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El diálogo fue el primer gran cambio de tono, ritmo y modo que eligió el gobierno a la hora de encarar las relaciones con los actores empresarios y sindicales. La primera tarea era recomponer el vínculo. Se cumplió.

Pero las expectativas juegan con protocolos diferentes. El diálogo, dicen ahora los gremios, ya no es un fin en sí mismo ni condición suficiente. El gobierno cree, no sin razón, tener todavía crédito en esta deuda. Para los gremios está saldada. Reclaman resultados.

El caso portuario es elocuente. Tan ausente estuvo el diálogo con todos los actores del sector en la administración anterior que no se tomaban decisiones hasta muy entrado el conflicto: el último paro realizado por los portuarios fue hace dos años, cuando se caía la concesión de una terminal y la política estaba ausente.

Desde múltiples despachos se convocó a la puesta en común de planteos. Pero 15 meses después, la frase del interlocutor gremial es la más contundente: “Se acabó la paciencia con el Gobierno, fue demasiada”, según manifestó Raúl Lizarraga, secretario de Puertos y Vías Navegables de colectivo gremial Fempinra.

Dos impaciencias copan los muelles: la dilación en la presentación de los borradores de los pliegos que determinarán la nueva fisonomía de las terminales de Puerto Nuevo, por un lado, y la mudanza al Mercado Central de los depósitos fiscales afectados por la traza del Paseo del Bajo, por el otro.

Roberto Coria, referente de los guincheros, dijo al respecto que el escenario es “sombrío”. “Vemos con preocupación que sigan insistiendo en cercenar el área logística de la actividad; y esto trae el fantasma de despidos”, manifestó. Tensa pulsión gremial por tocar el botón rojo: mientras continúa el estado de alerta y movilización permanente, la Fempinra no descarta realizar un paro al margen de la decisión de la CGT.

La decisión de mudanza de los depósitos fiscales, por ejemplo, tiene fecha perentoria: dos años. Las conexiones logísticas con el Mercado Central no compensarían ni una parte la eficiencia actual, atacada por el colapso. Además, es justamente eso: una decisión. El diálogo no dio frutos porque ni las empresas ni los gremios soportan la idea. Esta semana habría reuniones con el AABE (agencia estatal que dispone de los bienes del Estado) y la Administración General de Puertos (AGP). Pero los gremios no esperan mucho de esto. Y los empresarios todavía no se recuperan de haber sido puestos en evidencia por la Aduana por las investigaciones de contrabando.

El Gobierno no puede descansar en el diálogo recuperado como galardón sempiterno. Los gremios deben ser cautelosos también: es un año que politiza todo reclamo, por extemporáneo que sea. Y las empresas deben asomarse: ya se graduaron de la “Escuelita” de Moreno. Si nadie cede, todos tienen que ceder.