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Lejos de las utopías de los ambientalistas que agitaron las banderas de la ecología en un primer momento, el cambio climático –y todos sus derivados- ocupa un lugar destacado en la agenda política, económica y geoestratégica del mundo, y la realidad indica que la tendencia se profundizará con el paso del tiempo.

Ovais Sarmad, secretario ejecutivo adjunto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), fue contundente: “No tenemos un Plan B, un planeta Tierra de repuesto ni tiempo para dar respuesta a los desafíos. Las acciones necesarias son urgentes”.

Ovais Sarmad, secretario ejecutivo adjunto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, durante su presentación en la Jornada T20 y Cambio Climático, en Buenos Aires

Sus palabras resonaron en la sede de la Universidad de la Defensa Nacional, que junto con el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), el Centro para la Implementación de Políticas Públicas Promoviendo la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) organizaron la Jornada “T20 y Cambio Climático: Planeamiento, Riesgos y Respuestas frente a la Emergencia”. El Think 20 reúne a organizaciones no gubernamentales cuyo objetivo es presentar recomendaciones de políticas públicas en base a investigaciones efectuadas por sus diez grupos de trabajo temáticos mientras corre la cuenta regresiva para la Cumbre del G20 que la Argentina presidirá a fines de este año.

Sarmad explicó que la Convención sobre Cambio Climático está integrada por 197 países, que por primera vez el mundo estuvo de acuerdo en la importancia del tema y que por eso no sólo se firmó el Acuerdo de París, sino que se ratificó mucho antes de lo previsto, pero advirtió que el principal objetivo ahora es que se haga operativo.

“La semana pasada, en Bonn, casi 200 países nos reunimos para ver cómo se implementará el Acuerdo de París que es muy bueno, pero que no queremos que quede cajoneado. Hemos logrado bastantes avances para la Cumbre de Polonia, de fin de año, y sería muy bueno un apoyo político en el G20. Si París no se instrumenta, no sirve”, sentenció.

Luego de hacer una referencia local –“el glaciar Upsala se derrite rápidamente, hay inundaciones y sequías en la Pampa. El año pasado fue record de calor. Se dan fenómenos  extremos y hay pruebas científicas de que los humanos somos responsables de los mismos”-, habló del importante rol que tiene la Defensa en el tema ya que debido al cambio climático hay amenazas para poblaciones en diferentes partes del mundo que se ven obligadas a migrar.

Efecto verde sobre los planes de estudio de los militares

El ministro de Defensa, Oscar Aguad, había comentado durante su alocución el doble desafío que le cabe a la cartera que dirige. “Estamos de los dos lados del mostrador, por un lado nos corresponde la preservación de los recursos naturales, tanto en la tierra como en el mar. Y por el otro, somos parte del equipo para mitigar las consecuencias del cambio climático: inundaciones, sequías, calamidades”.

Agustín Campero, Secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Oscar Aguad, ministro de Defensa; Sergio Bergman, ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Gonzalo Alvarez, Rector de la Universidad de la Defensa Nacional; y Adalberto Rodríguez Giavarini, presidente del CARI

Y luego detalló que como parte del “proceso de reconversión de las Fuerzas Armadas” a raíz de que las hipótesis de conflicto que existían en el siglo pasado ya no existen y hoy “las amenazas implican el cuidado del espacio aéreo, marino, cibernético, pero también el medioambiente”, se evalúa “la reconversión de los planes de estudio de los colegios militares”.

La relación entre cambio climático y Defensa es mucho más estrecha de lo que parece a primera vista. ¿Un buen ejemplo? Estados Unidos.

Poco importan las bravuconadas de Donald Trump. Más allá de las dificultades coyunturales que puedan producir decisiones como las de retirar al país del Acuerdo de París sobre Cambio Climático o no financiar actividad u organismo alguno relacionado con el tema, según la publicación mexicana Ladobe, el Ejército norteamericano podría ser uno de los principales aliados para revertir esa postura: Un informe presentado por la Armada en 2011 determinó que un aumento del nivel del mar de 90 cm pondría en peligro 128 instalaciones del Departamento de Defensa, con un valor total que rondaría los US$100.000 millones, entre otros efectos negativos.

Refugiados climáticos

Aunque oficialmente el término no es reconocido –por ahora-, Sarmad habla de “refugiados climáticos” y de la estrecha relación que existe entre el cambio climático y las migraciones.

Durante una charla con un grupo de periodistas puso como ejemplo el desplazamiento de alrededor de un millón de personas de algunos países africanos y Siria hacia Europa a raíz de diferentes conflictos, con las implicancias políticas y económicas que eso tuvo. Y advirtió: “El impacto del cambio climático hará que eso parezca un número pequeño. Actualmente hay en el mundo entre 300 y 400 millones de personas que viven en países en desarrollo, en zonas bajas, al nivel del mar. Y si el nivel del mar sube, esa gente tendrá que irse a otros sitios”.

El secretario ejecutivo adjunto de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático explicó que en algunos casos esas migraciones son internas, pero que en muchos otros, se van a otros países, y citó un caso extremo, el de la paradisíaca isla de Kiribati, en el Pacífico, que ocupa el tercer puesto en el top ten de las islas que pueden desaparecer en los próximos años debido al cambio climático. ¿Dónde irían a vivir sus 100.000 habitantes?

La paradisíaca isla de Kiribati, en el Pacífico, figura en el top ten de las islas que podrían desaparecer en los próximos años a causa del cambio climático

A su turno, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, dijo que “los cambios son tiempo y procesos, y muchos de ellos no se logran en una gestión, y por eso hay que tener el coraje de bancarse la transición y sembrar para un futuro mejor. El concepto de futuro en estas políticas no es lo que va a venir, eso es el destino. El futuro es lo que hacemos en el presente para que suceda. Si no lo hacemos en el presente, no hay futuro”.

“Suscribimos el Acuerdo de París y estamos trabajando en el Compromiso de Cambio Climático con compromisos vinculantes, solvencia técnica y académica porque en la Argentina nos encantan las discusiones ideológicas y nos saltamos las lógicas. Lo que no se mide, no se puede inventariar ni registrar, no se puede evaluar y entonces no es política de Estado. Por lo tanto eso no lo tiene que hacer el voluntarismo del discurso sino la ciencia dura de la academia, que es la herramienta independiente, que no puede fijar ideología sin antes tener la línea de trazabilidad de lo que tenemos que medir”, dijo Bergman.

De la caridad a las barreras paraarancelarias

Ahora que queremos entrar a la OCDE, al G20, al mundo de los desarrollados, tendremos que asumir antes que derechos, obligaciones. Entrar es a rendir examen”, comentó antes de advertir que “para que algo sea sostenible tienen que cambiar las reglas de mercado y tenemos que hablar de economía. Por eso en el G20, en OCDE y en los lugares en los que se viene para ver cómo hacemos negocios y entramos en el mundo desarrollado, este tipo de acciones no son de tipo caritativas verdes, son acciones vinculantes de lo que mañana pueden ser barreras paraarancelarias. En vez de tarde y mal, ¿por qué no hacemos temprano y bien las cosas? Argentina no pretende todo pero quiere ser parte para discutir con rigurosidad”, concluyó.

Youba Sokona, vicepresidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), otro de los invitados especiales de la Jornada, definió la cuestión del cambio climático como “un bien colectivo global” porque claramente, explicó, “no hay fronteras en las emisiones. Lo que pase en un país nos afecta a todos sin importar a dónde sea que surgen las emisiones”.

Dijo que el rol de los medios es clave para promover un cambio en el comportamiento y mentalidad de la sociedad porque eso no ocurrirá de un día para el otro. “Somos parte del problema y tenemos que aportar una solución. Un cambio de comportamiento en los consumidores ejercería una presión importante en los decisores de política”, comentó.

Aunque los expertos admitieron que el año pasado se registró un aumento de las emisiones en todo el mundo después de tres años de descenso, se mostraron optimistas y esperanzados por el futuro.

El costo de las energías renovables se redujo de manera importante y muchas empresas (y países) decidieron empezar a invertir para cambiar su matriz energética, comentaron. Aunque al mismo tiempo admitieron que las energías fósiles siguen siendo más baratas y que por eso un punto importante es definir la manera para hacer más accesible las tecnologías limpias a los países menos desarrollados.

Soy optimista porque más allá de todo, hay más conciencia social sobre el tema. Los medios comunican estos temas de forma más efectiva y con mayor alcance que antes y creo que se llegará a un consenso. A diferencia de lo que pasaba hace unos años ahora hay un cambio social, la gente se dio cuenta de que tiene que cambiar sus hábitos, desde la separación de los residuos al uso de tecnologías limpias”, concluyó Sarmad.