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En tiempos de aguas revueltas, se puede patear el tablero o actuar de manera cooperativa, dice Arancha González.

La Directora ejecutiva del Centro Internacional de Comercio (International Trade Centre), un organismo conjunto de la OMC y las Naciones Unidas cuyo objetivo primordial es ayudar a las empresas de los países en desarrollo para que sean más competitivas en los mercados del mundo, acelerar el desarrollo económico y contribuir al logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, admite que la gran reorganización que está ocurriendo en el comercio internacional hace que muchos países se pongan muy nerviosos.
Con su inconfundible tonada española a cuestas, González ocupa el cargo actual desde 2013, pero tiene una extensa experiencia en el mundo del comercio internacional (antes desempeñó cargos directivos en la OMC y la Comisión Europea, entre otros).
Algunas horas antes de presentar la iniciativa She Trades, una plataforma que ofrece a las empresarias de todo el mundo una red para conectar a los mercados (la actividad es parte del Foro Empresarial que se realiza durante todo el día en el CCK), dialogó con Trade News.

-Es un momento complejo y paradójico. EE.UU., el padre del libre comercio, critica a su hijo, y el tradicional vocero del proteccionismo (China) es ahora el más enardecido defensor de la globalización. ¿Cómo define el momento actual?
-Es un momento de transición por muchas razones pero sobre todo porque hay un reequilibrio del mundo. Es un reequilibrio geopolítico y económico. Si uno mira el mundo en el que esta organización fue construida, el 70% del comercio mundial era Norte-Norte y sólo el 10% era Sur-Sur.
Hoy el intercambio Sur-Sur es el 33% del comercio mundial, lo mismo que el Norte-Norte.
Es un momento de una gran transformación de nuestras economías. Lo llaman la Cuarta Revolución Industrial pero es una combinación de factores, una explosión de lo digital que está transformando totalmente nuestros sistemas económicos y laborales.
Esto está generando fricción y la cuestión es cómo la gestionamos. Podemos hacerlo pateando el tablero o de una manera un poco más cooperativa.
De lo que se trata esta reunión (por la XI Conferencia Ministerial de la OMC) es, ni más ni menos que lo que escuchamos el domingo de boca de cuatro presidentes de esta región: Lo mejor es gestionar la turbulencia de una manera colectiva, con reglas, con cierta previsibilidad, donde no sea pura y duramente la fuerza, la unilateralidad y el aislacionismo lo que se imponga.
Son dos maneras de ver el mundo, aunque es verdad que como estamos en medio de esa discusión y batalla es difícil saber quién tendrá razón. Yo lo tengo muy claro (dice sonriendo): hay fricciones que sólo es posible gestionar de una manera cooperativa.

 


-Son temas en los que se combinan dosis de subestimación y desconocimiento. El ex embajador de Uruguay ante la OMC, Guillermo Valle, es muy explícito para referirse a una opción u otra. Dice que lo que antes de arreglaba con las armas ahora se soluciona por medio de las reglas. ¿Es exagerado hablar de que lo que está en riesgo hoy en el mundo es mucho más que la gobernanza comercial?
-Lo que vemos en el comercio internacional se repite en otras áreas de la gobernanza global como el cambio climático, la gestión de la migración y los refugiados, en temas de geopolítica, en lo nuclear.
Esas dos visiones del mundo para simplificar se repiten: la cooperación o la unilateralidad se extiende hoy a todos los ámbitos de la vida política y económica de nuestros países y es preocupante porque las consecuencias de cometer un error son muy graves.
Si se subestima el cambio climático, por ejemplo, puede morir mucha gente ahogada por la subida de las aguas, las lluvias excesivas o por la sequía que azota partes centrales de nuestro planeta.
El hecho de cometer un error de cálculo en la gestión de nuestras diferencias políticas puede resultar en el iniciar una guerra nuclear. Son cosas serias.
En el comercio internacional el riesgo es imaginar que en el siglo XXI uno pueda solucionar sus diferencias comerciales por la vía de la unilateralidad, lo que puede dar lugar a una reacción en cadena donde la acción de uno lleve a la reacción del otro y entonces nos enredemos en lo que algunos llaman guerra comercial. Ahí, lo aseguro, no gana nadie.
-Hay un reclamo creciente respecto de la necesidad de aggiornamento de instituciones que nacieron en momentos muy diferentes y respondían a necesidades que ya no parecen cubiertas. ¿Se puede saldar la brecha entre lo que ofrecen las estructuras burocráticas y la demanda de la ciudadanía con la incorporación de nuevos temas, como la cuestión de género o la mayor participación de las pymes en el comercio internacional?
-Es que en medio de esta gran transformación estamos viendo varias cosas, como que hay un montón de reglas que tenemos hoy que a pesar de que nos dan un marco a todos, no todos se terminan beneficiando de la misma manera con su existencia.
No todo tiene que ver con las reglas en sí mismas sino en cómo las estamos acompañando con otras políticas. Es por eso que hay muchos miembros que están planteando en la OMC mirar cómo se están beneficiando las pymes de las reglas actuales, si es que éstas ayudan o no a la mujer empresaria a participar del comercio internacional. ¿Por qué de cada 5 exportadores hay sólo una exportadora?
No se trata de cambiar las reglas sino de ver cómo las estamos aplicando.
Entonces por un lado teneos que ver cómo hacer para que el comercio sea más inclusivo, y otra parte, resulta que no tenemos reglas en algunos temas que hoy son muy importantes para la economía, como puede ser el tema digital, donde la realidad va mucho más rápido que la gobernanza dentro de la organización.
Por ejemplo, en comercio electrónico hay muchos temas que no están regulados, pero ¿cuáles se deben regular? No todo es generar nuevas reglas y por eso hay que tener mucho cuidado con esta discusión.

Me pasa cuando hablo de mujeres y género. Siempre aparece un grupo de países que dicen no queremos reglas especiales para las mujeres, y entonces les explico que tampoco nosotros queremos que haya reglas especiales para las mujeres. No quiero poner a la mujer empresaria en un gueto dentro de la OMC.
Lo que digo es que si hoy de cada 5 exportadores sólo 1 es exportadora, tenemos que preguntarnos por qué e intercambiar mejores prácticas entre los países de la OMC para ver por qué en ciertos países logran que la cifra sea más pareja.
Lo que nos pasa con la OMC es que hemos limitado la organización a una organización que crea reglas. No, crea reglas, las aplica, litiga, las administra y crea espacios para discutir del tema que importan en el comercio internacional. Por eso todos estos ámbitos son súper importantes.
Lo que pasa es que dentro de esta gran reorganización del comercio internacional hay muchos países muy nerviosos.
-¿Porque pierden o porque no saben qué pasará?
-Creo que una gran parte del problema es la incertidumbre y ahí vuelven a aparecer dos posturas: Paren el mundo que me quiero bajar, o el mundo sigue girando y estas son las 10 cosas que me importan como país, estas son mis prioridades. Y entonces, sentémonos a ver las prioridades de los otros países para ver de qué manera se solapan y a partir de ahí cómo se puede generar una agenda común.