fbpx

Ponerle nombre a algo es un primer paso para tratar de entender lo que ocurre. El sacudón que provocó –y sigue provocando- el Covid-19 ha sido de tal magnitud que hasta ese ejercicio se hace complicado. Entonces, descubrir y analizar cuáles son las tendencias que surgen en medio de un contexto tan complejo como cambiante, se transforma en la mejor herramienta para diseñar el nuevo mapa.

Fue con ese espíritu que la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana (AHK Argentina) organizó el ciclo “Tendencias del Comercio Internacional”, una serie de charlas mensuales que comenzaron el mes pasado y se extenderá hasta agosto.

El primer encuentro, “Comerciar en el mundo post pandemia”, sirvió para presentar las temáticas que se profundizarán en las próximas reuniones.

Bárbara Konner, Presidente Ejecutivo de AHK Argentina; Constanza Connolly, Committe Member Impact Lawyers Latin America Network y fundadora de Keidos Impacto Legal; Marcos König, Director Lufthansa Cargo Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia &Paraguay; y Marcelo Elizondo, Especialista en negocios internacionales y Director de la Consultora DNI, se refirieron a diferentes aspectos de la “nueva normalidad”.

Una de las pocas certezas que arriesgan los analistas es que nos estamos despidiendo de la globalización, al menos tal como la concebimos y conocimos hasta ahora.

Acelerador

Elizondo cree que la pandemia cataliza y acelera procesos que se insinuaban, y menciona “cuatro tendencias marcadas”:

  • El cambio tecnológico. “La economía de hoy es sustancialmente distintas a la de hace 20 años; es una economía de intangibles, de conocimiento, de capital intelectual”.
  • Cambios normativos. “En el marco internacional hubo un cambio en el marco relativo de regulaciones. Empiezan a aparecer otras exigencias de estándares de calidad, normas técnicas, certificaciones. Hay exigencias cualitativas crecientes.”

Imagen de Gerd Altmann/Pixabay

  • Notable influencia de la geopolítica en los negocios. “Hay mucha vinculación entre geopolítica y mercados.”
  • Pymes globales. “El último gran cambio es que para jugar en los negocios internacionales hay que ser una empresa global, aunque seas una pyme. En la Unión Europea se habla de las micromultinacionales”.

Globalización subnacional

Cuando se le pregunta de qué se trata la globalización subnacional de la que habló en un reciente artículo, Elizondo explica que la definición tiene que ver con la crisis que atraviesan “los colectivos del siglo XX”: la familia, que está modificándose; los sindicatos, que representan cada vez menos; las iglesias que tienen cada vez menos fieles; la empresa como unidad en la que se hacía una carrera laboral, como hicieron nuestros padres y abuelos.

“Y dentro de esos colectivos en crisis, está el Estado nacional entendido como un territorio en el que se ejerce el poder sobre una población, que contiene, aglutina y resuelve las crisis. Vemos que en todos lados hay descontento e imposibilidad de los Estados para resolver los nuevos problemas: desde el cambio climático hasta una pandemia”, describe el ex Director Ejecutivo de la Fundación ExportAr.

En ese contexto empiezan a aparecer nuevos ámbitos públicos subestatales, con una energía que incluso supera a la del propio Estado, agrega.

“La nueva globalización está empezando a unir puntos focales que actúan en el mundo más allá de los países en los que se encuentran. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual habla de global innovations networks dentro de las que hay puntos focales que son subnacionales. Silicon Valley (en California) tiene más relación con Asia que con EE.UU. Shagnghai tiene más relación con el Pacífico exterior que con el interior pobre de China”, comenta Elizondo.

A continuación explica que esos bloques subnacionales van generando una energía global en la que confluyen empresas, universidades y personas que se capacitan y trabajan a través de una nueva fuerza de la globalización, que son las telemigraciones.

“Los flujos de información, conocimiento y datos son el principal motor de la nueva globalización, y ocurren más allá del país en el que uno actúa. Por eso hay que empezar a entender que hay fenómenos infranacionales que van conectándose a nivel global y generando una nueva red que grafica el proceso internacional de modo nuevo”, explica.

Planificación diaria

Si hay algo que caracteriza al sector aéreo es la planificación. Y en eso también la pandemia produjo importantes modificaciones.

Cuando se le preguntan cómo imagina que estará la industria a mediano plazo, Konig dice sin dudar: “Mirar el mediano plazo es muy ambicioso. Hoy miramos el día a día en una industria que se maneja planeando todo mínimamente a 6 meses o un año”.

El sector aéreo ha sido –y sigue siendo- de los más golpeados por la pandemia. En medio de la crisis más profunda de su historia, la carga se transformó en el salvavidas de muchas aerolíneas.

“En lo que es transporte de carga hoy estamos en una situación privilegiada. La carga aérea es la reina en el tablero de ajedrez, y aunque no puede licuar las pérdidas que tiene un grupo o una aerolínea, lleva enorme alivio a la situación económica”, dice Konig.

Termómetro económico

Gracias a la velocidad para reponer stocks, el sector carguero funciona como un termómetro privilegiado para medir el grado de recuperación de la actividad económica global.

¿Qué es lo que se está viendo hoy? El Director Lufthansa Cargo Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia &Paraguay describe el panorama.

“Hoy por hoy, el motor es China. Ahí se genera el gran volumen de cargas aéreas. Europa también está teniendo señales muy positivas. De hecho, en diciembre de 2020, estuvo a muy poco de recuperar los números de 2019. O sea, aún en plena pandemia, el tráfico aéreo había tenido una rápida recuperación. En lo que respecta a América latina estamos bien, aunque haría falta más. Por ejemplo, en ciertos mercados tenemos falta de aviones. De todos modos, las señales son altamente positivas”, dice Konig.

Optimismo asiático

Seguramente esos datos que refleja el movimiento de la carga aérea sirvan para entender por qué las empresas que operan en China son las más optimistas a la hora de evaluar su situación actual.

“El 60% de las empresas alemanas que operan en China consideran su situación comercial actual como buena”, dijo Konner al comentar algunos de los resultados que arroja la AHK World Business Outlook, una encuesta que la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria Alemanas (DIHK) realiza dos veces por año, en 90 países, a alrededor de 5000 empresas alemanas.

En una escala de optimismo respecto de la realidad, luego de China aparecen las firmas que operan en Europa Central y el resto de Asia-Pacífico, donde el 40% considera estar en una buena situación.

“Si miramos América del Norte y Sudámerica, encontramos que entre 40 y 45% de las empresas considera su situación como regular -la situación es similar en el norte de África-”, explica Konner, pero de inmediato agrega un dato alentador para la región.

“Cuando lo que se mira son las perspectivas para los próximos 12 meses, hay un cambio importante: tanto en América del Norte como en Sudamérica está el mayor optimismo. Alrededor de 55% de las empresas en América latina cree que en los próximos 12 meses mejorará su situación”, añade.

Podio argentino

Cuando se le piden detalles sobre las principales preocupaciones de las empresas que operan en Argentina, Konner habla del “triste top 3”:

  1. La mayor preocupación es el contexto económico-político. Casi 70% de las empresas elige ese punto entre 5 posibles.
  2. El segundo en el ranking es el tipo de cambio. Con la volatilidad que tiene Argentina, a pesar de que las empresas ya están acostumbradas a eso, casi 60% lo señala como preocupación.
  3. Y por último, pero no menos importantes, las barreras comerciales y el tema del proteccionismo en general, que aunque hoy es una tendencia global, aquí registra una situación bastante particular. De hecho, 55% de las empresas expresa su preocupación sobre el tema.

Triple impacto

Luego de haber trabajado 20 años en grandes estudios jurídicos de la Argentina, Connolly decidió dar vida a Keidos Impacto Legal, una consultora enfocada en generar, facilitar y escalar el impacto de las organizaciones que buscan incorporar la sostenibilidad.

“La idea era dar respuesta desde lo legal a las necesidades y cambios que están ocurriendo en el mundo para los que no hay marcos regulatorios, y que tiene que ver con las necesidades de certificaciones de calidad, del concepto de la sustentabilidad”, dice.

La pandemia evidenció cuestiones como el cambio climático o las desigualdades.

Y agrega que la pandemia evidenció cuestiones como el cambio climático o las desigualdades. “Keidos nació para acompañar esos procesos en el medio del surgimiento de modelos híbridos para hacer negocios en los que no sólo se mira el aspecto económico sino que para poder operar en el mundo una empresa tiene que considerar el impacto ambiental y social que genera en la comunidad en la que participa”, dice.

Connolly resalta que es muy importante entender que en ese esquema hay oportunidades de negocio concretas. “Hay que salir del concepto exclusivo de la filantropía y pensar en el emprendedor social, en empresas sociales genuinas. Es algo que hay que apalancar y ahí es clave el rol del Estado”, comenta.

Destruir un átomo antes que un prejuicio

En medio del debate por los cambios culturales que plantea la nueva realidad, se preguntó a Elizondo cómo se debería revertir la mala prensa histórica que las importaciones tienen en la Argentina, cuando está claramente demostrado que son parte esencial para el desarrollo de cualquier país.

“Es difícil. Einstein decía: Triste época la nuestra, es más fácil destruir un átomo que un prejuicio”, responde sonriendo.

Y luego asevera: lo primero es mostrar los datos, difundir información. “En la Argentina tenemos un problema y es que discutimos abstracciones, cuando lo ideal es basarse en evidencia y entonces se comprueba que los países que tienen más comercio internacional son más prósperos”, asevera.

A continuación el analista enumera: en primer lugar, son países que producen mejor porque la competencia internacional exige a las empresas mejorar la calidad; en segundo lugar, generan más y mejor empleo porque las empresas internacionales invierten en sus recursos humanos porque de otra forma se transforman en inviables; y en tercer lugar son países que alimentan la tasa de inversión, tanto doméstica como internacional.

“Desde que empezó el siglo XXI hasta hoy, en 20 años, el stock de inversión extranjera hundida en el mundo creció casi 90%. En la Argentina decreció 20%”, señala.

Y agrega un cuarto punto no menor: “Los países que son más internacionales tienen menos problemas macroeconómicos porque están obligados a ordenarse. “De hecho, las volatilidades cambiarias que tenemos en la Argentina obedecen a que los únicos dólares que tenemos son los financieros, porque hay pocos dólares por exportaciones, pocos por inversión extranjera (que vienen y se instalan)”.

Equilibrio hexagonal

Elizondo habla de una globalización hexagonal, un sistema de 6 elementos que actúan entre sí:

  • Comercio internacional de bienes
  • Comercio internacional de servicios (que crece 60% más que el de bienes)
  • Flujos de inversión extranjera (que generan tecnología, innovación, evolución en las economías)
  • Flujos de financiamiento privados dirigidos a proyectos innovativos
  • Flujos de datos, conocimiento e información. Es lo que más crece en la globalización actual y es el gran motor: el conocimiento como insumo para la producción. El comercio internacional creció en este siglo una vez y media, los flujos de información, conocimiento y datos, 1400 veces.
  • Telemigraciones, personas que desde un lugar trabajan para otro lugar. Ya hay países en el mundo, por ejemplo en Europa Central, que están extendiendo visas a esas personas para que vayan a instalarse en esos países para trabajar desde allí para terceros países.

“Todo eso es un sistema de vinculación de empresas, inversiones, personas, universidades, una formación de ecosistema dentro de los cuales si uno no participa pierde muchos de los beneficios que tienen los países más integrados. La Argentina no es un país integrado y los datos muestran que padece por eso, con una economía que hace 10 años que no crece, cuya pobreza se eleva, su inversión cae. Lo mejor para destruir ese mito es mostrar la evidencia”, concluye.