En medio de la tragedia que implica cualquier guerra, el conflicto en Ucrania abre oportunidades comerciales y políticas para la Argentina. El espectro abarca desde mejorar nuestro posicionamiento como proveedor de alimentos y energías alternativas, hasta acelerar la puesta en marcha del Acuerdo Mercosur-Unión Europea.

La clave pareciera ser “Cómo hacer que la Argentina sea protagonista en la bioeconomía global”, tal como propuso la Cámara de Industria y Comercio Argentino-Alemana (AHK) en el último encuentro del Ciclo Tendencias en el Comercio Internacional.

Durante una hora, Amador Sánchez Rico, Embajador de la UE en la Argentina; Fernando Vilella, Director del Programa de Bioeconomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA); y Nelson Illescas, Director de la Fundación INAI (Instituto Para Las Negociaciones Agrícolas Internacionales) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, analizaron cuán reales son las oportunidades, y cuáles son las fortalezas y debilidades del país en el contexto actual.

Acuerdo geopolítico, más que comercial

Amador Sánchez Rico. Foto: Twitter

“Es un acuerdo que va más allá de una simple asociación comercial. Es un acuerdo geopolítico”, respondió el embajador Sánchez Rico cuando se le preguntó por el tratado que el Mercosur y la UE negociaron durante más de 20 años, firmaron en 2019 pero aún no entró en vigor (está pendiente de ratificación).

El diplomático comentó que “cuatro o cinco años antes de la pandemia ya se veían algunas áreas de influencia y de poder, algunas autocráticas en ciertos países, algo de revisionismo y revanchismo, de espíritu imperialista” y que la pandemia, con “la famosa diplomacia de las mascarillas y luego la de las vacunas”, acentuó esas tendencias.

“La guerra iniciada por Putin supone ante todo una gran tragedia para la población ucraniana, al tiempo que en medio de esas dificultades se abren oportunidades”, dijo antes de explicar que la UE debe empezar a trabajar de manera mucho más estrecha con sus verdaderos socios naturales, muchos de los cuales están en esta región.

Diferencias con China

Dentro del nuevo tablero internacional en el que la UE tiene que buscar socios más fiables para el tema de suministro de energía –“tema en el que la Argentina tiene mucho que ofrecer, en energías verdes, y con el tema del hidrógeno verde o el litio”-, es donde el Acuerdo Mercosur-UE tiene que “pisar el acelerador”, estimó el diplomático.

Entonces, Sánchez Rico diferenció el modelo de relacionamiento que propone la UE del que practica China.

“La UE sigue siendo el primer inversor extranjero directo en la Argentina. Hay casi 800 empresas europeas, que representan el 44% de stock de IED (aproximadamente US$36.000 millones), mientras que China no supera el 2%. Estamos invirtiendo en todos los sectores de la economía: energía, servicios financieros, químicos, plásticos, autos, autopartes, alimentos y bebidas, y comunicaciones, mientras que la inversión de China es mucho menos diversificada. Hicieron muchos anuncios pero se materializaron pocos. No veo un flujo masivo de inversiones ni de transferencia de tecnología o de nuevos empleos en sectores con valor agregado”, describió.

Y agregó que, en contraste, algunas de las empresas europeas llevan más de 100 años en la Argentina.

“Hemos demostrado –y lo seguimos haciendo- que somos socios confiables a largo plazo, generadores de empleo (las firmas europeas son responsables por alrededor de 700.000 puestos de trabajo aquí). Tenemos una manera de invertir diferente. La UE busca generar conexiones, no dependencia”, enfatizó.

Inflación

Tras destacar que la Argentina “es un socio con unas credenciales democráticas más que demostradas” y con mucha robustez institucional, el embajador de la UE admitió que “hay problemas” como el de la inflación, aunque de inmediato agregó que es un problema que hoy también sufre Europa.

El diplomático cree que abordar de manera conjunta la “transición verde y la transición digital” que promueve Europa es una vía privilegiada para fortalecer la relación.

“La transición verde, que era una gran prioridad para la UE antes de la guerra en Ucrania, ahora lo es aún más. Tenemos que cambiar nuestras cadenas de suministro, conseguir energía a través de otros proveedores diferentes de Rusia, diversificar. Y ahí es donde Argentina puede jugar un papel fundamental”, mencionó.

 Liderazgo argentino

Fernando Vilella

“Si el mundo quiere consumir productos con baja huella de carbono y de agua, tienen que comprar en Argentina”, espetó Vilella.

El experto explicó que en el caso del trigo, la huella medida según los estándares internacionales es 70% menor que la europea, en el de los pollos, es 200% menor que los del Reino Unido, y 30% menos que los producidos en Brasil.

Vilella dijo que eso se da gracias a que el sistema productivo argentino, basado en siembra directa, es mucho más eficiente y cuidadoso del medioambiente que cualquier otro sistema del mundo.

“Cuando gastamos menos energía para remover el suelo y no afectamos la vida microbiana del ambiente como cuando se ara, estamos haciendo una contribución que tiene que ver con la transición verde y digital. Estamos en el siglo de la biología y de las ciencias digitales, y ambas confluyen en la estrategia de poder generar una bioeconomía más acorde con las necesidades de las sociedades y del ambiente. Para aprovechar esto de la mejor manera habría que asociarse con los conocimientos y capitales del mundo”, describió el ex Decano de la Facultad de Agronomía de la UBA.

Necesarios pero no suficientes

Los expositores coincidieron en resaltar el papel de los acuerdos comerciales como facilitadores de la inserción internacional de cualquier país, sin embargo, quedó en claro que sólo con eso no alcanza.

“Los acuerdos comerciales son fundamentales, pero hay que decir que Brasil, pese a no contar con acuerdos comerciales de relevancia –como ocurre en la Argentina-, logró desarrollar una industria de la carne de liderazgo global. Argentina no lo ha hecho, no ha realizado las inversiones necesarias para poder transformar el maíz y la soja en más cantidad de pollos y cerdos, por ejemplo. Y eso tiene que ver con cuestiones intrínsecas que sería bueno trabajar junto con terceros, aliados con los socios del Mercosur para poder unirnos a otras regiones del mundo que desde la demanda pueden ser parte de la solución”, describió Vilella.

De granero a supermercado

¿Por dónde debería empezar la Argentina para lograr el tan ansiado cambio de categoría de granero a supermercado del mundo? Vilella responde sin dudar: “Los acuerdos comerciales son fundamentales porque sin cambiar la estructura arancelaria es muy difícil de hacer, pero además hace falta un sistema que propugne las inversiones con reglas de juego permanentes. Se trata de dos cuestiones que tienen que ver con consensos políticos, que lamentablemente no hemos logrado. Lo que estamos construyendo desde hace cuatro décadas es sumar 400.000 pobres por año, con una economía que no crece, como tampoco lo hace el trabajo privado”.

Región de paz

Diferentes análisis muestran que la guerra en Ucrania abre una ventana de oportunidad para nuestro país, ¿pero cuánto dura?

Nelson Illescas

Como Director de la Fundación INAI, Illescas dijo que la oportunidad que se abre es, a partir de ser una región de paz, poder transformarnos en una región abastecedora de alimentos, porque lo que se prevé es que el Mar Negro continúe con niveles de conflictividad a mediano y largo plazo.

“Aún el conflicto se resolviera mañana, los flujos comerciales no se restablecen inmediatamente de la misma forma que se daban antes del conflicto. Ya estamos viendo reconfiguración de flujos. Y el ejemplo de cómo la Argentina incrementó sus ventas a África -que en gran medida dependía de Ucrania para el abastecimiento de ciertos cereales- es una muestra de eso”, comentó.

Luego, explicó por qué, a pesar de todo eso, el productor local no está viendo esa oportunidad (la Bolsa de Cereales estimó que el año que viene, la Argentina, que es el séptimo exportador mundial, reducirá la superficie cultivada de trigo).

El peso local

“Las reglas y el contexto local tienen un fuerte componente sobre esa decisión del productor, más allá de cuestiones meteorológicas puntuales de distintas zonas. Para aprovechar esta oportunidad y empezar a trabajar en esta campaña y las próximas, es necesario fortalecer los lazos comerciales con las distintas contrapartes, hacerlos sostenible en el tiempo a través de algún tipo de acuerdo y aprovechar para empujar la firma de ciertos acuerdos fitosanitarios que en otros contextos no se lograron. Para mantener esas relaciones, Argentina tiene que demostrar que es un proveedor confiable, además de sustentable. Y otra cuestión es que hacemos bien las cosas pero después tenemos barreras a la exportación que no permiten cumplir con los contratos”, concluyó Illescas.


Imagen de portada: Arek Socha en Pixabay