Entre el reconocimiento institucional, la enumeración de avances y el detalle de la todavía vigente dependencia estructural del sector respecto de las decisiones políticas que se dilatan, revierten o se anuncian pero sin calendario cierto, el Centro de Navegación celebró su 125° aniversario con un cóctel que contó con la presencia de prácticamente todo el arco empresario y político del sector marítimo y portuario.

Julio Delfino, presidente de la institución, cumplió con el protocolo de rigor de agradecimiento a socios y autoridades, pero también a las terminales portuarias presentes porque “No hay barcos sin terminales, ni terminales sin barcos”, subrayó frente a los directivos de Terminales Río de la Plata, Exolgan, Terminal Zárate, Euroamérica y TecPlata, entre otros.

Coordinación

Ese guiño al trabajo conjunto —válido y real— permite entrever, sin embargo, un hecho menos visible: la coordinación público-privada sigue dependiendo de voluntades personales más que de reglas estables.

Junto con los saludos y reconocimientos a la Prefectura, Migraciones, Hidrografía Naval y Anpyn, el directivo se detuvo un momento en la Aduana, la autoridad “más compleja, más dinámica y de mayor presupuesto”, y también la que “más nos hace enojar por demás”, comentario que esconde la coyuntura del contexto: la Aduana también ondea con el pulso político.

Logros

De hecho, Delfino reconoció avances concretos como el retorno de los transbordos a la Argentina, que modificó “100% la matriz que se venía dando” y permitió una recuperación significativa del volumen de operaciones, sobre todo de importaciones “que hace que las terminales rebalsen de contenedores”; la flexibilización del cómputo de plazo de estadía del régimen de admisión temporaria de contenedores (en parte gracias al lobby y aporte teórico del Centro), y la eliminación de la carpeta rosa en 2025, símbolo de anacronismo operativo que demoró décadas en desactivarse.

La frase clave llegó inmediatamente después, cuando Delfino reconoció que el circuito aún no está cerrado y pidió completar la sistematización de los procesos anticipados y registrados, para lograr un flujo “simple, práctico y robusto” que iguale a Argentina con los estándares internacionales. Es decir, la llegada del BL electrónico de manera definitiva.

Es decir: hay avances, hay pendientes que persisten, y los logros mostrados no dejan de evidenciar la distancia que separa al país de lo que hace tiempo es la norma en los puertos y sistemas más eficientes.

Hidrovía

Delfino agradeció también las medidas regulatorias impulsadas por Prefectura —incluido el régimen técnico del buque y el despacho electrónico de buques— y destacó la colaboración institucional. Pero queda la sensación de que modernizar normas sin modernizar flujos, o avanzar en estándares sin resolver tiempos operativos, obliga a mantenerse alerta.

El tramo más definido —y el más político— estuvo dedicado a la Anpyn y la licitación de la Hidrovía. Delfino lo plasmó así: lo peor que puede pasar es “la prórroga de la prórroga”, que perpetúa peajes “caros sin obras”, una ecuación que castiga la competitividad de toda la cadena logística. No obstante, la Anpyn ya había firmado la resolución para las observaciones previas al llamado a licitación. “Defendemos que la licitación ocurra, ensanches, zonas de paso y fondeo, mayor profundidad, pero sin dejar de lado de mirar las congestiones generadas por la falta de obras”, dijo.

Puerto Buenos Aires

Asimismo, la definición licitatoria de la vía navegable se convertirá, además, en un nuevo punto de partida para la modernización de la infraestructura del comercio exterior porque de esa vía dependerá el tenor, impulso y tempo de la actualización del Puerto de Buenos Aires. “Esperamos poder aportar también sugerencias técnicas”, deslizó Delfino.

Ya en un registro más operativo, Delfino destacó la implementación del sistema de Migraciones, desarrollado junto al Centro, que redujo de horas a minutos el control de pasajeros y tripulaciones. La anécdota no es menor: es uno de los pocos casos de digitalización efectiva con impacto inmediato en la eficiencia del uso de muelles y en el cumplimiento de itinerarios, algo que la cadena logística reclama desde hace años.

Además, mencionó actividades próximas con Hidrografía Naval y Prefectura, en una línea de cooperación que el Centro viene promoviendo para profesionalizar cada eslabón del sistema.

Previsibilidad

Hacia el final, Delfino se permitió una reflexión económica más amplia. Diferenció sectores que “van para adelante” —minería, petróleo— de otros más afectados por la falta de crédito y por el deterioro del consumo. Señaló que la importación sigue atada a ese vaivén, mientras que los exportadores “siempre lloran”, pero reconoció que la cadena externa está más ajustada que en otros momentos.

Proyectó que, si regresan el crédito y las condiciones financieras previsibles, podría darse “ese famoso rebote” que el país no experimenta desde hace más de una década. La mención a un “ciclo de recesión casi constante desde 2008” es probablemente la parte más honesta del discurso: describe una economía donde los logros sectoriales conviven con fragilidades estructurales que trascienden al comercio exterior.

Protagonistas

El evento contó con una nutrida presencia de empresarios y funcionarios, entre los que se contaron Gustavo Figuerola (Terminales Río de la Plata); Alejandro Van Thillo, Gabriela Ardissone y Gustavo Oliver (Grupo Murchison); Daniel Santinelli (COSCO); Roberto Triay Cuestas (Exolgan); María Laura Filippello (Grupo Euroamérica); Miguel Ángel Álvarez Y Lisandro Ganuza (PTP Group); Sergio Borrelli (Náutica del Sur); Federico Pellicer (TecPlata); Patrick Campbell y David Craig (Multimar); Fernando Maggi (ONE); Enrique Elliott (CMA CGM); Germán Prieto (AMI); Gustavo Müller (Puerto Asís); Javier Dal Molin (Log-In); Ileana Cetra (International Moving Cargo); Adrián Minni (Puerto de Dock Sud); Elías Canievsky (Cámara de Depósitos Fiscales); Fernando Landa (Cámara de Exportadores); Carlos Marazzi (Yusen Logistics) y Javier Dulce (Agencia Marítima Dulce), entre otros.