El nuevo concesionario de la Vía Navegable Troncal hizo una presentación en sociedad ante el Centro de Navegación en el que se notó que se puso metas más exigentes que las del propio contrato. Vías Navegables Argentina (VNA), el vehículo de Jan De Nul y Servimagnus, promete ejecutar en 9 meses el dragado de mantenimiento para el que el pliego le concede un año, completar en 6 meses la apertura del Río de la Plata a 36 pies que podría demorar 12, y resolver en 2 años la profundización a 40 pies que el contrato tolera en 3.

Compromiso al margen, a la luz del historial argentino al respecto, tan importante es también quién y cómo va a medir los resultados.

El contrato completo

La presentación, a la que accedió Trade News, recorre el contrato completo: dragado por etapas, balizamiento, modernización tecnológica, estudios de factibilidad, respuesta a derrames, gestión ambiental y régimen tarifario.

Los volúmenes son la columna vertebral. La Etapa 0 —mantenimiento puro, sin apertura ni profundización— demandará 19,4 millones de metros cúbicos con una flota de cinco dragas. La Etapa 1 suma la homogeneización del Río de la Plata a 36 pies (21 millones de metros cúbicos de apertura). La Etapa 2, la mayor del proyecto, moviliza 112 millones de metros cúbicos para llevar el Paraná a 40 pies hasta Timbúes, con diez dragas y un mantenimiento recurrente posterior de 44,9 millones de metros cúbicos anuales hasta el fin de la concesión. VNA incluso dimensionó un escenario de evento El Niño: 63,8 millones de metros cúbicos anuales y una flota ampliada a doce dragas. Ventajas inmediatas que prueban el beneficio de la experiencia acumulada

El capítulo comercial trae el dato de vigencia inmediata: desde el 10 de este mes a las 0 horas rige el nuevo tarifario, con la reducción del coeficiente de peaje de 4,3 a 3,8 dólares por TRN, un tope de 39.000 TRN para el cálculo de la tarifa de cruceros y un descuento por derivaciones al Canal Martín García.

Dichos tácitos

Tres lecturas quedan por debajo de la superficie de la presentación.

La primera: el pliego dejó de ser la vara relevante. Cuando el concesionario publica ante los usuarios una tabla comparativa entre sus plazos propuestos y los hitos contractuales —y en todas las filas se compromete a menos tiempo—, el estándar exigible ya no es el mínimo licitado sino la promesa voluntaria. Lo mismo vale para los niveles de servicio del sistema de monitoreo SiMon: 99% de disponibilidad, una hora de respuesta ante incidentes, un día para resolverlos. Nada de eso era retórica de campaña: son números auditables, con fecha.

La segunda: la variable indefinida del contrato es el Estado, no la empresa. La única casilla vacía en 49 láminas de precisión milimétrica es estatal: los ocho centros de monitoreo —dos de tipo I, seis de tipo II— tienen “ubicaciones aún no definidas”, se espera instalarlos en dependencias de la Prefectura Naval y serán operados por personal de la Prefectura y/o de la Autoridad de Aplicación y Control. El concesionario detalló su parte a la draga-semana.

La tercera: la autocrítica ambiental define la agenda del control. VNA comparó el monitoreo ambiental de la VNT con el del Rin, el Danubio, el Yangtsé y el Mississippi, y admitió las debilidades del sistema: baja frecuencia de monitoreo de agua, escasa integración biológica, contaminantes emergentes sin cobertura, ausencia de monitoreo continuo en tiempo real. Podría leerse como un gesto de honestidad técnica. También es, involuntariamente, la agenda servida para la Comisión de Gestión Ambiental del Consejo de Control.

A la espera del acta

Es el punto de fuga. La resolución 47/2026 de la ANPYN creó el Consejo de Control de la VNT como órgano colegiado y consultivo, con plenario bimestral, comisiones especializadas —tráfico y régimen económico, gestión ambiental, seguridad y tecnología, infraestructura— y presidencia de la Agencia con voto dirimente. Las comisiones calcan, capítulo por capítulo, el índice de la presentación de VNA.

Exponer ante usuarios es un comienzo auspicioso: el principal cliente del sistema recibió un caudal importante de capital informativo en una tarde, proporcional y simbólicamente mayor al que circuló en tiempos de la concesión anterior. Pero la transparencia ante una cámara privada es una cortesía bilateral; el control institucional exige que esa misma “granularidad” —metros cúbicos, draga-semanas, niveles de servicio— ingrese al circuito del Consejo, quede registrada en actas y se contraste bimestralmente.