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¿Se acuerdan de la publicidad de los bombones Ferrero Rocher? “Las recepciones del embajador conquistan a sus invitados por su buen gusto internacional”, decía el locutor.

En el imaginario popular, el estereotipo de los diplomáticos es casi así: por lo general –o en su gran mayoríahombres que se mueven en un mundo glamoroso en el que alternan canapés con bombones Ferrero Rocher, que de vez en cuando envían un informe a su país desde algún palacete cómodo en el exterior.

Si es que aún quedara margen en el mundo actual para ese tipo de diplomático, Edgardo Malaroda, el embajador argentino ante Alemania, decididamente jamás entraría en esa categoría.

Esta profesión ha cambiado mucho. Ya no existe la diplomacia de la información a la antigua, como era en los años 30, en los ‘60 o los ‘70. Con el surgimiento de internet cambió todo. La información está disponible al segundo, por lo que las informaciones que debe producir un diplomático tienen que ver con lo que genera a través de entrevistas y contactos directos, con algo alternativo a lo que se obtiene a través de los medios de comunicación”, explica Malaroda desde Berlín.

“El diplomático tiene que ser alguien de gestión, con resultados concretos (…) Hay que lograr que el diplomático baje a las estructuras ciudadanas los productos concretos que se puedan obtener en el exterior”, dice el embajador argentino en Alemania, Edgardo Malaroda.

“Hoy el diplomático se tiene que reinventar, buscar resultados concretos que beneficien al ciudadano que vive en el territorio nacional. Porque el ciudadano también está conectado con todo el mundo y está al tanto de lo que pasa, está informado. Ese concepto de la diplomacia de la información dejó de tener sentido. Excepto para algunos casos concretos en los que es necesario contar con interlocutores gubernamentales, las cuestiones básicas de política interna y externa se pueden extraer de los diarios”, agrega.

Y en esa línea trabaja con dos conceptos que parecen casi una obsesión a lo largo de su carrera diplomática: cooperación y resultados concretos para los ciudadanos.

El diplomático tiene que ser alguien de gestión, con resultados concretos. En esto de la aldea global hay que mostrar esos resultados al ciudadano. Hay que lograr que el diplomático baje a las estructuras ciudadanas los productos concretos que se puedan obtener en el exterior”, enfatiza.

Qué son los hermanamientos

Los acuerdos de cooperación descentralizada, de amistad o hermanamientos, son una de sus herramientas favoritas.

Durante su paso por Francia logró cerrar más de 30. En el tiempo que lleva en Alemania (antes de ser embajador fue Cónsul general en Frankfurt) se han firmado 10 y hay otro tanto en lista de espera). Cuenta que su objetivo es llegar a 30 para entonces organizar “un gran foro de ciudades argentino-alemanas”.

¿De qué se trata este recurso por el que se hermanan ciudades o provincias de diferentes países?

“Es una linda herramienta que otros países trabajaron hace 20 o 30 años y que da muy buenos resultados. Es una política que en general no se usó en nuestra Cancillería. Cuando vas por Europa te das cuenta que no estamos hermanados con casi nadie, excepto con algún pueblo de Italia y ahora Francia. Es una excelente manera para profundizar la relación bilateral a nivel subnacional, federal y local. Es algo que le hace muy bien a la gente, y los resultados se ven pronto. Es más sencillo y efectivo profundizar la relación con la cuarta potencia económica del mundo y acceder a todo lo que puede brindarnos trabajando a nivel subnacional, con el agregado de que el beneficio lo reciben directamente las ciudades o provincias. En esos niveles es más fácil poner en contacto a los interlocutores y que lo que se consigue llegue directamente al ciudadano. Para que decanten las políticas macro siempre hay más dificultad porque los intereses de una ciudad difieren de los de otras, algunas necesitan de determinadas tecnologías por sus economías regionales y el Estado nacional no puede atender de forma inmediata los requerimientos diferenciales de cada una”, detalla el diplomático.

Agenda positiva

Con los hermanamientos o acuerdos de amistad se logra cooperación en el sentido más amplio y en los ámbitos más diferentes: intercambio de jóvenes de colegios secundarios; visas vacaciones-trabajo (los jóvenes de entre 18 y 30 años tienen acceso a una visa que los habilita a trabajar 6 meses en un país o en el otro, y tomar vacaciones otros 6 meses o capacitarse); escuelas de oficios; capacitación en diversos rubros (sector maderero, hotelería, gastronomía, turismo); intercambio de expertos para el asesoramiento y puesta en valor de edificios antiguos o históricos; intercambios deportivos de diferentes disciplinas (fútbol, rugby, hockey); etc.

Malaroda cuenta algunas de las experiencias que ya están en marcha, como la de Dolores (Buenos Aires) con Staufen (Baden-Württemberg).

“En el ámbito cultural es muy amplio lo que se puede hacer. La ciudad alemana hermanada con Dolores, por ejemplo, tiene el mayor Museo de bandoneones del mundo: 250 instrumentos. Es una localidad que tiene 10.000 habitantes. También tienen termas, viñedos y un gran teatro italiano. Ahora está viajando a la Argentina una camerata de música clásica con el lema “Bach visita a Piazzolla”, describe.

El hermanamiento entre San Miguel de Tucumán y Erfurt permitirá que la ciudad argentina reciba el asesoramiento de los expertos alemanes para poner en valor edificios históricos locales. Como en muchas de las ciudades de la Alemania Oriental, luego de la caída del Muro de Berlín, en la capital del Estado federado de Turingia, se generó una especialización en la materia a partir de la restauración de las construcciones que estaban en ruinas.

En el caso de San Miguel de Tucumán y Erfurt acordaron que la ciudad argentina aprovechará la experiencia y conocimiento que algunos de los habitantes de esta ciudad de Alemania del Este desarrollaron a partir de la caída del Muro de Berlín, en 1989, para poner en valor edificios históricos locales. Erfurt es la capital del Estado federado de Turingia, tiene más de 1250 años de historia y su casco antiguo medieval -uno de los más grandes y mejor conservados de Alemania- es motivo de orgullo para sus 200.000 habitantes. Como la mayor parte de las ciudades de Alemania Oriental, Erfurt cambió notablemente a partir de la restauración de las construcciones que estaban en ruinas o amenazadas con ser demolidas.

Hasta hoy, las siguientes ciudades argentinas han celebrado acuerdos de amistad con contrapartes alemanas: Villa General Belgrano (Córdoba), San Miguel de Tucumán (Tucumán), Ciudad de Buenos Aires, Rafaela y Malabrigo (Santa Fe), Dolores (Buenos Aires), Goya (Corrientes), y tres ciudades entrerrianas: Santa Anita, Colón y Piedras Blancas.

Malaroda cuenta que “en breve” firmarán San Jorge (Santa Fe), Villa La Angostura (Neuquén) y Lago Puelo (Chubut), y varias ciudades bonaerenses, como General Villegas, Coronel Suárez, Lobos, Luján y Pinamar.

Cómo emparentarse

¿Cuáles son los factores que se tienen en cuenta para hermanar dos ciudades? Hay diferentes “motores”, explica Malaroda. Uno puede ser el de la inmigración (colonias alemanas que se instalaron en la zona, como el caso de Entre Ríos), otras veces son personas que nacieron en alguna región de Alemania y que produjeron avances en algunas zonas de nuestro país; también cuentan las similitudes geográficas que producen problemáticas comunes: ciudades lacustres o con viñedos. “El diálogo puede ser productivo por la montaña o por el retroceso de los glaciares y cómo afecta la escasez del agua”, ejemplifica. Hay otros casos en los que el contacto se da a través de algún vínculo deportivo o la producción, el idioma, las escuelas secundarias… “Se buscan temas de afinidad o problemáticas comunes y ahí es donde se hace el intercambio de buenas prácticas”, explica el embajador.

Los acuerdos de cooperación descentralizados se dan en diferentes instancias. Además de los hermanamientos entre ciudades, Malaroda comenta que también están avanzando hacia una alianza estratégica entre dos provincias argentinas y dos alemanas: la provincia de Buenos Aires y Nord Rhein Westfalen (Renania del Norte Westfalia), la principal provincial alemana (tiene el 22% del PBI nacional, si fuera un país sería el séptimo de Europa por el tamaño de su economía), y Entre Ríos con Brandeburgo.

Por otra parte se está trabajando con Mecklenburg-Vorpommern que podría hermanarse con Chubut o Río Negro, y con Baden-Wurtemberg que haría lo propio con Córdoba o Santa Fe.

“Estas son las estructuras mayores, es más complejo pero se va avanzando con el mismo sentido: tratando de volcar a través de estas alianzas resultados concretos a nivel federal, que se tome conocimiento y se logren intercambios en los más diversos aspectos entre las unidades subnacionales de los dos países”, dice el embajador argentino en Alemania.

Hace poco, un interesante artículo de El País de España planteaba si en la era de las redes sociales las embajadas siguen siendo necesarias. Si el diplomático es alguien como Malaroda no quedan dudas de que la respuesta es sí. Más que “embajador Ferrero Rocher”, un “embajador Cooperación” en el más amplio sentido de la palabra.

Situada a 40 km de Frankfurt, la ciudad alemana de Bad Nauheim, recientemente hermanada con la entrerriana Colón, fue la residencia de Elvis Presley durante un año, mientras servía al ejército de los Estados Unidos, en Friedberg.

Colón y Piedras Blancas, las hermanas más nuevas

Dos ciudades entrerrianas son las integrantes más recientes del listado de hermanamientos entre ciudades argentinas y alemanas: Colón-Bad Nauheim (Hesse), y Piedras Blancas-Lichtenau (Baden-Württemberg), estrenaron su alianza hace apenas unas semanas.

Santa Anita había sellado su acuerdo con Hosenfeld (Hesse) el año pasado.

Alemania apoya la internacionalización de las ciudades y eso tiene que ver con una mirada de la política multicultural que seguramente viene de la posguerra. Así se formaron todos los hermanamientos entre Francia y Alemania. Fue a nivel de las naciones que decidieron que se hermanaran las ciudades. Prácticamente todas las ciudades alemanas tienen una contraparte francesa. Era en aquel momento un entendimiento más bien político. En el caso de la Argentina y Alemania creo que se trata de una herramienta riquísima. Alemania tiene mucho que aportar en oficios y técnicas, y nosotros también. Creo que es un diálogo de valores que hay que reforzar y cimentar dado que gran parte de los habitantes de nuestro suelo tienen orígenes europeos. Lo mismo podría darse con Francia, Italia, Suiza, Alemania o España”, dice Edgardo Malaroda, embajador argentino en Berlín.

Las ciudades grandes alemanas tienen en promedio entre 12 y 20 hermanamientos.

El diplomático cuenta que en el caso de Bad Nauheim, la ciudad hermanada con Colón, está situada a 40 km de Frankfurt, el segundo aeropuerto internacional más importante de Europa en pasajeros y el primero en carga aérea, además de ser el centro financiero de Alemania, sede del Banco de Desarrollo, de los principales bancos alemanes y del Banco Central Europeo.

“Además de ser una ciudad hermosa, es termal y clínica. Tiene uno de los mejores hospitales de cirugía cardiológica. Allí está el prestigioso Instituto Max Planck donde se realizan investigaciones pulmonares y cardiológicas. El dato de color es que allí vivió un año Elvis Presley, cuando tuvo que hacer el servicio militar en la comuna vecina de Friedberg, cuando los norteamericanos estaban estacionados en Alemania. Es una ciudad con grandes parques, y algunas empresas tecnológicas. Las dos ciudades tienen teatros maravillosos: Colón, el Teatro Centenario, y Bad Nauheim un teatro renacentista. Hay colinas y tiene un poco de vitivinicultura. En Colón hay tannat y están produciendo vino con los franceses”, dijo Malaroda.

Mientras Lichtenau está a orillas del Rin, Piedras Blancas, se extiende frente al río Paraná. En la ciudad alemana se especializaron en el desarrollo de polders para evitar inundaciones. El embajador Malaroda dice que parte del diálogo se dará seguramente en el ámbito de los temas medioambientales.

En el caso de Piedras Blancas, el embajador dice que tiene muchas similitudes con Lichtenau.

“Hay muchas ciudades a lo largo del Rin pero esta se mostró muy abierta, tiene casi la misma cantidad de habitantes (entre 6.000 y 7.000). Se va a establecer un diálogo muy puntual, los jóvenes de entre 18 y 30 años van a poder ir a estudiar, trabajar y especializarse. Piedras Blancas está a orillas del Paraná tiene algunas reservas naturales y algunas canteras de yeso. En Lichtenau tienen experiencia en generar polders para evitar inundaciones. Tiene una gran reserva natural. Se puede producir un gran diálogo ambiental, y también tienen una escuela de música con la que pueden trabajar las escuelas secundarias”, detalló el diplomático.

Fuente: El Día de Gualeguaychú