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Queda claro que en 2021 los efectos del Covid-19 se extendieron por todo el mundo causando sufrimiento y trastornos especialmente en las regiones que no cuentan con suministro de vacunas ni infraestructura sanitaria adecuada. Y si bien es lógico que el virus fue el gran protagonista de las noticias, la crisis climática siguió haciendo estragos y creando su propio camino de devastación en todo el mundo, destaca un informe de la organización Christian Aid distribuido por la ONG Periodistas por el Planeta.

La organización explica que a pesar de la pandemia, las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera alcanzaron un nuevo récord histórico, de acuerdo con un estudio de la Organización Meteorológica Mundial publicado en octubre.

Mucho ruido, pocas nueces

Además, el último Informe sobre la Brecha de Emisiones publicado por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas, el mes pasado, mostraba que los planes climáticos nacionales que conforman el Acuerdo de París no están en camino para garantizar que el calentamiento global se mantenga por debajo de 1,5°C.

La cumbre COP26 de Glasgow generó muchos titulares, pero sin reducciones concretas de las emisiones y sin apoyo financiero el mundo seguirá sufriendo. Una de las omisiones más flagrantes de los resultados de Glasgow fue la creación de un fondo para hacer frente a las pérdidas y daños permanentes causados por el cambio climático. Esta es una cuestión que deberá abordarse en la COP27, que se celebrará en Egipto en 2022, opinan los expertos.

Los 15 desastres más destructivos

El informe Counting the cost 2021: A year of climate breakdown, de Christian Aid, identifica 15 de los desastres climáticos más destructivos del año, 10 de los cuales causaron daños por valor de 1500 millones de dólares o más cada uno.

Imágenes de un huracán en Key West, Estados Unidos.

El huracán Ida, que azotó Estados Unidos en agosto, por caso, costó US$65.000 millones, mientras que las inundaciones que asolaron Europa en julio provocaron pérdidas por valor de US$43.000 millones.

Las inundaciones, los ciclones y la sequía también causaron la muerte y el desplazamiento de millones de personas en todo el mundo en lugares que no han hecho mucho para provocar el cambio climático.

Más de US$1500 millones cada uno

Diez de esos sucesos costaron 1500 millones de dólares o más cada uno.

La mayoría de estas estimaciones se basaron únicamente en las pérdidas aseguradas, lo que significa que los verdaderos costos financieros probablemente sean aún mayores.

Entre ellos, el huracán Ida, que azotó Estados Unidos en agosto, costó US$65.000 millones y mató a 95 personas. Las inundaciones de julio en Europa costaron US$43.000 millones y mataron a 240 personas, mientras que las de la provincia china de Henan causaron US$17.500 millones de destrucción, mataron a 320 personas y desplazaron a más de un millón.

Aunque el informe se centra en los costos financieros, que suelen ser más elevados en los países más ricos porque tienen valores inmobiliarios más altos y pueden permitirse un seguro, algunos de los fenómenos meteorológicos extremos más devastadores de 2021 afectaron a las naciones más pobres, que han contribuido poco a provocar el cambio climático.

Sufrimiento humano

Pero más del coste financiero, esos fenómenos meteorológicos extremos han causado un grave sufrimiento humano por la inseguridad alimentaria, la sequía y los fenómenos meteorológicos extremos que provocan desplazamientos masivos y pérdida de vidas.

Sudán del Sur, por caso, ha sufrido terribles inundaciones que han obligado a más de 850.000 personas a huir de sus hogares, muchas de las cuales ya estaban desplazadas internamente, mientras que África Oriental sigue asolada por la sequía, lo que pone de manifiesto la injusticia de la crisis climática.

Algunas de las catástrofes de 2021 se produjeron rápidamente, como el ciclón Yaas, que azotó India y Bangladesh en mayo y causó pérdidas valoradas en US$3000 millones en sólo unos días.

La bajante del Paraná

Otros acontecimientos tardaron meses en producirse, como la sequía del río Paraná en América latina, que ha hecho que el río, una parte vital de la economía de la región, se encuentre en su nivel más bajo en 77 años y haya afectado a las vidas y los medios de subsistencia en Brasil, Argentina y Paraguay.

En el trabajo se explica que el Paraná, que se extiende a lo largo de más de 4880 km a través de Brasil, Argentina y Paraguay, desempeña un papel fundamental en la región como fuente de energía hidroeléctrica y una ruta comercial muy importante.

Los bajos niveles están asociados a la reducción de las precipitaciones. Las precipitaciones en los cuatro estados que rodean la cima del Paraná han caído de una media diaria de 160 milímetros en los años 90 a sólo la mitad en la actualidad, dice el trabajo.

La sequía está teniendo un gran impacto en la región. Argentina depende del río para exportar el 80% de sus productos agrícolas, una importante fuente de ingresos para el país. Y la producción de electricidad en las presas de Yacyretá e Itaipú también se ha visto afectada por los bajos niveles de agua. Otros impactos son la reducción de las capturas de peces y la mayor frecuencia de los incendios forestales.

Cambio climático + deforestación

Los expertos han sugerido que tanto el cambio climático como la deforestación -que a su vez es una causa del cambio climático- podrían haber contribuido a la actual sequía.

Las lluvias en cuatro estados alrededor del río Paraná han disminuido de un máximo de 160 milímetros en 1990 a sólo la mitad de esa cantidad en la actualidad, y la mayor disminución se ha producido en los últimos diez años. Un estudio publicado este año predice que el cambio climático intensificará las sequías en Sudamérica si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

Asia, la más golpeada

El informe detalla que cuatro de los diez fenómenos más costosos tuvieron lugar en Asia, con inundaciones y tifones que costaron un total de US$24.000 millones. Pero el impacto del clima extremo se sintió en todo el mundo.

Australia sufrió inundaciones en marzo que desplazaron a 18.000 personas y causaron daños por valor de US$2100 millones, mientras que las inundaciones en la Colombia británica de Canadá provocaron daños por valor de US$7500 millones y 15.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares.

La aseguradora Aon advierte que en 2021 será la sexta vez que las catástrofes naturales mundiales superen el umbral de los US$100.000 millones de pérdidas aseguradas. Las seis han ocurrido desde 2011 y la de 2021 será la cuarta en cinco años.

El informe también destaca las crisis de lento desarrollo, como la sequía en la cuenca del Chad, que ha visto cómo el lago Chad (situado en la frontera entre Chad, Níger, Nigeria y Camerún, en África) se ha reducido en un 90% desde la década de 1970 y amenaza la vida y los medios de subsistencia de millones de los más pobres del mundo que viven en la región.

Acción climática

Estos sucesos extremos ponen de manifiesto la necesidad de una acción climática concreta. El Acuerdo de París fijó el objetivo de mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5°C en comparación con los niveles preindustriales; sin embargo, los resultados de la COP26 de Glasgow no dejan al mundo en condiciones de cumplir este objetivo, por lo que es necesario adoptar medidas mucho más urgentes.

Las inundaciones de julio, en Europa, costaron US$43.000 millones y mataron a 240 personas.

También es vital que en 2022 se haga más por proporcionar apoyo financiero a los países más vulnerables, en particular la creación de un fondo para hacer frente a las pérdidas y daños permanentes que sufren los países pobres a causa del cambio climático.

La autora del informe, la Dra. Kat Kramer, responsable de política climática de Christian Aid, dijo: “Los costes del cambio climático han sido graves este año, tanto en términos de pérdidas financieras exorbitantes como en la muerte y el desplazamiento de personas en todo el mundo. Ya sean tormentas e inundaciones en algunos de los países más ricos del mundo o sequías y olas de calor en algunos de los más pobres, la crisis climática golpeó con fuerza en 2021. Aunque fue bueno ver algunos avances en la cumbre COP26, está claro que el mundo no está en camino de garantizar un mundo seguro y próspero”.