En una guerra no hay ganadores. A lo sumo, habrá algunos que pierdan un poco menos.

El mismo principio puede aplicarse a los hipotéticos beneficios de terceros países –como la Argentina- podrían obtener a partir de un conflicto bélico como el que se está dando en Ucrania tras la invasión rusa.

Como reconocidos productores y exportadores de commodities agrícolas y energéticas, apenas comenzado el conflicto y al mismo ritmo al que aumentaba la incertidumbre global sobre los efectos de la escalada, empezaron a multiplicarse las especulaciones sobre el alcance del impacto en la economía mundial y, de modo particular, en la Argentina.

Beneficios colaterales

¿Podría beneficiarse nuestro país a partir de un aumento generalizado en el precio de las commodities?

Aunque aclara que el resultado final dependerá en gran medida de la duración y amplitud del conflicto, Héctor Torres señala que ya se está viendo un aumento en el precio de los productos básicos, tanto los que cereales y granos que exportamos, como los hidrocarburos que importamos.

Y entonces, el ex Director Ejecutivo por Argentina y Brasil en el Fondo Monetario Internacional (FMI) explica que dada la gran sensibilidad a las tensiones geopolíticas, “los aumentos de precios de los hidrocarburos podrían afectarnos más que las mejoras en los precios de nuestras exportaciones de cereales y granos”.

Vuelo a la calidad

¿Y a nivel financiero? Habrá un flight to quality, lo que implica un aumento de la aversión al riesgo. O sea, menos inversiones en economías vulnerables como la nuestra y en activos expuestos a Rusia, comenta. El Euro podría depreciarse, y es previsible una apreciación de monedas e inversiones de refugio (como el oro, franco suizo, dólar, y los bonos del Tesoro), describe Torres antes de agregar que como la deuda externa Argentina está mayormente en dólares, la apreciación de esa moneda aumentaría su peso relativo sobre el producto y la recaudación.

Respecto del impacto del nuevo contexto en la firma del dilatado acuerdo con el FMI, Torres, Senior Fellow del Center for International Governance Innovation de Canadá, dice que el aumento del precio internacional de los hidrocarburos hace todavía más insostenibles a los subsidios locales a la electricidad y al gas. “Será crecientemente difícil convencer a los países del FMI que sus contribuyentes paguen por los subsidios argentinos”, explica el experto.

Problemas domésticos

Cuando se lo consulta sobre el tema, Marcelo Elizondo responde que la Argentina tiene sus problemas macroeconómicos domésticos y su problemática está afectada especialmente por los inconvenientes domésticos, más allá de que lo que pasa en el mundo le impacta en el margen.

En ese “margen” –describe- el país tendrá a favor que subieron los precios de las commodities agrícolas, y no solamente por problemas de abastecimiento reales, actuales o previstos de parte de Rusia o Ucrania (grandes exportadores de grano, trigo y girasol), sino también porque los inversores que compran futuro de granos y commodities agrícolas alientan más la suba de precios.

El presidente del capítulo local de la Cámara de Comercio Internacional destaca como “contracara” de ese supuesto beneficio, el aumento en el precio de las commodities energéticas, como el petróleo.

“Siendo deficitaria y habiendo pagado tan barato el gas y el petróleo el año pasado, la Argentina sufrirá porque habrá que pagar mucho más caro esa importaciones. Y otro tema que hay que considerar es la salida de los capitales de los países emergentes por un vuelo a la calidad ante la incertidumbre”, comenta.

Rusia y Ucrania concentran el 78% del comercio mundial de aceite de girasol, el 28% del comercio de trigo y el 19% del maíz.

Refugio

Según Elizondo, en ese tipo de contexto, los inversores venden activos financieros de los emergentes que no son seguros y se refugian en el oro o en los bonos del Tesoro de Estados Unidos, y eso se ve en el caso de los bonos de la Argentina que se han ido mucho más debajo de lo que estaban. “Todo eso puede generar una presión cambiaria y ciertos problemas de competitividad relativa con otros que puedan ajustar el tipo de cambio nominal aún más que el argentino”, añade.

Julieta Zelicovich hace una lectura global del tema: “El conflicto ruso-ucraniano proyecta más sombras que luces sobre la economía internacional”, advierte.

Doctora en Relaciones Internacionales, profesora en la Universidad Nacional de Rosario e Investigadora de Conicet, recuerda que los organismos internacionales como el FMI o la Organización Mundial del Comercio (OMC) habían corregido a la baja sus expectativas de crecimiento para este año, y que el estallido del conflicto no hace más que acentuar los riesgos globales.

Alarmas

En términos de precios, se observa un incremento en commodities agrícolas que contribuye a una ya elevada tendencia a la suba de los precios internacionales dice Zelicovich antes de explicar por qué eso enciende las alarmas.

Por un lado, menciona la preocupación de los bancos centrales en los países desarrollados por la inflación, y por otro, también en los países más pobres, la problemática que representa la seguridad alimentaria.

La analista suma lo que pasa por el lado energético. Allí también el conflicto dispara inestabilidad en gas y petróleo, afectando las proyecciones de la economía internacional.

“La clave en la dimensión económica estará dada por la extensión geográfica y temporal del conflicto: cuánto se proyecta en la actividad de los próximos meses, cómo se internaliza ese riesgo internacional, y qué medidas toman los gobiernos para amortiguar esos efectos”, concluye.

Ideología

Teniendo en cuenta las recientes declaraciones y gestos políticos del Gobierno hacia Rusia y China, ¿puede el conflicto ruso-ucraniano afectar de modo especial a la Argentina o las consecuencias económicas y financieras no distinguirán ideología en la región?

“Es de nuestro interés recibir inversiones y aumentar el comercio tanto con EE.UU. como con China y Rusia. Pero las tensiones geopolíticas y la creciente vulnerabilidad de nuestra economía pueden afectar nuestra capacidad de mantener relaciones comerciales y de inversión “normales” con los países directamente envueltos en el conflicto”, responde Torres.

El economista y ex representante en el FMI, asegura que la invasión rusa es una clara violación de la carta de la ONU y de la integridad territorial de Ucrania, y que la prolongación del conflicto nos obligará a tomar partido.

“No hacerlo podría ser interpretado como un apoyo para la potencia que desafía al orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, la actitud que adoptemos se reflejará en el directorio del FMI”, concluye.