Argentina continúa ocupando un lugar central en la economía mundial del limón. Con una producción de 2,3 millones de toneladas en 2023, récord histórico para el país, se consolidó como el cuarto productor global y el primer exportador de subproductos industriales como jugo concentrado, aceite esencial y cáscara deshidratada.

De acuerdo con el último informe de la cadena de valor del producto, elaborado por el Ministerio de Economía, Tucumán, con tres cuartas partes de la superficie cultivada y del volumen nacional, ratifica su papel como epicentro productivo del noroeste argentino.

Cambios en el mix

El informe destaca que la cadena limonera mantiene un perfil marcadamente exportador, aunque con matices. Entre 2003 y 2013, alrededor del 72% de la producción se destinaba a la industria y un 22% a fruta fresca. En la última década, el peso industrial sigue siendo alto (63%), pero creció el consumo local, que ya representa un 14%. A esto se suma un cambio estructural: en 2022, dos de las principales firmas del sector abandonaron la exportación de fruta fresca para concentrarse de lleno en derivados.

En 2024, las exportaciones del complejo alcanzaron US$ 512 millones. El aceite esencial explicó el 41% del total, seguido por jugo concentrado (25%), fruta fresca (19%) y cáscara deshidratada (14%). En destinos, Estados Unidos se consolidó como el principal mercado de los limones frescos, mientras que Irlanda absorbió más de la mitad de las ventas de aceite esencial.

Preocupante caída de precios

El problema, sin embargo, está en los precios. Entre 2014 y 2024 el valor FOB promedio del limón fresco se redujo casi a la mitad —de 1131 a 581 dólares por tonelada—. El jugo concentrado pasó de 3984 a 1496 dólares, y el aceite esencial cayó de 38.500 a 29.400 dólares por tonelada. Solo en 2024 se registró una recuperación parcial, con excepción de la cáscara deshidratada.

En el plano interno, la cadena genera unos 10.600 empleos formales en Tucumán, lo que equivale al 6% del empleo registrado provincial. Dos tercios de esos puestos corresponden al cultivo, y el resto a la preparación y empaque. Se trata de una actividad intensiva en mano de obra y fuertemente estacional, concentrada en los meses de cosecha.

Con una balanza comercial históricamente superavitaria, el complejo limonero continúa aportando divisas al país. Pero los desafíos no son menores: competir frente a la irrupción de nuevos jugadores como Sudáfrica y Turquía, diversificar la canasta exportadora y reforzar la investigación tecnológica para sostener los atributos que hoy distinguen al limón argentino: calidad y sanidad.