Marisa Bircher no oculta su satisfacción: desde que asumió como Secretaria de Mercados Agroindustriales, la Argentina logró la apertura de casi 150 destinos para sus productos (“146” precisó cuando se hizo la entrevista).

Pero no todo es trabajo externo. La funcionaria del Ministerio de Agroindustria explicó que en simultáneo a las tareas que realizaban con el área internacional de Senasa fronteras afuera, con la Subsecretaría de Mercados Agropecuarios decidieron analizar lo que ocurría fronteras adentro con dos de las patas más endebles del sector productivo local: financiamiento y costos logísticos.

Empezamos a detectar que había muchos costos logísticos y nos embarcamos para ver de qué se trataba cada uno. De repente nos encontramos con gremios que habían formalizado un impuesto. Después, empezamos a recibir amenazas. Eran pequeños gremios portuarios que habían establecido un fee fijo para cada embarque. Si dabas la lucha la tenías que dar de lleno, y ahí empezamos a trabajar con el Ministerio de Transporte y dijimos: acá hay un impuesto que es de tantos dólares por tonelada”, detalló Bircher a Trade News.

-¿Un impuesto privado?

-Sí, gremios. Las empresas entienden.

-¿Y eso se pudo desarmar?

-Si, en algunos casos con mucha dificultad.

-¿Hicieron el cálculo de cuánto representaba en los costos operativos de las empresas?

-Alrededor del 1% de una exportación. Fueron las empresas las que le pusieron luz a esas cosas y decían, por ejemplo: Mirá, esto es un impuesto por cruzar de una dársena a la otra.

Bircher explica que en esos 146 mercados de los que habla había diferentes situaciones.

-¿Significa que eran destinos a los que no podían entrar productos argentinos?

-Sí y no. Significa que esos mercados o en algunos casos productos puntuales que fuimos a habilitar no estaban autorizados por el país de destino. Al no tener la autorización sanitaria no les podés exportar. El caso más conocido fue el de los limones a Estados Unidos. Aunque su impacto político sea muy importante (finalmente EE.UU. abrió un destino que ya teníamos habilitado en más de 100 mercados), no es necesariamente el más importante desde el punto de vista de su impacto económico para el país.

Tuvimos aperturas más importantes si las medimos por su impacto en la economía regional y desde el punto de vista económico, como los cítricos dulces a Brasil. Entre Ríos era una de las provincias que nos decía ¡por favor! tenemos que poder volver a exportar las mandarinas y naranjas. No tenemos ningún problema sanitario. Ahí era más que negociar el protocolo, que ya estaba abierto, ir a negociar con nuestra contraparte brasileña para reabrir un destino que estaba cerrado por razones políticas desde hacía muchos años.

Marisa Bircher, Secretaria de Mercados Agroindustriales

-¿Se transformaron en el último tiempo las barreras sanitarias en paraarancelarias?

-¡Si, claramente! (responde con énfasis casi antes de que termine de hacerse la consulta). La Mancha Negra, el bromuro… Pudimos exportar las uvas a Brasil y establece la exigencia del bromuro de metilo para erradicar cualquier tipo de enfermedad o plaga, pero eso hace que baje el precio de la uva, entonces sos menos competitivo.

Cuando se creó esta Secretaría la idea fue: hay un montón de mercados a los que no tenemos autorizados el acceso porque nunca les interesó la exportación o porque nunca les interesó ir y negociar. A veces no se trata sólo de temas sanitarios, sino de temas políticos.

Por ejemplo, estamos acompañando al sector pesquero. Tenemos cerrada la exportación de langostinos a Brasil porque está judicializado. Hace como 10 años, uno de los estados brasileños le hizo un juicio al Ministerio de Agricultura de su país porque supuestamente langostinos de la Argentina que en ese momento tenían una enfermedad sanitaria, algo que hoy seguro no existe. Entonces acompañamos al sector en todo el lobby político necesario para que se reabra la exportación.

-El Gobierno habla mucho de que la Argentina debe pasar de ser granero a supermercado del mundo. ¿Cómo se explica que cuando se exportan manzanas, peras o carne a Japón estás vendiendo un producto con valor agregado?

-Tengo una mirada especial. Cuando el Gobierno planteó seamos supermercado del mundo, desde el Ministerio de Agroindustria y la Secretaría de Mercados, lo que hicimos fue buscar una definición clara de lo que es valor agregado, y eso es que mucho de lo que hoy puede producir la Argentina vaya directamente a la góndola de un supermercado.

Cuando hacés ese balance tenés que identificar los mercados y ahí aparecen el sudeste asiático y algunos países de África. Ahí es donde trabajamos, en Indonesia, Vietnam, Corea, China, donde tenemos una alianza con Alibabá para que los productos lleguen directamente al consumidor.

Se dieron muchos pasos para que Argentina sea el supermercado del mundo, para que el consumidor asiático entienda que lo que está consumiendo es Made in Argentina.

Después, a la cantidad de componentes que le das a ese producto para que sea un producto de valor agregado, que las frutas frescas pasen a ser un jugo concentrado, hay una secretaría dentro del ministerio que es la de Valor Agregado, que es la que trabaja para que esas economías regionales den el salto y que la mayor industrialización se haga en origen.

Nuestra agenda apuntó a identificar qué productos podíamos acercar al consumidor final de determinados mercados que era en los que estaba creciendo la clase media dispuesta a pagar lo que no pagan otros mercados por un producto argentino.

El valor agregado lo tratamos de ver en todos los sectores y economías regionales. Una fruta fresca, que genera empleo e inversión para poder incorporar tecnología, tiene valor agregado.

-En ese doble desafío de abrir puertas fronteras afuera y atender demandas internas pusieron en marcha herramientas que facilitan el trabajo especialmente de las empresas más chicas, como el Mapa de Mercados o la Calculadora FOB

-No hubo una sola acción que hiciéramos que no fuera de la mano del sector privado. En las numerosas reuniones que tenemos con las industrias, las cámaras y los productores, los pedidos eran transversales.

Creamos un programa sistémico, “Abriendo mercados”, y dijimos vamos a hacerle a cada una de las cadenas estas 20 preguntas, entre las que figuraban dónde están sus principales inconvenientes logísticos, en materia financiera y de costo. Más allá de algunas cuestiones técnicas, en las respuestas de todas las cadenas aparecían necesidades comunes respecto de la AFIP (“que los reintegros me los den en tiempo”; “me deben los reintegros hace 4 años”, etc.). Entonces empezamos a acercar a la AFIP esos reclamos.

Que en la Mesa de carne que se hizo hace algunas semanas las empresas dijeran que actualmente les depositan los reintegros a 60 días son esas pequeñas grandes cosas que cuando sos una pyme te cambian la vida.

Hay algo que piden todas las cadenas que es la previsibilidad. Las empresas no sabían si cobrarían un reintegro o le devolverían el IVA, lo daban a pérdida. Hoy hay tiempos y plazos en los que se tienen que devolver.

-¿Cuál es el criterio de selección cuando encaran la apertura de mercados, privilegiar productos (ciertos sectores a los que se quiere promover), regiones del país que son las más postergadas o ir a zonas del mundo donde hay más chances para vender porque ahí está la clase media emergente, la que tiene mayor interés en consumir determinado tipo de productos?

-Es un mix de todo. Fue una locura porque tal vez en un mes estábamos negociando 20 aperturas al mismo tiempo. Pero principalmente lo que hizo el Programa fue marcar prioridades con cada una de las cadenas.

Venía el sector avícola y te decía: tenemos problemas con México, que lo tenemos abierto, pero no nos habilitan las plantas. La verdad, se podría armar un libro con las paraarancelarias creativas que se aplican (cuenta riendo). O tenemos problemas con Canadá, que es un mercado que nos interesa y nos pagará muy bien. Y ellos mismos te planteaban 10 mercados más. Y nosotros evaluábamos cuáles tendrían un impacto inmediato.

En el caso del sector avícola empezamos los contactos políticos con México para que vinieran a habilitar las plantas y vinieron. Ahora están todas habilitadas. Y trabajamos con las de Canadá.

Vengo de la Fundación ExportAr y siempre me llevé muy bien con la Cancillería, entonces lo que hicimos fue un trabajo de asociativismo con los embajadores. Hoy cada embajador que tiene un destino pasa por el Ministerio de Agricultura y repasa todas las limitaciones que Argentina tiene en su país en materia sanitaria.

En aquél momento trabajé con el embajador Marcelo Suárez Salvia en Canadá. Se hizo lobby con el sector público y privado y después de un año se abrió ese mercado.

En el caso de Uruguay aprovechaba las reuniones por las negociaciones Mercosur-UE y hablaba con una negociadora uruguaya. Me decía: Estoy en Cancillería, cuando llegue a Montevideo hablo con el Ministro de Agricultura…

Bircher explicó que aunque la apertura del mercado norteamericano para los limones argentinos fue el caso más conocido por su impacto político, no es necesariamente el más importante desde el punto de vista de su impacto económico para el país entre los 146 destinos habilitados.

-¿No es un caso de diván estar negociando hacia afuera algo cuando no podés ponerte de acuerdo con tu propio socio?

-Sí (sonríe). Con Brasil tenemos una agenda un poco más amplia que tenemos que seguir negociando, pero en simultáneo eran varios mercados, y el interés político y comercial.

China tiene alto interés político y comercial, y en mi agenda ocupa un lugar prioritario.

-¿Para qué sirve la apertura de mercados? ¿Beneficia a ciertas empresas, a determinados sectores? Un subtitulado virtual explicativo podría decir: que los pollos de la Argentina puedan ingresar a más mercados permite que en Entre Ríos haya más empleo o que el vino pueda entrar a China y competir mejor con los chilenos que tienen TLC e ingresan con arancel cero, significa que 18 provincias que producen vinos tengan más chances de generar más y mejor trabajo. Pero muchas veces también depende de la mirada y la actitud del embajador de turno…

-Creo que hubo una bajada de línea interesante. Hace algo más de un año, el Presidente Macri reunió a todos los embajadores y les dijo claramente que el objetivo principal era que se pusieran a vender.

Hace poco estuve en Indonesia y Vietnam y la agenda comercial que tenían las embajadas argentinas en ambos destinos era impresionante, negociaban a la par nuestra. Marcelo Cima en Bruselas, Diego Guelar en China, Carlos Magariños en Brasil, Fernando Oris de Roa en Estados Unidos, Ezequiel Sabor en México, Edgardo Malaroda en Alemania… sólo por nombrar algunos. Más allá de que sean embajadores políticos o diplomáticos, el compromiso que tienen los embajadores con la agenda agrícola es impresionante.

-¿Cuáles son los objetivos primordiales para cumplir antes del final del mandato?

-Hoy en la agenda prioritaria está el tema de la apertura de carne en EE.UU., terminar el circuito de aprobación de las empresas exportadoras de carne a China (si bien el mercado está abierto y la carne está yendo, quedaron casi 30 plantas sin habilitar. Ellos tuvieron una reestructuración interna y los organismos se están volviendo a rearmar. Disolvieron el organismo sanitario y todo pasó a depender de la Aduana china).

Un objetivo que casi lo alcanzamos hace un mes -llegamos a un cumplimiento de 95%- es la cuota Hilton. Creo que el año que viene lo cumpliremos después de 18 años.

La carne a México y los cítricos dulces a Estados Unidos, y la carne de cerdo a China.

-¿Cuánta gente trabaja para la apertura de un mercado?

-En promedio 12 funcionarios.

-¿Hubo refuerzo de la planta internacional de Senasa?

-No, entendimos que la solución no era más gente en la mesa sino empezar a sistematizar los procesos. Si 140 mercados nos generan 140 traducciones, lo que tenemos que tener es presupuesto para las traducciones porque es lo más urgente, y todo tiene que estar perfecto, pero no puedo estar con 140 whatsapp. Lo que hicimos fue crear una intranet entre el área internacional del Senasa y nuestra Secretaría que permite que hoy desde mi computadora pueda ver cómo avanza cada una de las negociaciones. Ni estreso más al equipo ni ellos me estresan más a mí.