En diciembre, por cada 100 pesos de renta (valor de la producción menos costos) que generó una hectárea agrícola en la Argentina, $59 se destinaron a pagar impuestos.

El dato surge de la actualización trimestral del Índice que realiza la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA).

El estudio mide cuánto de la renta de un productor agrícola en la Argentina queda en sus manos. Teniendo en cuenta los impuestos nacionales, provinciales y municipales, se analizan cuatro cultivos: soja, trigo, maíz y girasol. Con esos datos se hace un promedio ponderado y es allí donde surge que el 59% de la renta va al Estado, dicen desde FADA.

Peso por cultivo

Mientras que el promedio ponderado de cultivos a nivel nacional es de 59%, si se analiza por cultivo, se observa que la participación del Estado en soja es del 64,8%, en maíz del 49,6%, en trigo del 60,7% y en girasol del 45,8%.

El Índice de diciembre es 17% más bajo que el de septiembre de 2023 (que había marcado un valor ponderado de 76,1%). La baja es explicada centralmente por el incremento en los rindes luego de aplicar el efecto sequía en las estimaciones anteriores, no por las medidas económicas tomadas por el nuevo Gobierno, aclaran los expertos.

Los analistas comentan que de las medidas adoptadas por la administración de Javier Milei hay tres que pueden tener efecto sobre esta medición:

  • Devaluación. La suba del tipo de cambio oficial mejora el poder de compra de los granos respecto de los costos en pesos como fletes y labores, que en lo inmediato se abaratan en dólares oficiales pero en los próximos meses se irán encareciendo. Por este efecto se puede prever alguna suba del Índice en las próximas mediciones.
  • Desdoblamiento cambiario. El desdoblamiento cambiario genera un tipo de cambio mayor para los insumos importados respecto al dólar exportador. En la práctica los insumos se cotizan a dólar oficial, pero los precios de los insumos están inflados en dólares por el efecto del dólar importador.
  • Apertura de importaciones. La eliminación del cepo importador debería ir reduciendo algunos precios en dólares que estaban inflados, pero irá sucediendo gradualmente a lo largo de las próximas semanas a medida que se vaya normalizando el flujo de pago de importaciones.

Derechos de exportación

Por otro lado, la suba de derechos de exportación fue anunciada y al momento de escribir este informe había sido enviada al Congreso para su tratamiento. Por ello, se realiza un breve ejercicio para analizar el impacto en este Índice.

De concretarse la suba de los derechos de exportación al 15% para maíz, trigo y girasol, el Índice FADA subiría de 59% a 60,4%, con subas de casi 3 puntos porcentuales en maíz y trigo y 13 puntos en girasol, pero el impacto en el promedio ponderado es menor debido a que la soja se mantiene estable.

Diciembre de 2019 marcó un Índice FADA de 60,5%; diciembre de 2020 se ubicó en 59,5%; diciembre de 2021 en 63,2%; y diciembre de 2022, 67,2% (este último estuvo afectado por la sequía, por lo que este diciembre de 2023 es el menor nivel para un diciembre de los últimos años).

Costos por moneda

Si se analiza la estructura de costos de los cultivos de acuerdo a la moneda en la que están expresados, se puede ver que un 58% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados mientras que el restante 42% están pesificados. Si se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, aquellos que son dolarizados en una hectárea de soja pasan a representar el 72%.

En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 62% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 38%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 69%.

¿Federalismo fiscal?

Los impuestos nacionales no coparticipables representan el 64,9% del total de impuestos que afronta una hectárea agrícola en la Argentina.

La composición central de estos impuestos son los derechos de exportación, a los que se le suma el impuesto a los créditos y débitos bancarios. Toda esa recaudación sale de las provincias a lo largo y ancho del país y queda en manos de Nación, son recursos que salen de las regiones y no vuelven, señala el trabajo de FADA.

Los impuestos nacionales coparticipables entre el Estado nacional y los Estados provinciales, representan el 32,2% de los impuestos medidos. Aquí tenemos principalmente el impuesto a las ganancias (neto del impuesto a los créditos y débitos) y los saldos técnicos de IVA.

Las provincias reciben parte del 32,2% como coparticipación, y también recaudan diversos impuestos.

Provincia + Municipio

En el Índice FADA se consideran el impuesto inmobiliario rural, el impuesto a los sellos y el impuesto a los ingresos brutos, con una alícuota reducida, ya que ni Córdoba ni Santa Fe, por ejemplo, cobran este último impuesto. Así, los impuestos provinciales representan el 2,7% de los impuestos totales.

Por último, los impuestos municipales representan el 0,2% de los impuestos en el Índice FADA promedio nacional. En provincias que cobran estos impuestos, la participación es mayor. El componente central de los mismos son las tasas viales o las guías cerealeras, de acuerdo a la provincia.

“Una particularidad de las tasas municipales y el inmobiliario rural es que son impuestos fijos que se actualizan a comienzo de año. Esto genera que con la devaluación vaya disminuyendo su participación en el total de impuestos y recuperen en la primera medición del año”, dice Natalia Ariño, economista de FADA.

El Índice mide la participación provincial, y arroja que mientras el Índice FADA nacional es de 59%, hay distritos que se encuentran por debajo de esa cifra, como San Luis (56,2%), La Pampa (56,7%), Buenos Aires (57,4%) y Santa Fe 58% y otros por encima, como Córdoba (59,1%) y Entre Ríos (60,4%).


Imagen de portada: Gerd Altmann en Pixabay