Mientras la multipolaridad se afianza entre las redes económicas y políticas globales, América Latina parece emerger como un campo de batalla estratégico definitorio para China y Estados Unidos.
Hipótesis ya antiguas daban por descontado que la región era considerada una esfera de influencia de Estados Unidos. Hoy, América Latina es un pivot donde la diplomacia económica y la influencia financiera de China echaron raíces definitivas.
Esta intensificación de la competencia reflejan tendencias concluyentes sobre la pérdida del equilibrio del poder global, donde la influencia del comercio, la inversión, la infraestructura y el alcance tecnológico superan el alcance de la diplomacia, e incluso del poderío militar.
Evolución china
“El compromiso de China con América Latina ha evolucionado a lo largo de cuatro fases principales en los últimos 25 años. Inicialmente, se centró en la adquisición de recursos naturales y la obtención de proyectos de construcción para respaldar el empleo interno. Posteriormente, la estrategia se expandió hacia la ampliación de mercados para las marcas chinas y la exportación de servicios digitales. Estos objetivos estratégicos están diseñados para reflejar las prioridades internas de China, incluyendo el crecimiento industrial, la influencia geopolítica y la autosuficiencia económica”, reflexionó John Price, director general de la consultora Americas Market Intelligence (AMI).
El experto destaca que la fase más reciente de esta estrategia se caracteriza por su fuerte orientación tecnológica, con un papel dominante de las empresas privadas chinas, de la mano de una notable inversión china en minerales críticos esenciales para la transición energética global, como el litio, el cobalto y las tierras raras.
En países como Argentina, Chile, Bolivia y Brasil, empresas chinas como Ganfeng Lithium, Tianqi Lithium y Zijin Mining han adquirido activos estratégicos valorados en miles de millones.
Puertos y mares
Por supuesto que el interés chino en la región trasciende la minería y los puertos: sus préstamos a menudo superan el financiamiento que permiten las carteras de los bancos multilaterales de desarrollo. Estos préstamos, muchas veces, tienen vinculación con proyectos de infraestrcuturas y numerosos contratos detallan una garantía en commodities como el petróleo.
Socio comercial
A su vez, el comercio representa otra área donde China ha ganado una ventaja significativa. Sus necesidades de materias primas –especialmente productos agrícolas y minerales– son altamente complementarias con el perfil de exportación de América Latina.
“Como resultado, China se ha convertido en el socio comercial número uno de varios países sudamericanos. Esta interdependencia ha dificultado que los gobiernos latinoamericanos se distancien de Pekín, incluso bajo presión de Washington”, apunta el trabajo.
Durante gran parte de principios del siglo 21, la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina mostró cierto descuido, destinterés o tal vez un “stand by” algo prolongado que le permitió a China ganar terreno en gran medida sin oposición.
Giro
“Sin embargo, esta dinámica cambió bajo la administración Trump, que adoptó una estrategia explícitamente antichina en el Hemisferio Occidental. Este giro ha persistido hasta 2025, con los responsables políticos estadounidenses percibiendo la influencia china no solo como una amenaza comercial, sino también como un riesgo estratégico”, sintetizó Price.
Las preocupaciones de Washington se expresan tanto en la participación china en la logística del Canal de Panamá así como también en la infraestructura porturia en Perú. Pero también alcanzan a México, por su rol excluyente en las cadenas de suministro norteamericanas donde la cautela de Washington crece ante la evidencia de que las empresas chinas asentaron “trampolines” en México para eludir los aranceles y las reglas de origen del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.
Medidas
¿Qué está haciendo Estados Unidos para intentar contrarrestar el evidente poderío económico y comercial chino en la región?
Recurrió a la política arancelaria y al revisionismo de todos los tratados comerciales prácticamente, presionando a México para que limite las inversiones chinas e imponiende aranceles para inducir a países como Perú, Brasil y Bolivia a alinearse más estrechamente con las políticas comerciales estadounidenses.
“No obstante, estas medidas conllevan riesgos. Si bien podrían lograr la repatriación de cierta manufactura a EE.UU., también podrían perjudicar a industrias que dependen de la integración regional, como la automotriz, electrónica y aeroespacial. Además, países como Argentina o Colombia, atrapados en medio, podrían resistirse a ser forzados a elegir bando, prefiriendo mantener relaciones pragmáticas con ambas potencias”, analizó el experto.
Oportunidad/dilema
“Algunas naciones ya están adaptándose. Brasil, por ejemplo, podría beneficiarse de la guerra comercial entre EE.UU. y China, a medida que esta última desvía sus compras agrícolas de EE.UU.. Argentina, al borde de un repunte de crecimiento, podría aprovechar la inversión china para estabilizar su economía. México, por su parte, enfrenta un escenario más intrincado, ya que la incertidumbre política y su dependencia del mercado estadounidense lo hacen altamente vulnerable a los cambios en la política americana”, explicó Price.















