿Y cuánto influye la inexistente relación política entre los Presidentes (recién tendrían su primer encuentro personal a fines de noviembre)?

-Los acuerdos entre países van más allá de las coyunturas políticas. Cuando mirás Argentina-Brasil en conjunto y lo proyectás, en este mundo que se está volviendo pequeñísimo pero lleno de gente, tenemos un activo fenomenal que es la producción de alimentos.

El liderazgo que tiene esta región del mundo en la producción de alimentos, de hierro, de minerales en general, de energía, es muy importante porque, además, está organizada.

Tal vez otras partes del mundo tienen recursos pero no los pueden organizar, como es el caso de Africa, o lo tienen organizado pero bajo situaciones de beligerancia, como ocurre en Medio Oriente.

Corto y largo plazo

Tenemos una posición muy ventajosa, ¿por qué no la aprovecharían los gobiernos? Me resulta difícil pensar que no la aprovecharán en el largo plazo, aunque en el corto plazo pueda haber distanciamiento.

El gobierno argentino recién empieza, lleva 9 meses. Tiene espacio para corregir esos errores. De hecho en las últimas dos o tres semanas ha habido movimiento, por ejemplo lo que hizo la Cancillería con la búsqueda de una oferta exportable para Brasil…

-El Plan de Promoción Comercial Brasil 2020-2022. Cuando lo presentaron dieron que es para “incentivar el intercambio comercial con Brasil, diversificar la oferta exportable y reducir el histórico déficit comercial con el principal socio del Mercosur”. Hay casi una obsesión con el déficit. ¿Qué deberíamos mirar con mayor atención, el balance negativo (en los últimos 15 años el déficit bilateral acumulado es de US$$52.000 millones) o cómo se ha reducido el intercambio?

-Argentina y Brasil son lo que se llama global traders. Si hay países que tienen que cultivar el multilateralismo son estos. Si le vendés a Brasil y tu saldo es negativo pero el saldo con el resto del mundo es ultrapositivo porque les estás vendiendo productos básicos que el mundo te reclama, listo.

De larguísimo plazo lo ideal –y la teoría así lo dice-, es que los países tiendan a tener una balanza equilibrada. Pero eso no ocurre en la realidad. Pasa que, en general, los países en desarrollo tienen balance negativo porque importan mucho para su inversión.

Si tenés IED importás bienes de capital porque son los que tienen la última tecnología.

Los países tienden a tener un saldo negativo sustentable, que pueden manejar. Pero para eso necesitás poder endeudarte en el exterior, y no es el caso de la Argentina, donde el problema es que ha mostrado que su saldo negativo no es sostenible en el largo plazo, que para invertir –no siempre con inversiones muy felices- ha buscado deuda externa y no ha podido repagarla.

Condenados por la historia

Tenemos que ser mejores de lo que parecemos. Estamos en una situación en la que nuestra historia nos condena.

Desde ese punto de vista entiendo que cualquier gobierno hoy en Argentina se preocupe mucho por tener un saldo positivo porque es eso lo que le permitirá repagar la deuda en dos años.

La estrategia debería ser de saldo de positivo pero con exportaciones e importaciones aumentando, sino, no crecés.

-Si no crece el volumen del comercio exterior más allá de cómo resulte la balanza, ¿no sirve?

-Claro. Argentina hoy no puede tener balanza negativa básicamente porque tenemos que enfrentar el pago de la deuda y la negociación con el FMI, y necesitamos tener saldo positivo.

Eso significa que hay que poner el foco en la política de competitividad exportadora. Tenés que cuidar e impulsar las exportaciones, y eso no es algo que se haya hecho con una base permanente en el país.

Se hizo un ratito en los 80 y un ratito en los 90. En los 2000 no se hizo. Ahí tenemos un problema, tenemos que aprender cómo promovemos las exportaciones. Y en ese marco de crecer mucho con las exportaciones tenemos que crecer con las importaciones.

El crecimiento exportador me permite importar para invertir y modernizarme, porque la Argentina necesita una modernización muy feroz.

-Uno de los puntos que destacás como debilidad es la disminución del comercio intra Mercosur (alcanzó su pico en 1998, con 25% y el año pasado fue de 9,8%). ¿Cómo repercute eso en la relación Argentina-Brasil y en la supervivencia del Mercosur?

-Es el resultado natural de una política que esté orientada a ordenar a la Argentina, que pasa necesariamente por el aumento de las exportaciones.

El aumento de las exportaciones agroindustriales es relativamente más sencillo porque el factor abundante que me da mucha competitividad en el mundo es la tierra.

Política intermitente

Pero el resto de las exportaciones, las industriales, por ejemplo, que son las que generan relativamente más empleo y permiten recuperar las economías urbanas, esas necesitan, además de un país ordenado en la macro, modernizar sus activos, sus bienes de capital, acceso a los mercados, crédito y conocimiento de esos mercados. Toda una tarea que en algún momento la Argentina la hizo bien, cuando teníamos Fundación ExportAr en algún momento en los 90, había una estrategia armada pero que también duró un rato, no fue permanente.

No es algo imposible, lo hicieron Chile y Brasil, lo están haciendo Colombia y Perú. Nosotros también tenemos que poder hacerlo, pero estamos empezando desde -1 porque tenemos que reordenar la macro, tener un tipo de cambio retributivo para las exportaciones, y encima al tipo de cambio retributivo te lo tienen que creer.

El otro punto interesante es que cuando hablamos de comercio exterior ya no hacemos la distinción entre industria y servicios porque está todo mucho más vinculado.

Todo lo que es producción de servicios en la Argentina -como servicios informáticos-, ha sido exitoso a pesar del marco adverso. Hace dos años se exportaban US$6000 millones anuales. Es un sector que siempre está pidiendo empleados y tratando de crecer. Mismo caso el de la bioeconomía donde tiene mucho espacio la biotecnología como una pata posterior a esa ventaja industrial que tenemos.

Sesgo antiexportador

Tenemos muchos aspectos por los que podemos ser exportadores exitosos, el único problema es que tenemos que armar eso, en Argentina no se da naturalmente porque el clima siempre ha sido de sesgo antiexportador.

Tenemos que hacer el esfuerzo de armarlo y cambiar eso por un sesgo pro exportador que no ha tenido históricamente, y no es una tarea sencilla.

Edificio sede de la Secretaría del Mercosur, en Montevideo.

-¿Cómo ves el Mercosur? ¿Qué se debería hacer y qué se puede hacer? ¿La relación Argentina-Brasil sería la misma sin el bloque?

-Se ha discutido mucho sobre el Mercosur. Hasta se dijo que quizá lo mejor sería cambiar la unión aduanera con política comercial común que tenemos por un modelo de zona de libre comercio como tienen la Alianza del Pacífico o el Nafta. El Mercosur siguió el modelo europeo que es mucho más exigente.

Cuando el mundo se está moviendo a un modelo en el que el crecimiento es impulsado por China y el este asiático en su conjunto es mucho más complejo cambiar el modelo del Mercosur porque corremos el riesgo de presentar un flanco de ingreso todavía más rápido de la competencia asiática.

Contradicción

Me parece que se podría discutir el Mercosur sobre las bases históricas que tenemos tratando de aceptar que tiene que ser un conjunto de países más abierto que en el pasado. Eso es fundamental, porque Brasil dice que quiere ser un país líder del multilateralismo y bajar los aranceles, pero cuando ves las declaraciones del Consejo Nacional de la Industria no van en se sentido.

Hoy la industria brasileña está muy desafiada por la competencia externa, por eso creo que lo más razonable es hacer planes conjuntos sumando incluso, si fuera posible, los puertos del Pacífico, con la Alianza, y tratar de ver esto con un plazo más largo.

La verdad es que el acuerdo con la UE tiene aspectos positivos y negativos, y uno de los positivos es que con ese acuerdo terminan de ingresar como socio de la UE todos los países de América latina, y eso permitiría en una mejor articulación volverse una parte de la cadena de valor de los europeos, lo que sería bueno para las dos partes.

Por un lado, daría un buen espaldarazo a la competitividad industrial de los europeos. Porque la mano de obra brasileña y la argentina es buena. Ellos tienen excelente mano de obra industrial pero a salarios europeos (aún en Europa del Este los salarios han ido subiendo mucho).

Por otra parte, para América latina sería muy importante poder armar un sistema en el que nuestras industrias se fueran integrando y pudieran entrar en las cadenas de valor internacionales, particularmente las europeas. Aunque se trata de una construcción de largo plazo, es muy sólida en un mundo que se está quedando escaso de recursos, cosa que nosotros tenemos.

Dudas sobre el Acuerdo con la UE

Pero lamentablemente no sé si el acuerdo va a funcionar. Por razones políticas hoy probablemente la UE no está en condiciones de llevar adelante el acuerdo. Si nos quedamos sin ese interés que era un interés de Alemania, España y algunos países, vamos a tener problemas.

A lo mejor esto despeja y para bien. Supongamos que en 2022 las economías empiezan a crecer y recuperar, es el momento para aprovechar oportunidades. 2021 lo veo un poco complicado todavía. Es probable que el este de Asia esté mejor, pero Occidente me parece que aún estará complicado.

Tenemos que estar muy atentos y hacer todos los deberes. Argentina tiene muchos deberes pendientes, pero se pueden hacer.