Mientras avanza la causa ante la justicia por sobrefacturación de importaciones de distintos tipos de bienes -en la que la Dirección General de Aduanas se constituyó como querellante y amplió la denuncia- salen a la luz nuevos delitos cambiarios que se apoyan en la importación de servicios, como por ejemplo el pago de los fletes.

Se trata de empresas que proveen servicios de logística y transporte internacional -muchos de los investigados son agentes de carga con larga trayectoria, otros son “jugadores nuevos” en el mercado- que giran más dólares “oficiales”, con dudoso soporte, gracias a que logran que su contraparte en el exterior “infle” la factura del flete, cuyo valor real es, o muy inferior del que acreditan en la certificación del flete, o simplemente el valor real pero pagado por su contraparte en el exterior.

Tanto las facturas de flete como su certificación son todos documentos que presentan ante el banco y la Aduana.

A más grande es la brecha entre el dólar oficial y el dólar paralelo, mayores son las ganancias de estas empresas. Este accionar al margen de la ley distorsiona la competencia en el mercado y pasan a operar cada vez más volumen por el “rulo blue”, producto de un contexto cambiario que, pretendiendo evitar la fuga de dólares, termina incentivándola.

Competencia desleal

“Hemos perdido clientes por esta cuestión”, contó en off un agente de cargas, que no sólo recibió de los clientes la queja de que “la competencia ofrecía fletes entre 2000 y 3000 dólares más bajos”, algo totalmente atípico en el mercado, sino que también fue tentado por colegas que buscaban “escalar en volumen la operatoria” haciéndolos partícipes en el rulo de la importación, o giro de divisas para el pago de fletes.

Sucede que los fletes internacionales no necesariamente se giran siempre al exterior. De hecho, las compañías marítimas lo cobran acá, en el país, “al tipo de cambio naviera” que es un poco más caro que el dólar oficial (alrededor de $ 10 pesos más).

Los fletes internacionales pagados en plaza local por exportadores o importadores o agentes de carga debidamente acreditados en los BL Madre o hijos (documentos de embarque del transportista y del forwarder) gozan legalmente del acceso al mercado único libre de cambios (MULC), mientras que “el rulo blue” naturalmente no.

Estos “delincuentes” como los grafica un agente de carga que sufre la competencia desleal, además de no pagar un sólo impuesto, aprovechan la complejidad y mil variantes de la logística para pasar desapercibidos como fantasmas, alzándose con enormes ganancias.

El modus operandi es muy variado, pero en todos los casos pasa por mezclarse en una trazabilidad de pagos que nadie, desde la autoridad, controla o comprende. Desde la Aduana estarían encontrando la huella del delito al chequear que quien paga no está relacionado a la operación, o bien que las certificaciones de flete resultan en sobrefacturaciones con fechas pre datadas o pos datadas.

Práctica reciente

Fuentes del mercado consultadas por Trade News reconocieron que el giro de divisas para el pago de fletes al exterior comenzó a exacerbarse a partir de 2020.

La factura por el flete cobrado en origen (en lugar de ser pagado en el país) puede (o suele) venir inflada con cargos en origen “que no son reales, por lo que el costo termina siendo entre un 50 por ciento más caro del valor real del flete”.

“Pero, al mismo tiempo, además de de acceder al mercado oficial de cambios para girar más divisas de las realmente pagadas, estos actores realizan certificaciones de flete que son presentadas ante la Aduana y que llegan a ser entre un 30 y un 50 por ciento menos del valor real del flete” explicó un agente de transporte aduanero.

Otro agente de cargas lo explicó así: “El flete de una importación, cobrado en origen, simplemente resulta un 100% más caro que si se logra que el mismo se pague en la Argentina. La brecha invita, y algunos exportadores chinos acceden a los descuentos de mano de ciertos forwarders que acceden al dólar libre y traen al país dólar “blue”; después es sólo cuestión de aceitar el margen con el resto para lograr ser “prolijos”.

La manera de verificar esto es simple, basta cotejar:

  • La factura “inflada” del agente del exterior presentada por el forwarder para acceder al mercado cambiario,
  • La factura emitida por el forwader al importador local
  • Y la certificación de flete, firmada por el agente de transporte , presentada ante el servicio aduanero, como documentación complementaria del despacho de importación (que no puede ser mayor el costo a la venta)

Escaso soporte

Los BL hijos y madres no siempre vienen fletados, por eso se acompaña la certificación de flete. Por eso, para cotejar el valor real del flete con el número de BL madre, se solicita el flete a la naviera y ahí surge su costo real: como se obtiene por sistema, aunque el flete se paga en origen, en destino te pueden informar el flete aplicado a esa operación.

Para un fiscal de oficio y para la propia Aduana basta chequear estos documentos. Incluso, el período de análisis puede limitarse a no más del último año, máximo dos años, donde surgirán nuevos operadores, por un lado, y operadores tradicionales que siempre pagaron el flete localmente y que recientemente comenzaron a incrementar volúmenes, descuidando el apego por el marco legal.

“La comisión o el handling de un agente ronda entre los 20 a 150 dólares por contenedor. Cuando los fletes aumentaron, llegaron a US$ 300 por contenedor. Más de esa plata podría involucrar gasto en origen que debe pagarse en destino, que puede llegar a los 500 dólares. Si es todavía más, ya estamos ante otra cosa”, resumió la fuente.

Se subfactura exportaciones para erosionar la base imponible para el cálculo de tributos aduaneros. Se sobrefactura importaciones para fugar dólares baratos y, luego, convertirlos al valor del paralelo.

Si bien, lamentablemente, esto no es algo nuevo, ahora, el tamaño de la brecha, despierta una codicia y tentación desmedidas.

Lo mismo en exportaciones

Lo que pasa en importaciones, en negativo, pasa en exportaciones también. Un agente marítimo detalló un caso bastante común.

Tradicionalmente, un frigorífico exportaba a Europa y pagaba localmente un flete que rondaba los US$ 5000. Luego, un forwarder “delincuente” le dice que le consigue un flete un 20% más barato. El frigorífico debe indicarle a su cliente que ahora él debe pagar el flete, en una cuenta del exterior, pero por un valor de US$ 4000.

La cuenta del forwarder donde el importador europeo depositará los US$ 4000 por el flete es en realidad la cuenta de una “cueva” que, tras percibir su comisión, le entrega al forwarder US$ 3840.

El flete de US$ 5000, al “dólar naviera” (alrededor de $ 150), equivale a unos 750.000 pesos. Pero los US$ 3840 del forwarder, en el mercado paralelo, son 1.152.000 pesos. Este forwarder le pagará finalmente a la naviera 750.000  pesos (probablemente a través de un depósito por cajero automático o vía transferencia de un “amigo”) y tendrá un margen de 402.000 pesos. Es acá donde la trazabilidad financiera es filtrada por “el rulo blue”.

“Por un contenedor reefer, que históricamente dejaba una ganancia de 200 dólares, máximo 250, con esta maniobra de intermediación este forwarder tuvo una ganancia de US$ 1340. Sólo en un contenedor”, advirtió el operador.

Contabilidad creativa

Por cada milímetro de restricción cambiaria y administrativa que se le imprime al comercio exterior, se multiplican los centímetros de variables y creatividad para sortearlas.

Por ejemplo, otro intermediario logístico se acerca al “frigorífico 1” y le plantea la posibilidad de pagar fletes por “exportaciones de otros frigoríficos”. Esas transferencias le permitirán achicar sensiblemente la base imponible para el pago de Ganancias.

En simultáneo, el forwarder del “frigorífico 2”, que debe pagar fletes en blanco, le compensará la transferencia “en negro” por un monto menor tras descontar su comisión. “Los beneficios al ahorrar impuestos entre amigos se comparten”, ironizó.

Su beneficio lo verá reflejado en un balance con mayores costos (y un 30% menos de Ganancias gracias a ese “flete”), al tiempo que recibirá “algo menos” de $ 750.000 en billetes de parte del forwarder que, más que experto en logística, es un especialista en “finanzas creativas”.

Nuevamente, a mayor es la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, más jugadores se suman y “mayores son los descuentos por fletes que pueden llegar a ofrecer”.

Desconocimiento en el banco

“Las compañías marítimas no se enteran porque son maniobras que hacen los comerciales, así como el dueño del frigorífico no está al tanto de cuántos contenedores pagó ni de cómo lo hizo su gerente financiero”, explicó un operador de comercio exterior con muchos años en el mercado.

“En este caso es muy común que o por desconocimiento, o por connivencia, el ejecutivo de comercio exterior del banco acepte una factura donde establece que se debe girar 500.000 dólares por el valor de la mercadería y 30.000 dólares por el flete, por ejemplo. Como le presentan una certificación de flete y el valor del mismo según consta en el BL House (documento de embarque emitido por el forwarder para cada cargador), no hacen más preguntas y tramitan el giro. Pero esos 30.000 dólares de flete quizá no se pagaron. Quizá lo pagó el exportador en origen a la agencia marítima de su país”, explicó un operador.

“En el mercado -continuó- le dicen “Master prepaid house collect” (pago por adelantado del flete por parte del agente de carga al transportista) y todos contentos. Eso sí, pocos de estos ejemplos superarían una auditoria aduanera ya que algunos actores nada tienen que hacer en esa película”, concluyó.

Venezuela

Antecedentes locales hay muchos, pero el caso más vigente (y al que podríamos llegar a dirigirnos) remite al control de cambios instrumentado por Hugo Chávez en Venezuela a través de la Cadivi (Comisión Nacional de Administración de Divisas), donde debía tramitarse un para acceder a los dólares baratos para importar. El régimen funcionó entre 2003 y 2014, y fue todo un ejemplo de escándalo por corrupción de funcionarios y estafa al Estado.

La brecha cambiaria en Venezuela llegó a superar, hace 10 años, el 700%. En ese momento, el comercio exterior pasó a ser un ámbito extendido también para los magos financieros: surgieron importadores fantasmas o importadores de múltiples productos para tramitar estos permisos en la Cadivi, de lo que sea: el único objetivo era fugar dólares baratos, que era a los que accedían los importadores de insumos básicos, principalmente.

Un agente local recuerda que en un momento había ingresado a su cuenta más de 700.000 dólares de un importador venezolano. Había faltantes de pollos en Venezuela y Chávez había autorizado su importación, por los que todos salieron a tramitar a la Cadivi. “Me salió el certificado Cadivi y ahora necesito los pollos”, le había dicho la contraparte venezolana que, de un día para otro, necesitaba llenar 50 contenedores de carne aviar para cumplir, y ya había girado el valor del flete.

El negocio, hoy, ya no son los honorarios de estos intermediarios, que los sacrifican en honor a la brecha y a la magia multiplicadora de las finanzas en contextos de cepos cambiarios, administración del comercio exterior y valuación de capacidad económico financieras de las empresas.


Imagen de portada: “Before“, por OneEighteen (CC BY-NC 2.0)