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Si las exportaciones son la principal fuente genuina de divisas, y si es claro el consenso de que su crecimiento impacta directamente en el crecimiento del país medido en términos de PBI y PBI per cápita, es tan buen noticia el crecimiento sostenido de los embarques como mala noticia su caída constante.

En su último informe, Ecolatina señala que las exportaciones argentinas alcanzaron su máximo en 2011. “De allí en adelante, no hicieron sino descender”, destaca la consultora, tras advertir que en 2020 las exportaciones fueron un 34% menos que en 2011 y en 2019, para desestacionalizar la pandemia, las ventas externas fueron un 22% inferiores a 2011.

Esto impacta en la producción y en el PBI: 2011 también marcó el pico del PBI per cápita en la Argentina. “Actualmente nos ubicamos 20% por debajo (y 12% antes de que llegara la pandemia)”, destacó la firma.

“El volumen de envíos al exterior depende, a nivel macroeconómico, de dos grandes factores: el precio de los productos argentinos en relación con el de sus competidores y el nivel de actividad de nuestros compradores, determinante de sus necesidades de insumos y bienes finales. El año pasado, el derrumbe de la economía mundial hundió a nuestras ventas. El PBI global se redujo en promedio 3,3%, pero la actividad de nuestros principales compradores cayó un poco más (-3,6% promedio ponderado) y nuestras ventas se achicaron 13,2% en cantidades y 15,7% en valores respecto a 2019”, resumió Ecolatina.

Recuperación

El PBI mundial este año se recuperará ya que muchas de las actividades productivas “aprendieron” a operar aplicando protocolos sanitarios, minimizando los contagios. “Sin embargo, mientras que la debacle no fue pareja (por caso, el Producto creció más de 2% en China, pero que se contrajo 7% en Latinoamérica y la Eurozona), el rebote tampoco será homogéneo. Por este motivo, tiene sentido evaluar cómo se desempeñarán nuestros principales clientes, en virtud de analizar el impacto de la tracción mundial sobre nuestra demanda”.

La demanda mundial favorecerá a las exportaciones. Variación de la actividad económica en 2020 y 2021 (proyectada). Fuente: Ecolatina en base a FMI

Durante 2020, más del 30% de las exportaciones argentinas se destinaron a la región latinoamericana, donde el Mercosur representó el 18% del total agregado y, en particular, Brasil, que fue el importador de más del 14% de nuestras ventas.

“El segundo país que más nos compró fue China, representando uno de cada diez envíos. Por otra parte, Europa nos demandó un 15% del total de exportaciones, Estados unidos cerca del 6% del total y Vietnam e India un 5% cada uno. Si consideramos que estos mismos países serán quienes más nos compren en 2021 -un supuesto bastante lógico mirando la performance de los últimos años-, deberíamos enfocarnos en ellos para analizar a qué ritmo crecerán a lo largo del año. Afortunadamente, de acuerdo con las proyecciones actuales, todos estos países se recuperarán en 2021 a una tasa promedio ponderada de 5,5%, en línea con el PBI global (+6,0%)”, explicó la consultora.

Respecto de los precios de los productos de exportación, los de la Argentina “son 2% más competitivos que en el promedio desde la salida de la convertibilidad” en la relación bilateral con Estados Unidos, mientras que la diferencia se amplía al 19% en la relación con China.

Brasil

“Sin embargo, este índice empeora significativamente al comparar con Brasil: la aguda depreciación del real durante la pandemia (saltó 50% en relación con diciembre de 2019, con una inflación de apenas 6% en el mismo lapso) hace que la competitividad con nuestro principal socio sea casi 30% menor al promedio histórico. Por lo tanto, en la comparación multilateral, nuestros productos no están particularmente baratos en relación con nuestra historia, pero tampoco caros: es decir, cerca del promedio. Acortando el período de análisis, los resultados mejoran: en materia cambiaria, somos mucho más competitivos en la actualidad que entre 2012 y 2018”, reflexionaron desde Ecolatina.

De esta manera, el mix de aumento de la demanda de nuestros socios y la competitividad de nuestros precios, “esperamos que nuestras ventas se vean impulsadas este año por el lado de las cantidades. En paralelo, los precios también jugarán a nuestro favor: las commodities agrícolas se están encareciendo, incrementando el valor de nuestros cultivos y sus derivados (soja, maíz, trigo, pellets y aceite). Este segundo efecto no necesariamente generará empleo adicional, al menos de manera directa, pero sí aportará divisas”.

“Como resultado –continúa el informe– las exportaciones crecerán más de 15% en valores este año, recuperando prácticamente todo el terreno cedido en 2020 y aportando importantes divisas a las debilitadas arcas del Banco Central”.

Beneficios

“La entrada de dólares suele tener efectos benéficos sobre la economía: la mayor oferta abarata al tipo de cambio, mejorando usualmente el salario real. Además, la acumulación de Reservas permite suavizar las crisis y las expectativas de devaluación. Sin embargo, no todos los ingresos son iguales. Por caso, las inversiones financieras suelen ser más volátiles, en tanto las inversiones productivas necesitan ser rentables y poder girar utilidades a sus casas matrices. En cambio, las exportaciones son divisas genuinas, ya que no necesitan de repago”, advirtieron desde Ecolatina.

“Por este motivo –agregaron– el aumento de las exportaciones es algo tan deseado como festejable. Frente a la baja demanda del mercado local, reorientar las ventas al mercado exterior permite sostener la facturación e incluso aumentar la escala de producción en el mejor de los casos. En un panorama de escasez de Reservas netas como el actual, este ingreso ayuda a cancelar los vencimientos de deuda (de hecho, ya lo hizo en lo que va del año), intervenir en la cotización de los dólares paralelos y fortalecer el poder de fuego del Banco Central. La demanda mundial y el precio de los commodities serán aliados en este propósito. Para no contrarrestar estos efectos positivos, será importante que el tipo de cambio no se retrase sensiblemente, en virtud de no encarecer nuestra producción en relación con la de otros países. Aunque un dólar más barato mejora el poder de compra de los salarios (volviéndose una alternativa atractiva en años electorales), en un horizonte más largo deteriora nuestra inserción internacional y frena el crecimiento”.