fbpx

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y allí se concentran las tres cuartas partes del consumo mundial de energía final.

El dato sirve para entender el papel esencial que tienen las ciudades en la lucha contra la contaminación.

Según la edición 2021 del Renewables in Cities Global Status Report (REN21), aún en medio de la pandemia, el número de ciudades que aplicaron prohibiciones parciales o totales de los combustibles fósiles se quintuplicó en 2020.

Por segundo año, el REN21 mide la situación de cómo las ciudades de todo el mundo utilizan la energía renovable para combatir las emisiones y prevenir la polución y el cambio climático, al tiempo que hace un balance de los esfuerzos de transición a energías renovables de las ciudades en todo el planeta.

La última edición –en la que trabajaron más de 330 expertos que contaron con el respaldo de un Comité Asesor de 20 organizaciones, incluidas las redes de ciudades- revela que alrededor de mil millones de personas viven en ciudades que cuentan con un objetivo o política de energías renovables.

Del papel a la realidad

“Con su impacto a escala, las ciudades son nuestra mejor apuesta para planificar, desarrollar y construir un futuro renovable. Sin embargo, con demasiada frecuencia, su potencial de transformación permanece enormemente infrautilizado”, dice la Directora Ejecutiva de REN21, Rana Adib.

Las ciudades deben hacer la transición a las energías renovables y fijar fechas límite para los combustibles fósiles en todos los sectores, dice el Renewables in Cities Global Status Report.

“Es un trabajo difícil el convertir en realidad las ambiciones de bajas emisiones de carbono en entornos ya construidos y densamente poblados. Los gobiernos nacionales deben aportar el dinero, capacidad y, sobre todo, poderes legislativos, en manos de las autoridades locales”.

Las ciudades deben hacer la transición a las energías renovables y fijar fechas límite para los combustibles fósiles en todos los sectores, indica el informe.

Un factor crítico para el éxito de las estrategias climáticas de las ciudades es reemplazar rápidamente los combustibles fósiles con energías renovables en los sectores de calor y frío, así como en el transporte. Estos sectores son responsables de la mayor parte de las emisiones globales y se abordan mejor a nivel local, advierte.

Necesario, pero insuficente

El informe demuestra que, a menudo, la compra de electricidad renovable de la ciudad para sus propias operaciones es uno de los primeros pasos que toman los líderes locales. Pero según Adib, eso no es suficiente.

“Ciudades como Hamburgo, San Francisco y Shanghai muestran que cuanto más ambiciosas son, más firme se hace la idea de tener energías renovables en todas partes. Las ciudades impusieron estrictos códigos de edificación y obligaciones de energía renovable. Pero lo más importante es que establecieron una fecha límite para el uso de gas, petróleo y carbón”, agrega Adib.

En 2020, 43 ciudades ya lo habían hecho y también habían aplicado prohibiciones de combustibles fósiles en el sector de calor y / o transporte, cinco veces más que en 2019.

Y si bien alrededor de mil millones de personas (aproximadamente una cuarta parte de la población urbana mundial), vive en ciudades que tienen un objetivo o una política de energía renovable, “por muy inspiradores que sean estos ejemplos, aún estamos muy lejos de lo que se necesita para frenar el cambio climático a tiempo”, advierte Adib.

Cambios positivos

El confinamiento del año pasado junto con la desaparición repentina del tráfico, y la alteración completa de los estilos de vida, trajo como resultado un aire más limpio y entornos menos ruidosos, y dieron a los ciudadanos una idea de cómo podrían ser las alternativas a las rutas llenas de gente y los cielos contaminados.

Los líderes de las ciudades ahora están aprovechando este impulso, alejándose de los combustibles fósiles contaminantes y construyendo sistemas de energía limpios y resilientes en su lugar, destaca el informe.

Durante la pandemia por Covid-19, los aeropuertos se transformaron en grandes estacionamientos para los aviones.

Carrera de obstáculos

El trabajo muestra que, además de las reducciones de emisiones, hay muchos otros beneficios locales para quienes toman el futuro energético en sus propias manos: desde la creación de empleos y bienestar locales hasta una mayor calidad de vida y ciudadanos más saludables.

En ocasiones, como ejemplos recientes en Japón y Corea del Sur, los gobiernos locales pueden incluso presionar a los gobiernos nacionales para que sean más ambiciosos.

En esta carrera, incluso aquellos que parecen estar listos y dispuestos a avanzar, se topan con obstáculos, dicen los expertos.

“Es un hecho triste que en cualquier lugar del mundo que las ciudades busquen eliminar gradualmente los combustibles fósiles, la industria dedique una gran cantidad de recursos a la lucha. Llevan a las autoridades locales a los tribunales o, como se ha visto recientemente en los Estados Unidos, convencen a los legisladores estatales para que imposibiliten legalmente que las ciudades tomen tales decisiones”, comenta Adib.

Martina Otto, al frente del trabajo de ciudades en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, concluye: “Todavía hay un enorme potencial sin explorar. Podemos aumentar el nivel de ambición y el progreso en el cumplimiento de los compromisos climáticos nacionales si los gobiernos nacionales y regionales de todo el mundo brindan apoyo a las ciudades mucho más allá de la creación de mejores condiciones financieras. Superar las fronteras territoriales para empoderar a las ciudades significa liberar el poder de nuestros aliados más fuertes”.

Qué pasa en la Argentina

A continuación, los principales datos sobre Argentina, que publica el informe:

  • La contratación municipal de energías renovables se ha extendido rápidamente en las ciudades que se enfrentan a limitaciones para instalar energías renovables dentro de los límites de la ciudad. Por ejemplo, en Pico Truncado la estrategia para alcanzar los objetivos de energía renovable pasa por aumentar la contratación de electricidad renovable y/o asociarse con terceros operadores para desarrollar proyectos.
  • Pocas ciudades de Argentina tienen objetivos o políticas específicas en materia de energías renovables. Una excepción notable es Buenos Aires, que tenía un objetivo de 20% de electricidad renovable para los mayores usuarios del sector público de la ciudad para 2025, que ya ha superado con las renovables que representan el 32% del mix eléctrico en 2019.
  • Las ciudades argentinas son líderes en el movimiento de energía neta cero, habiendo fijado en 2020 objetivos de energía neta cero en 193 ciudades para 2050.
  • Sólo 7 ciudades en el país tenían objetivos y/o políticas de energías renovables (de un total global de más de 1300 ciudades). Esto abarca a 4,4 millones de personas, el 10,5% de la población urbana de Argentina.
  • Apenas 3 ciudades tenían objetivos de energía renovable (con un total combinado de 6 objetivos) en el país. Sólo San José ha establecido un objetivo de alcanzar el 100% de energía renovable para 2022.
  • Los objetivos de movilidad eléctrica son incipientes. Buenos Aires tenía múltiples objetivos para los vehículos eléctricos e híbridos y un objetivo para la instalación de 2500 cargadores de vehículos eléctricos.
  • Sólo 7 ciudades de Argentina tenían políticas de energía renovable en 2020. La mayoría de ellas apoyan la energía renovable en los edificios.
  • Rosario es una de las pocas ciudades del país que ha establecido un mandato solar (adoptado en 2012), que exige que el 50% del consumo de agua caliente de los edificios públicos se cubra con sistemas solares térmicos.
  • Buenos Aires tenía una política para promover el uso de sistemas de captación de energía solar para la producción de electricidad y calor.
  • El gobierno de Córdoba promulgó una ley para la promoción de la Generación Distribuida en la región.
  • San Martín de Los Andes tenía un proyecto de ordenanza para promover las energías renovables y otras tecnologías limpias en la ciudad.
  • En comparación con otros países de América latina, la electrificación del transporte público es más lenta, pero ha comenzado a repuntar. Buenos Aires estableció una asociación público-privada con una inversión de US$13 millones para implementar 220 estaciones de carga rápida eléctrica. En 2018, el municipio adoptó objetivos para 6000 vehículos ligeros eléctricos e híbridos, 350 autobuses eléctricos y 2500 estaciones de carga de vehículos eléctricos. Mendoza ha incorporado 18 autobuses eléctricos; en Buenos Aires hay 8 autobuses eléctricos en funcionamiento.

Tendencias regionales

  • La liberalización de los mercados eléctricos en Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú ha hecho posible que los gobiernos municipales y otros grandes consumidores de energía de estos países adquieran electricidad renovable directamente de proyectos locales o cercanos (aunque los usuarios residenciales siguen estando excluidos de la elección de sus empresas de suministro).
  • La inversión en capacidad de energía renovable en toda América latina ha crecido notablemente, con un aumento del 43% en 2019 hasta un récord de US$18.500 millones. Cuatro países dominaron esta inversión: Brasil (un 74% más, hasta US$6500 millones), Chile (un 302% más, hasta US$4900 millones), México (un 17% más, hasta US$4300 millones) y Argentina (un 18% menos, hasta US$2000 millones). Las asociaciones público-privadas, las asociaciones público-privadas y la financiación del desarrollo proporcionan un apoyo clave a los proyectos en las ciudades de toda la región.
  • Algunas de las ciudades más pobladas de América latina, como Bogotá (Colombia) y San Pablo (Brasil), han comenzado a electrificar sus flotas de autobuses para hacer frente a los problemas de calidad del aire. A finales de 2020, se calcula que había 1229 autobuses eléctricos en funcionamiento en 10 países de la región, incluida Argentina