El cierre del Estrecho de Ormuz transmutó de simple hipótesis de conflicto geopolítico a una disrupción operativa en tiempo real que está reconfigurando los flujos del comercio global.
La onda expansiva de esta crisis golpea al sector marítimo en múltiples frentes, provocando un colapso inminente en los hubs portuarios, un shock en los costos de los fletes y el combustible, y un costo humano alarmante para las tripulaciones.
Jeremy Nixon, CEO de Ocean Network Express (ONE), trazó un diagnóstico lapidario durante la conferencia TPM organizada por S&P Global en Long Beach, tras comentar su decisión de suspender las reservas hacia los puertos del Golfo Pérsico.
Efecto embudo y terminales saturadas
La interrupción repentina de las operaciones hacia Medio Oriente dejó al sistema logístico lidiando con un cuello de botella de proporciones mayúsculas.
“El cese inmediato de las reservas significa que hay carga que ya ingresó a las terminales (in-gated) y que ahora no podrá ser embarcada. Esto va a generar enormes dolores de cabeza a los operadores portuarios en términos de utilización de estibas (stack utilisation) y fluidez en sus terminales”, explicó Nixon, en declaraciones consignadas por The Loadstar.
El ejecutivo fue tajante sobre el efecto dominó de la situación, advirtiendo que las navieras tendrán que hacer malabares para priorizar el movimiento de contenedores vacíos y reubicar las cargas varadas.
Para Nixon, este escenario tendrá un impacto ineludible en el aumento de las tarifas de fletes, en la estructura de costos de combustible y en el desequilibrio global de equipos, y señaló que el cierre de Ormuz castiga al transporte marítimo con tres factores críticos e inmediatos:
El colapso de los seguros: Las coberturas de riesgo de guerra se han retirado, lo que imposibilita el tránsito y la protección de los activos en la zona.
El factor búnker: Una rápida y peligrosa escalada en los precios del combustible marino.
Saturación en origen: La suspensión de reservas hacia Medio Oriente —una ruta de volumen mayúsculo— provocará que la carga comience a acumularse masivamente en los centros de transbordo clave de Europa y Asia.
Hubs en suspenso
Frente a la inoperatividad total de hubs neurálgicos como Jebel Ali, los buques que ya se encontraban en ruta están siendo forzados a descargar en puertos alternativos como Colombo (Sri Lanka) o Fujairah (Emiratos Árabes Unidos).
En esta línea, Turloch Mooney, jefe de inteligencia portuaria de S&P, confirmó en el mismo evento que la disrupción ya es un hecho palpable, señalando un alto nivel de congestión en puertos del sur de Asia como Mundra, Mumbai y el propio Colombo.
Pero el verdadero peligro, advirtió Mooney, llegará el día que se levante el bloqueo. “Una vez que se abra una ventana segura, todos esos buques que hoy están atrapados comenzarán a moverse y llegarán a sus destinos simultáneamente. Desde la perspectiva de los puertos, esto va a abrumar las operaciones; será completamente catastrófico”.
Petróleo a US$ 100 y la tragedia en el mar
Más allá de la logística estricta de los contenedores, Nixon puso la lupa sobre el reloj de arena energético. El pronóstico es que, si el Estrecho de Ormuz no recobra su operatividad en un plazo de 21 a 25 días, los sitios de producción en Medio Oriente tendrán que empezar a recortar su bombeo ante la falta de capacidad física para almacenar el gas y el petróleo.
“Estamos frente a la posibilidad de un shock petrolero muy significativo. Un barril a 100 dólares es bastante posible, lo que generaría un pico energético que impulsará fuertemente al alza los costos globales del bunker“, proyectó el directivo.
Sin embargo, el cierre de su exposición apuntó a la variable más sensible del comercio internacional: la gente de mar.
“Hay una historia humana detrás de todo esto”, sentenció Nixon, visiblemente preocupado por los miles de marinos que hoy navegan en una zona de fuego. “Cinco buques tanque fueron atacados en las últimas 24 horas. Uno de ellos, que ni siquiera estaba en Ormuz sino fondeado en aguas de Omán, fue alcanzado y hubo tripulantes fallecidos. Esta también es una tragedia humana”, concluyó.















