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Por distintos motivos, ha ocupado la atención pública un pronunciamiento del gobierno argentino sobre las negociaciones económicas internacionales que se estaban llevando a cabo de manera coordinada con los gobiernos de Brasil, Paraguay y Uruguay, en tanto contrapartes en el Mercosur, frente a distintos países extra-regionales.

El mensaje en cuestión se difundió bajo la figura de una “Información para la prensa”, fechado por Cancillería el 24 de abril pasado, haciendo saber la posición sostenida por su delegado en una reunión de coordinadores nacionales del MERCOSUR con respecto a las tratativas en curso “hacia acuerdos de libre comercio con Corea del Sur, Singapur, Líbano, Canadá y la India, entre otros…”

En tal sentido, la “Argentina dejó en claro que la incertidumbre internacional y la propia situación de nuestra economía aconsejan detener la marcha de esas negociaciones”.

Flaquezas argumentales

Resulta muy llamativo el fundamento utilizado en un párrafo que, por un lado, repite los términos expuestos por el funcionario en aquella reunión; y seguidamente, ya sin comillas, marca la disidencia con la postura de otros Estados Partes.

Así, el delegado gubernamental habría manifestado que en “su política interna, la Argentina se previene de los efectos de la pandemia mientras protege las empresas, el empleo y la situación de las familias más humildes”.

Seguidamente, se lee en el documento de fuente oficial que la Argentina está llevando a cabo dichas acciones de prevención y protección a diferencia de las posiciones de algunos socios, que plantean una aceleración de las tratativas hacia (los mencionados) acuerdos de libre comercio.

Más allá del tono descalificador dedicado a otros gobiernos que no individualiza, el argumento es ostensiblemente falaz e inconsistente desde el punto de vista comercial.

En primer lugar, es falaz porque presenta una incompatibilidad conceptual entre, por un lado, las acciones dirigidas a prevenir los efectos de una pandemia y proteger a sectores productivos y sociales carenciados, y, por otro lado, la suscripción de los “acuerdos de libre comercio”.

Y, en segundo lugar, es inconsistente desde el punto de vista económico porque desecha negociaciones que ostensiblemente podrían traducirse en la formalización de acuerdos muchos más beneficiosos para el país que los ya celebrados –y todavía no ratificados– con la Unión Europea y EFTA, respecto de los cuales explícitamente la declaración señala que el gobierno argentino “seguirá acompañando (su) marcha”.

Trampa terminológica y equívoco sobre la globalización

Es muy conocida la falacia que se apoya en la definición textual de tales “acuerdos de libre comercio” para señalar los efectos devastadores de una apertura irrestricta de los mercados nacionales.

Pero dichos Tratados –disponibles en fuentes oficiales de más de cien países y que son de libre acceso virtual- consolidan negociaciones tan extensas y diversificadas como minuciosas y cuya celebración tiene por objeto ya no “liberar” sino regular o administrar el comercio y las relaciones económicas internacionales con el objeto de minimizar los efectos adversos de la globalización sobre las actividades productivas locales.

Este objetivo se va alcanzando a medida que un país logra replicar concesiones y normativas similares, afines y complementarias, a través de acuerdos con un número creciente de países con los que mantiene corrientes comerciales y desarrollando instrumentos de política comercial para ensamblar las concesiones negociadas en los distintos acuerdos.

Parece ocioso advertir que los países –menos aún, los periféricos- no pueden sustraerse por propia decisión a las consecuencias de la economía global. Y cuando son reticentes a negociar tales acuerdos “de libre comercio”, la globalización se les cuela en los mercados internos, directa e indirectamente, formal e informalmente, dando lugar a descalabros empresariales, destrucción del empleo y marginación social.

Son las mismas falencias que el gobierno argentino reconoce como propias del país (y que la pandemia está agudizando), sin que en este caso puedan ser atribuidas a los mentados “acuerdos de libre comercio”.

Inconsistencia comercial

Luego, es curiosa la opción que presenta el documento del gobierno argentino. Se afirma la decisión de acompañar a sus contrapartes en el Mercosur para culminar las tratativas –ya concluidas en sus aspectos sustanciales- con los países europeos y que han sido repetidamente cuestionadas por la convalidación de distintas asimetrías.

Y, con el mismo énfasis, es rechazada la continuidad de negociaciones en curso –y que en ningún caso se encuentran avanzadas- con otros países cuyos mercados son mucho más apetecibles y desde ya más accesibles para las ofertas exportadoras argentinas y con gobiernos que se muestran menos agresivos que los europeos a la hora de reclamar concesiones comerciales sobre sectores localmente sensibles.

En el caso de Corea el Sur, mencionado por el comunicado de la Cancillería argentina, con motivo de la cuarta ronda con los países del Mercosur, en octubre de 2019, una entidad prestigiosa que hace el seguimiento de las negociaciones agrícolas internacionales recordó que “dos tercios de los productos agropecuarios consumidos en Corea son de origen importado. Eso explica que se ubique a dicho país entre los principales importadores agroindustriales (séptimo) a nivel global” (fuente: INAI).

Y en el caso de India, también mencionado en el documento de la Cancillería, es oportuno recordar que su población vegetariana y parcialmente vegetariana suma en conjunto más del 80% de su población superior a 1300 millones de habitantes.

Según los parámetros de la Organización Mundial de la Salud, esta población tendría que consumir entre tres y cuatro veces más proteínas per cápita, por lo que las estimaciones prudentes ya indicaban en 2016 que en un plazo de 10 a 15 años dicho país debería importar 20 millones de toneladas adicionales de determinadas legumbres (así lo había descrito Gustavo Grobocopatel en una exposición dada ese año ante la Bolsa de Comercio de Santa Fe).

Si bien hasta hace poco tiempo no podía esperarse una mayor extensión de las preferencias otorgadas por la India dentro de una nómina limitada de productos, últimamente su política comercial ha dado un giro, en particular frente a otros países de América Latina.

Así, con Chile se encuentra en curso una profundización del acuerdo preferencial que ya había sido ampliado en 2017; y Perú está negociando, desde agosto de 2017, el que sería el primer acuerdo de libre comercio (incluyendo concesiones de amplio espectro en bienes, servicios, y un convenio sobre inversiones) entre un país latinoamericano e India.

Sobreactuación diplomática

Aun suponiendo que el gobierno argentino estuviera interesado en una revisión más exhaustiva de los términos de negociación con distintas contrapartes, no se explica el carácter intempestivo de su reacción al interior del Mercosur, al menos con referencia a los países mencionados en la declaración de la Cancillería.

En efecto, quizás la tratativa más avanzada –aunque todavía sin visos de concluir exitosamente- sería la entablada con Canadá, cuya 7° ronda se llevó a cabo en agosto último, en tanto las conversaciones con Corea del Sur dieron lugar a una 5° ronda en el mes de febrero del corriente año. A su turno, la negociación con Singapur data del mes de abril de 2019.

¿Habría que conjeturar entonces que la prevención argentina se debería a una iniciativa brasileña para entablar negociaciones en firme con algún país no mencionado en la declaración, como sería el caso de Estados Unidos?

Declaración en contexto

En cualquier caso, esta presentación diplomática –y su consiguiente difusión- merecería ser considerada en el contexto de las penurias económicas y sociales generadas por la pandemia del Covid-19.

Así, es evidente la imposibilidad de satisfacer a través de la política económica un cúmulo de necesidades expuestas por distintas actividades productivas cercanas a la bancarrota y, en general, los reclamos de vastos sectores sociales.

Ante tanta demanda insatisfecha, la declaración política que trasunta esta “Información para la prensa” podría cumplir una función retórica de carácter compensatorio.

Al respecto, la opinión pública argentina está habituada a consumir narrativas que le proporcionen imágenes de protección frente a distintas fuentes de incertidumbre.

Y aquí se trataría de algo muy conocido: tergiversar el sentido que originariamente Aldo Ferrer le había dado a la frase “vivir con lo nuestro”. Transformándola en consigna, se cierra un cerco imaginario para fortalecer la percepción de resguardo.

Entretanto, las autoridades argentinas de turno se dejan tentar por la posibilidad de minimizar los desafíos que presentan las negociaciones económicas y comerciales internacionales.

En un mundo que requiere cada vez mayor capacidad negociadora para sobrevivir, las emergencias globales hacen todavía más apremiante la necesidad de adquirir destrezas con el objeto de reconocer cuáles son las propias prioridades y luego hacerlas valer.


El autor integra el Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata

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