La Cámara de Comercio Exterior de Santa Fe (Cacesfe) pidió al Gobierno que revise el procedimiento para validar las importaciones ya que, explican, se está infringiendo un importante daño a la economía y poniendo en riesgo fuentes de trabajo, tanto en el sector comercial como en las propias industrias manufactureras, que ven interrumpidos sus procesos productivos.

Mediante un comunicado, Cacesfe señala que ni la importación, ni mucho menos los importadores, deben considerarse como “los malos de la película”.

Rol clave

En el documento, se explica que se trata de una actividad muy necesaria para la economía de un país que, entre otras cosas permite:

  • Proveer bienes que no se fabrican en el país, o que si se fabrican, no reúnen las condiciones de calidad y precio que permiten a comercios e industrias ser más competitivos.
  • Mejorar la calidad de vida de los habitantes del país ante la posibilidad de acceder a aquellos bienes finales importados, e incluso a bienes manufacturados aquí, con elevados estándares de calidad.
  • Garantizar una oferta que no tenga faltantes de stock para la provisión de algunos sectores estratégicos.
  • Preservar (e incluso incrementar) las fuentes de trabajo que se generan como consecuencia de la conformación de negocios orientados a comercializar productos importados o bien, en aquellas empresas manufactureras que pueden sufrir cortes de producción, como consecuencia de no poder contar en tiempo y forma con insumos y materias primas.

Efecto dominó

El documento difundido por la la organización que nació en Santa Fe el 26 de agosto de 1977 con el fin de promover el comercio exterior de la región, detalla que una empresa manufacturera a la que no se la deja importar un insumo o materia prima, no puede producir y como consecuencia, no sólo no puede vender en el mercado interno, sino que tampoco puede exportar.

La importación es una de las principales vías para cerrar brechas tecnológicas y desarrollar el potencial de productividad de diferentes sectores. El 80% de lo que importa Argentina está destinado a la producción de fabricación de bienes, destaca Cacesfe.

Y agregan que de la misma forma, un establecimiento comercial al que se le impide importar repuestos, equipos, etc, no puede proveerlos a sus clientes, con el consiguiente impacto en toda la cadena (menos ventas, que a su vez significarán menos recaudación).

“Cabe destacar que los importadores debidamente inscriptos, en cada operación de importación, anticipan al Estado nacional una suma de impuestos cercana al 50% del monto importado (ese porcentaje se reparte en Derechos de Importación, Tasa de Estadística; Impuesto a las Ganancias; Anticipo de Impuesto a las Ganancias; Ingresos Brutos). Si bien es cierto que muchos de esos tributos pueden luego ser recuperados a través del tiempo y de las sucesivas ventas, no deja de ser un anticipo al gobierno nacional que le permite financiarse con recursos genuinos. Ello sin considerar que, luego, para su evolución, cada uno de estos importadores tiene su propio negocio que tributa los otros impuestos locales y todos los vinculados a las cargas sociales de su personal”, dice el comunicado de Cacesfe en otro de sus párrafos.

Lo peor

Por último, la entidad enumera los principales puntos negativos del “control exacerbado de las importaciones”:

  • Criterio difuso acerca de que importaciones se aprueban y cuáles no. Si bien es cierto que en el lenguaje universal del comercio exterior la nomenclatura arancelaria es el modo escogido para identificar productos, no en pocos casos, se debe hacer un análisis minucioso, tratando de incorporar en el mismo, otros atributos que contribuyen a discernir por qué se decide la conveniencia o no de importar.

Hay muchos fabricantes nacionales que importan algunos productos para completar su oferta, que incluye productos de fabricación propia y algunos modelos importados.

  • Falta de respuesta a los reclamos. Se exige seguir un procedimiento determinado pero no se brindan respuesta luego de su presentación.
  • Se exige la presentación de un formulario de proyección de importaciones para 2021 que debe contar con datos de la actividad, incorporación probable de personal, etc. Dichas proyecciones, luego, son desestimadas con un criterio por lo menos discutible por funcionarios del ministerio y comunicadas a través de un sistema que es muy lento, atento a la cantidad de importadores existentes.
  • Falta de previsión en los plazos. Esta situación tiene en tiempos de pandemia un impacto aún mayor.

Hoy, el sistema financiero exige a los importadores la presentación de la SIMI en estado salida para autorizar una transferencia. Ello motiva que recién con la SIMI aprobada se puede ir al banco y transferir al cliente. Éste, a su vez, puede estar afectado por el virus y demorar el inicio de la producción, y luego tener dificultades para el transporte.

Todo ello puede provocar no sólo el vencimiento de la SIMI original e incluso de su prórroga, sino hacer que en muchos casos sea necesario reemplazarla por una nueva presentación.

  • En el relevamiento informal realizado por nuestra Cacesfe prácticamente no se observa la importación de productos con el único propósito de acumular stock. Lo que se importa es lo que se vende o se necesita para producir un bien que ya está vendido.
  • Del volumen total importado por Argentina, el 80% está destinado a la producción de fabricación de bienes (bienes de capital, materias primas e insumos).

Por último, la entidad llama a la reflexión al Gobierno nacional para que revea las políticas aplicadas al sector, y “se pone a disposición para colaborar en todo lo que se considere necesario”, bajo el convencimiento que ello generará un impacto positivo en una economía debilitada por la pandemia pero en la aun así, hay sectores que podrían desarrollarse y no lo hacen como consecuencia de las reglamentaciones vigentes.