El transporte marítimo global vuelve a enfrentarse a su paradoja estructural: la eficiencia prometida por las grandes alianzas frente a la realidad de los puertos saturados y las cadenas logísticas frágiles.
El último informe de Drewry, una de las consultoras de referencia en análisis portuario y naviero, revela que los tiempos de espera de los buques en Europa aumentaron en octubre a un promedio de 1,9 días, y que la fiabilidad de los cronogramas en la ruta Asia–Europa cayó al 39%, tras cinco meses de mejora.
El dato resume un problema de fondo: la industria naviera ha perfeccionado la planificación y la tecnología, pero sigue sin dominar los imponderables físicos y estructurales que determinan su puntualidad.
Gemini y la búsqueda del 80 %
La Cooperación Gemini, que agrupa a Maersk y Hapag-Lloyd, ha sido presentada como el modelo de nueva generación: menor dispersión de servicios, integración digital y control directo sobre la red logística.
Su meta —llevar la fiabilidad de los itinerarios por encima del 80 %— pretende ser un salto cualitativo frente al promedio actual, que ronda la mitad de esa cifra.
En una presentación ante inversores, el CEO de Maersk, Vincent Clerc, sostuvo que el grupo “ya inició conversaciones con clientes para cobrar una prima por arribos puntuales”, aunque reconoció que antes debían demostrar una mejora sostenida en la fiabilidad.
El planteo es provocador (¿o un signo de los tiempos?): convertir la puntualidad, que históricamente fue una obligación implícita del servicio, en un producto diferenciado sujeto a tarifa premium.
Congestión estructural y puertos sin margen
Drewry advierte que los principales puertos europeos —Rotterdam, Amberes, Hamburgo y Valencia— presentan tiempos de espera superiores a los de los puertos chinos, un cambio de tendencia que refleja el cuello de botella del sistema logístico del Viejo Continente.
Con infraestructura rígida y poca capacidad ociosa, los retrasos empujan las fichas del dominó: un solo buque fuera de horario en un puerto genera desajustes en los atraques siguientes y congestión en cadena.
Las causas son múltiples y conocidas por la industria: huelgas portuarias, mal tiempo, obras, fallas técnicas o accidentes. La mayoría escapa al control de las navieras, pero el impacto financiero se acumula.
Según la consultora, la falta de previsibilidad genera sobrecostos logísticos, mayores tiempos de estadía, uso ineficiente de terminales y encarecimiento del transporte terrestre posterior, un cóctel que erosiona la competitividad de toda la cadena.
Los buques alimentadores, los más vulnerables
El informe señala que los buques feeder son hoy los más expuestos a las demoras, especialmente en el norte de Europa. Las escalas cortas, las ventanas de atraque limitadas y la dependencia de conexiones con grandes portacontenedores agravan los desfasajes y aumentan los costos para los operadores regionales.
A pesar de estas dificultades, Gemini muestra mejores niveles de puntualidad que las otras alianzas (2M, Ocean Alliance y THE Alliance), y además cancela menos viajes. Sin embargo, Drewry matiza que “una fiabilidad del 80% sigue siendo un objetivo teórico en las condiciones actuales de saturación portuaria”.
¿Una nueva tarifa por cumplir?
El planteo de Maersk sobre cobrar una prima por puntualidad reabrió un debate profundo: ¿Deben los clientes pagar más por un estándar que debería ser inherente al servicio?
“Los cargadores, forwarders y puertos deberían ser prudentes ante promesas de fiabilidad total. La puntualidad absoluta es un ideal comercial, no una garantía técnica”, subraya la consultora.
En otras palabras, mientras las navieras compiten por ofrecer precisión digital y gestión predictiva, la infraestructura física —puertos, canales, hinterlands— sigue siendo el verdadero límite. En ese contexto, la eficiencia total es un horizonte deseable. Pero poco probable.
El desafío de fondo
El análisis de Drewry sintetiza una realidad que va más allá de la coyuntura: el transporte marítimo global, aun en su era más tecnificada, sigue condicionado por un sistema logístico que no crece al ritmo del comercio.
El aumento de la capacidad de los buques, la consolidación de alianzas, la concentración del mercado y la integración de los operadores han permitido economías de escala, pero también han hecho más vulnerables a las cadenas de suministro frente a interrupciones puntuales.
La consultora concluye que los retrasos, incluso si logran reducirse, “no desaparecerán completamente”. La cuestión no es si las navieras podrán eliminar los retrasos, sino hasta qué punto el sistema global puede absorberlos sin colapsar su eficiencia estructural.















