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El cambio climático y cómo hacer para reducir al 40% las emisiones del transporte naval ponen a la Argentina y Brasil en orillas opuestas.

El 7 de este mes, cuando la Organización Marítima Mundial (OMI) se reúna en Londres, los “socios naturales” se ubicarán en grupos contrapuestos.

El año pasado, la OMI -organismo especializado de las Naciones Unidas a cargo de la seguridad y protección de la navegación, y de prevenir la contaminación del mar por los buques- acordó reducir al 40% las emisiones del transporte marítimo, una de las fuentes más importantes de gases de efecto invernadero junto con la producción de energía, el transporte terrestre y la ganadería.

Según lo pactado, para 2050, las emisiones del sector tendrán que haberse reducido a la mitad de lo que son hoy. La decisión fue, según la opinión de diversos especialistas, el acuerdo climático más importante de 2018.

El año pasado, la OMI -acordó reducir al 40% las emisiones del transporte marítimo, una de las fuentes más importantes de gases de efecto invernadero.

Hasta no hace mucho tiempo, Argentina y Brasil estaban del mismo lado. Ambos argumentaban que al estar lejos de los grandes mercados no les convenía que se abordara el problema de las emisiones del transporte marítimo.

A primera vista el razonamiento aparece casi lógico: cualquier tipo de punición, tasa o medida que se tome respecto de la huella de carbono con la que carga un producto al llegar a su destino final castigaría a las exportaciones que viajan más kilómetros.

Estrategia de corto alcance

Sin embargo, la lógica de ese razonamiento está teñida de una importante cuota de ombliguismo ignorante.

Queda claro que ya no se trata de discutir si el cambio climático existe ni de cuándo nos afectará: la realidad demuestra a diario que lo urgente es ver qué es posible hacer para morigerarlo.

Hoy, mientras Brasil insiste en su postura original y apela a todo lo que esté al alcance de su mano para obstaculizar y dilatar cualquier decisión al respecto, la Argentina adoptó una posición más proactiva.

Nuestro país acaba de presentar una propuesta para que el OMI evalúe el impacto económico de las medidas de reducción de emisiones en la navegación en el primer trimestre de 2020.

La idea es que hacia fines del próximo año puedan adoptarse un conjunto de recomendaciones para toda la industria.

Navegar a menor velocidad

Entre las medidas que se analizan para bajar las emisiones navales figuran la reducción de la velocidad en la navegación (permite utilizar menos combustible, al igual que ocurre con el transporte terrestre) y la utilización de biocombustibles (lo que muchos señalan como una muy buena alternativa para el biodiesel argentino).

¿Por qué la Argentina cambió de posición? Quienes siguen de cerca el tema argumentan que nuestro país optó por un comportamiento más proactiva con el fin de influir en el proceso de decisiones en lugar de tener que aceptar los resultados impuestos por otros en una cuestión que a todas luces aparece como inevitable ya que las emisiones marítimas tienen que descender rápidamente para que el sector alcance las metas establecidas por el Acuerdo de París.

La propuesta de la Argentina logró el apoyo de Chile, México, Perú, Uruguay, la Unión Europea y Estados insulares como las Islas Marshall y Tuvalú, que son los que pueden desaparecer del mapa en un escenario de aumento de la temperatura mayor a 2°C.

Brasil, por ahora, sólo cosecha el visto bueno de la India.

Aislados del mundo y de la industria

Para Ned Molloy, consultor en temas de transporte, ambiente, energía y petróleo, la posición de Brasil no sólo lo aísla de la comunidad internacional, sino que lo enfrenta a la propia industria naval.

¿Cuánto tiempo puede sostener Brasil su oposición a la movida?, le preguntó Trade News.

“Brasil es libre de seguir objetando esto todo el tiempo que quiera, pero los gobiernos de la OMI ya acordaron reducir la emisión de CO2 por lo que la única función de Brasil será frenar las cosas o unirse a esa agenda”, respondió el experto.

Molloy recordó que sólo tres países se opusieron a la adopción de la estrategia inicial de la OMI para la reducción de GEI (Gases Efecto Invernadero) el año pasado: Brasil, Arabia Saudita y Estados Unidos. El resto de los 174 Estados miembros apoyaron la iniciativa.

“Brasil también se aisló de la industria naviera. El organismo principal de la industria con el apoyo de la Cámara Naviera Internacional (ICS, por sus siglas en inglés) y algunos de los mayores compradores de productos agrícolas, como Cargill, apoyan las normas de reducción de CO2 más estrictas para los buques”, destacó Molloy.

El apoyo de navieras y ONG

Por otro lado, según publicó el portal Mundo Marítimo, más de 100 navieras y ONG firmaron una carta abierta dirigida a los Estados miembros de la OMI para implementar la regulación de la velocidad de la navegación, con el objetivo de reducir las emisiones contaminantes hacia la atmósfera.

En la carta indicaron que “los firmantes se unen para subrayar la urgente necesidad del transporte marítimo de hacer su contribución a enfrentar del cambio climático. Como paso inicial expresamos nuestro firme apoyo a la OMI para la implementación de la regulación obligatoria a nivel global de las velocidades de los buques, diferenciados según su tipo y tamaño”, señala el artículo.

Según sostiene en su web la OMI, el transporte marítimo internacional representa aproximadamente el 80% del transporte mundial de mercancías entre los pueblos y comunidades de todo el mundo.

La paradisíaca isla de Kiribati, en el Pacífico, figura en el top ten de las islas que podrían desaparecer en los próximos años a causa del cambio climático

“El transporte marítimo es el sistema de transporte internacional más eficiente y rentable para la mayoría de las mercancías; constituye un medio de transporte internacional de mercancías seguro y de bajo costo, que fomenta el comercio entre las naciones y los pueblos, al tiempo que contribuye a su prosperidad”, agrega antes de señalar que “el mundo depende de un sector naviero internacional seguro, protegido y eficiente, lo cual se logra a través del marco normativo que se establece y se mantiene actualizado en el seno de la OMI”.

Negociaciones públicas

Las disposiciones que se adoptan en el organismo comprenden todos los ámbitos del transporte marítimo internacional -incluidos el proyecto, la construcción, el equipamiento, la dotación, el funcionamiento y el desguace de los buques– con el fin de garantizar que el sector continúe siendo seguro, ecológico, eficiente en términos energéticos y protegido.

Al contrario de la mayoría de las negociaciones internacionales, las reuniones que comenzarán pasado mañana en Londres, son públicas.

Habrá que esperar la evolución del encuentro para saber si la administración Bolsonaro mantiene la postura irreductible de Brasil, en momentos en que muchas de sus políticas comienzan a recibir el rechazo de la comunidad internacional, como cuando hace unos días debió cancelar la visita oficial que haría a Nueva York a mediados de este mes a raíz de las protestas de grupos ambientalistas y defensores de los derechos de los homosexuales, así como del rechazo de varios sponsors y hasta críticas del mismísimo alcalde de Nueva York.