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En la última renegociación de deuda con el Club de París –ante el vencimiento de un pago por US$ 2400 millones– una de las principales potencias acreedoras, Japón, manifestó una preocupación: mientras la Argentina dilataba tiempos y los montos en esta instancia, con China cumplía sus obligaciones.

La delicada personalidad argentina de endeudarse, su cuestionable manejo de fondos para el desarrollo, la inestabilidad institucional para el cumplimiento de los compromisos y su mejor gimnasia probada –renegociar plazos– lo convierte en una nación “Peter Pan”, con giros caprichosos para postergar el desafío de crecer y madurar.

Los acreedores históricos –las potencias económicas occidentales con peso en el FMI y el Club de París– recelan sentarse a renegociar con una Argentina que hasta ahora elige a quién, cuándo y cómo pagarle.

Fondeo para el desarrollo

La carta global de los préstamos chinos es la infraestructura, transformarse en la Europa del siglo 21 en los países emergentes, fondeando el desarrollo. Lejos de caracterizar como inocente el financiamiento occidental del siglo 19, tampoco se puede ser ingenuo frente a la cosmovisión de influencia expansiva de China en los tiempos que corren.

China recurre a sus espadas de corporaciones estatales, y el mundo ya conoce cómo son sus condicionamientos y, sobre todo, cómo es el lazo de ahorque –un eufemismo del BRI (Belt and Road Initiative, la nueva Ruta de la Seda– ante los plazos y montos incumplidos. Como muestra, basta ver el papel chino en el fondeo del desarrollo de infraestructura ferroviaria en África, continente que le abastece un 30% del petróleo a la economía china.

África es rica en materias primas minerales cuyo procesamiento es la base de la diversificada industria tecnológica y manufacturera china. Cobalto, manganeso, coltán, carbonatitas, entre otros, son abundantes en las inestables potencias africanas y necesitan fuertes inversiones para su extracción y su transporte a las fábricas chinas. Los analistas se debaten sobre si se está ante un ejemplo consumado de “la trampa de la deuda”.

Paralelos

El paralelo con América Latina en general, y la Argentina, en particular es automático.

Convenir que el BRI es una “ayuda para el desarrollo” sólo es plausible para quienes lo promueven, en su mayoría, legisladores y funcionarios que firman esos acuerdos. Sólo pocas voces encienden las alarmas y reconocen su lado oscuro.

En la convulsionada argentina, un sindicalista, Juan Carlos Schmid, advirtió oportunamente que detrás de la expansión “financiera para el desarrollo” de China hay una búsqueda de exportación de excedentes y, también, de mano de obra. Consecuente en discurso y acciones, a Schmid le preocupan sus representados del Sindicato de Dragado y Balizamiento. Conoce a los chinos y cómo trabajan.

Mientras la estrategia de los gritos políticos de soberanía acalló el silencio para planificar, la posibilidad de que el andamiaje estatal chino se haga presente en otro campo de desarrollo e infraestructura logística de la Argentina es cada vez más real: el contrato de dragado del sistema de navegación troncal, es decir, el tramo argentino de la Hidrovía Paraná-Paraguay.

Por qué requiere el máximo de cautela una licitación de estas características: por la dependencia absoluta y estratégica para la economía argentina. Por la dimensión de sus obras, en términos casi académicos, merecería la selección de los mejores bancos de inversión y equipos multidisciplinarios, analizando desapasionadamente números, con un espacio de tiempo proporcional a lo que está en juego.

Descartada esta posibilidad por una apelación a lo “nuestro”, quedan algunos planteos, sólo para tildar y dejar asentados, porque la maquinaria está en marcha y los cambios de timón requieren menos tibieza y más sacrificios políticos, cualidades poco frecuentes en los administradores del Estado argentino.

Economía y medio ambiente

Uno de los aspectos por considerar es si los redactores de los pliegos que licitarán el mejoramiento de la concesión anterior darán preponderancia al peso de la ecuación económica de las propuestas. Este tipo de contratos suele basarse en un esquema de puntajes entre las distintas ofertas: si en el mix técnico, ambiental y financiero desempata o pesa más la alternativa más barata, es prácticamente imposible competir con una empresa pública china.

¿Valorarán los concedentes el desbalance que implica una competencia entre empresas privadas por un lado (muchas de ellas de capital abierto, con misión clara de rendir cuentas a sus accionistas, monitoreadas bajo parámetros de compliance) y la de empresas estatales chinas, por el otro lado, cuyo eje principal no es precisamente el lucro sino servir de puente para su influencia expansionista en las relaciones internacionales, como el mínimo de sus objetivos políticos?

A priori, según comentó una larga línea de funcionarios políticos, en los últimos cinco años (desde que comenzó el debate), este punto es demasiado sofisticado para incluirlo en los considerandos.

La salvaguarda ambiental podría ser la única carta válida para sopesar propuestas casi en igualdad de condiciones. Es el punto más subestimado.

Un segundo aspecto: el sentido común de darle continuidad a lo que funciona. Legalista al redactar los contratos –muchas veces con hipócrita sobreactuación al exigirles el cumplimiento a los privados– la Argentina niega la flexibilidad de un sistema abierto que contemple posibilidad y beneficios de continuar un proceso que funciona.

Con el aprendizaje capitalizado, puede exigir más, controlar más y hasta pagar menos si el objetivo principal del trabajo en cuestión se cumplió y cumple. En el caso del actual dragador de la hidrovía al menos, no puede objetarle nada en este punto. Por eso se encuadra en el fin del contrato para justificar su cambio.

Soberanía en serio

Un tercer aspecto: la soberanía oculta, o la soberanía en serio.

El concesionario actual, en su momento, reclamó en organismos internacionales una deuda que el Estado argentino mantenía por la ampliación de su contrato para realizar el dragado de Santa Fe al norte. La empresa belga, Jan De Nul, no profundizó esa demanda finalmente.

Fue durante la administración de Mauricio Macri que se manifestó la potestad del Estado soberano argentino de cancelar el contrato de concesión a una empresa privada, en este caso, Hidrovía SA, por razones que, luego, tampoco prosperaron. Ni la deuda se pagó. Ni la causa avanzó.

¿Cómo cancelaría la Argentina un contrato a una empresa estatal china por incumplimiento, con la cantidad de compromisos previos (de financiamiento, comerciales, de exploración del espacio…) que tiene con China? Frente a este estrecho margen de soberanía por ejercer, hay que explicitarlo: China no es ni una agencia de desarrollo ni un banco de inversión. ¿Se reconoce que detrás de las licitaciones a las que se presentan sus empresas estatales hay fábricas y empleo chino esperando por exportar manufacturas y servicios?

Beneficios

Volviendo a África, las principales denuncias sobre los contratos con China son sus “cláusulas” o condiciones que no pueden revelarse. O tratos especiales que logra. Por ejemplo, en la base china de Neuquén, bajo el “Programa chino de exploración de la luna”, en el marco de la ley 27.123.

Toda importación china, destinada a esa base, entra sin declarar posición, con una solicitud particular, sin declaración de ningún despachante, con la mera autorización de un funcionario. Es decir, en el máximo de los secretos, al amparo de la resolución 3628/14, y bajo el código 0000.04.49.000F, las mercaderías ingresan sólo pagando tasa de estadística, sin estar encuadradas en el régimen de comprobación de destino. Entran a la Argentina, con una declaración jurada. Esta versión se introdujo en junio pasado en los manuales operativos de AFIP.

Todo empleado que trabaje en esa facilidad se rige por las leyes chinas. No hay preocupación de soberanía en este punto.

En una reciente entrevista con el periodista Diego Genoud, de elDiarioAR, el secretario general de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid, afinó la sintonía de la “música del ruido” que se impuso en torno a una obra de remoción de sedimentos y mantenimiento de boyas, que se logró confundir mediáticamente con una carta blanca al narcotráfico, contrabando y la subfacturación de exportaciones, todo por el mismo precio de la “entrega de la soberanía”.

Citamos declaraciones de una entrevista que merece ser leída completamente:

  • “Nosotros hemos producido mucho conocimiento y experiencia en todas las operaciones, en los operadores de dragado y de balizamiento. Además, la ruta navegable está en muy buenas condiciones, más teniendo en cuenta que ahora hay una enorme bajante y el corredor sigue funcionando normalmente”.
  • “Esta no es una ruta navegable cualquiera. A los que dicen que la tarifa es cara les pregunto: ¿a quién queremos beneficiar? Porque por ahí no pasa Juan Pueblo (…) ¿De verdad, la rebaja del costo va a llegar al productor? Yo no lo sé”.

  • “Lo único que no puede hacer el Estado es interrumpir el servicio (…) Menos en esta época de bajante, que por lo que veo es la peor de los últimos 100 años”.

  • “Para recuperar la soberanía vos tenés que tener herramientas. Una cosa es el control, el manejo administrativo y la política pública. Otra cosa es la operación. Las dragas valen 25 millones de dólares cada una”.
  • “La ventaja de Jan De Nul es que está en el país operando hace 25 años y conoce. El conocimiento que antes tenía el Estado sobre las rutas de navegación ahora lo tienen ellos. Eso es una enorme ventaja”.