“Cuando llegaron al gobierno se dieron cuenta de que el Mercosur tiene una relevancia muy grande, y la relación con Argentina es bastante importante.”

Esa es la respuesta de Welber Barral cuando se le pregunta por la promesa de campaña que hizo Jair Bolsonaro respecto de reducir el Mercosur a la mínima expresión.

Consultor de organismos internacionales y empresas en América latina desde hace más de 30 años, el ex secretario de Comercio Exterior de Brasil entre 2007 y 2011, traduce con sus palabras lo que en Argentina se conoce como el Teorema de Baglini.

El enunciado que en 1986 hizo el entonces diputado de la UCR Raúl Baglini sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o de un dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder.

Más de 30 años después, la realidad de encarga a diario de demostrar la validez del razonamiento.

Welber Barral, ex secretario de Comercio Exterior de Brasil, apoya la idea de que el sector privado presente propuestas para revitalizar el Mercosur.

Del discurso a los hechos

“El gobierno de Bolsonaro empezó con un discurso en el que anunciaba que llevaría adelante una reforma de lo que consideraba una tradición tercermundista de Brasil. Hubo un fuerte discurso de acercamiento con Estados Unidos, Israel y países como Italia y Hungría, que tienen gobiernos de derecha. Todo empezó con una visita presidencial por EE.UU. e Israel, y la idea de que Brasil tiene que avanzar con acuerdos económicos más importantes para desarrollarse”, relata Barral.

-¿Hasta qué punto son coherentes las actuales políticas con el discurso de campaña?

-Una vez que llega la vida real, hay una distinción muy clara entre las medidas y el discurso. Primero, porque Brasil nunca fue un país que sólo viera o se relacionara con naciones en desarrollo. Y por otro lado, cuando llegaron al gobierno se dieron cuenta de que el Mercosur tiene una relevancia muy grande, y la relación con Argentina es bastante importante.

De todas maneras, aunque empiezan a ver la realidad, también persiste un discurso de que Brasil estaba muy aislado y que tendría que intentar alcanzar acuerdos más amplios con los países más desarrollados.

Cobra más fuerza la idea de que Brasil tiene que intentar cerrar un acuerdo con la Unión Europea (UE), Canadá y Corea como prioridades para este año.

Por otro lado, se insiste con que Brasil tiene que abrirse más al mundo y hacer una reducción de aranceles.

En esa línea hay una expectativa del gobierno Bolsonaro de que cuando Brasil ocupe la presidencia del Mercosur, en el segundo semestre de este año, se propongan algunas reformas del bloque o del mecanismo de decisión del Mercosur.

Eso es lo que está en la cabeza del gobierno de Bolsonaro sobre todo para avanzar más con acuerdos internacionales y la negociación de aranceles.

Cortarse solo

-¿Incluye en esas reformas del Mercosur el hecho de que los países puedan firmar acuerdos de modo independiente y que las negociaciones no sean necesariamente en bloque?

-Según dice el gobierno, ellos intentarán seguir con una política de negociación del Mercosur como bloque, pero si el bloque no avanza, la alternativa sería cambiar la regla que no permite sellar acuerdos propios.

-Más allá de la interminable negociación con la UE (los contactos comenzaron en 1994), en el último tiempo el Mercosur retomó su agenda con otros países y bloques. ¿Qué cambió para creer que esta vez pueden registrarse avances concretos?

-En los mecanismos de negociación, las ofertas están sobre la mesa desde el año pasado. Ahora lo único distinto es el optimismo del gobierno (de Bolsonaro). Los que estamos hace muchos años esperando que Europa se mueva somos menos optimistas.

El nuevo gobierno es tan optimista que cree que este año podría terminar la negociación con Europa.

Los presidentes de Argentina, Mauricio Macri, y de Brasil, Jair Bolsonaro, coincidieron en que el Mercosur debe “modernizarse”, solo que hasta ahora no hay pistas concretas de qué significa esa definición.

-Hace algunos días se anunció el acuerdo para que los integrantes del Parlasur no sean elegidos de modo directo. Algunos interpretan la decisión como un freno a la integración política, otros sostienen que se trata meramente de una cuestión económica. ¿Cuál es tu visión?

-Creo que hay parte de las dos cosas. En el caso de Brasil nunca se hizo la elección directa de los miembros del Parlasur, sea porque la estructura electoral de Brasil ya es bastante complicada, o porque el propio Congreso nacional nunca lo apoyó… Brasil tiene eso de mirarse mucho a sí mismo y privilegiar sus propios problemas.

La elección directa de los representantes para el Parlasur nunca fue una cuestión prioritaria de agenda.

Por otro lado, todos los países del Mercosur tienen temas de presupuesto.

En Brasil ya existe una crítica importante a los gastos legislativos. El país tiene más de 500 diputados. Hay una propuesta para reducir ese número y por eso, la idea de tener aún más costos no tendría un impacto positivo en la población.

-¿Cuántos ministerios hay en Brasil?

-Hoy 22, la administración Bolsonaro redujo 10. Había prometido llegar a 16 pero no pudo.

Pero la verdad, aunque esas medidas son señales importantes y en algunos casos tienen mucho sentido desde el punto de vista de la coordinación (había ministerios que se superponían en sus funciones), a la hora de evaluar la reducción de costos que acarrea, es un número pequeño, porque la cantidad de funcionarios sigue siendo la misma.

El papel del sector privado

-Durante la Conferencia de Comercio Internacional que realizó la CAC, representantes de Cámaras de Comercio de Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia (en proceso de adhesión) y Chile (Estado asociado), coincidieron en la necesidad de que el sector privado se involucre para rescatar al Mercosur. Por otro lado, la Cámara de Importadores de la Argentina elaboró un documento en el mismo sentido e inició contactos con la Federación de Industrias de Estado de San Pablo (Fiesp)

-Es muy bueno eso. Estoy de acuerdo con que el sector privado tiene que presentar propuestas. El gobierno de Brasil, de modo especial, se ha metido en tantas iniciativas que su capacidad técnica es muchas veces limitada. Por eso es necesario que el sector privado haga propuestas en lo que se refiere a reglas de inversión, por ejemplo, y en temas de convergencia regulatoria donde aún hay barreras importantes.

Son cuestiones que el sector privado conoce mucho más que el sector público. Es importante que se hagan propuestas sobre reglas claras y transparentes.

Sin dudas es una tarea pendiente del sector privado que en los últimos años se quedó inmovilizado.

Argentina es el primer mercado de exportación para los productos manufacturados de Brasil. Hay que mantener y fomentar el crecimiento del comercio regional y eso es algo que todavía no está en la agenda principal del gobierno de Bolsonaro, que criticó mucho y dijo que el gobierno de Lula era muy ideológico, pero ellos son más ideológicos.

Hace poco, el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, dio una conferencia en el CARI. Fue un discurso muy ideológico, con poca atención en las cuestiones prácticas, que son las cuestiones del día a día del comercio internacional.

-¿Creés que el Mercosur está en un momento en el que o se reformula y funciona o desaparece?

-No soy tan pesimista. Creo que el Mercosur hace ya casi 20 años que tiene poca evolución. Tuvo poca evolución institucional por varias razones pero sobre todo por la alternancia de crisis en Brasil o Argentina.

Sin embargo, al mismo tiempo, es una construcción muy importante para pensar que se terminará.

Este es el escenario hoy. Si hay una elección en Argentina en la que gana un grupo del espectro político inverso al brasileño, ahí si podríamos tener algún riesgo.

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