Mientras Brasil celebra por un lado logros logísticos inéditos de la mano de inversiones sostenidas, por otro lado choca con una geopolítica adversa tras la imposición de aranceles del 50% por parte de Estados Unidos, que golpea de lleno a la agroindustria y obliga al Gobierno de Lula a desplegar una estrategia para abrir nuevos mercados y contener el impacto.
Meses atrás se anunció la decisión de una de las principales navieras del mundo, la francesa CMA CGM, de alzarse con la terminal de contenedores del Puerto de Santos, Tecon Santos, terminal que acaba de alcanzar el récord histórico de operaciones en un solo mes: 135.000 contenedores, en julio último, de acuerdo con cifras de Dataliner.
A la espera de que se materialice la inversión de CMA CGM, Santos avanzó -no sin contratiempos- en obras clave como la profundización y ampliación de muelles que le permitirá a la terminal operar tres buques New Panamax en simultáneo.
En la misma línea, se amplió la capacidad del patio de operaciones desde los 2,4 a los 2,7 millones de TEU por año para alcanzar, el año próximo, los 3 millones de TEU, al tiempo que “electrifica” sus máquinas para reducir la huella de carbono.
El arancel del 50%: un golpe al corazón exportador
Con un puerto batiendo récords, la economía brasileña enfrenta otro panorama: el frente de tormenta iniciado el 6 de agosto con la aplicación del 50% de aranceles a una amplia lista de productos brasileños, afectando cerca del 36% de las exportaciones al mercado estadounidense. Entre los sectores más expuestos: carne, café, pescado y frutas.
Como en el caso de India, la medida es geopolítica. Washington apunta a Brasil por mantener su relación comercial con Rusia —en particular, por sus compras de fertilizantes y diésel— pese al conflicto en Ucrania.
Y es ahí donde el riesgo crece. Brasil importa más del 90% de los fertilizantes que utiliza, y el 30% proviene de Rusia. Solo en la primera mitad de 2025 se compraron 5,71 millones de toneladas. La amenaza, entonces, no es solo directa sino indirecta y estructural: penalizaciones a las exportaciones como castigo a decisiones estratégicas sobre insumos críticos.
La estrategia: diversificar destinos y proteger a los más expuestos
Consciente de lo que está en juego, el gobierno brasileño activó una respuesta liderada por la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Apex). El foco está puesto en identificar nuevos mercados para los productos alcanzados por la medida estadounidense, en un esfuerzo de mapeo fino, caso por caso. Entre los principales destinos alternativos que se barajan figuran:
Para el café: Alemania, Italia, Japón, Suiza, Canadá, España y China.
Para la langosta: China y Japón.
Para los mangos: Países Bajos, Reino Unido, Alemania y Corea del Sur.
Además, Apex ampliará el programa “Exporta Mais Brasil” para atraer compradores al país y abrirá una nueva oficina en Washington. Así busca fortalecer la diplomacia comercial y asegurar que los exportadores brasileños no queden a la deriva.















