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Estados Unidos y el biodiésel: un artilugio ilegal para ganar tiempo

Por 29 agosto, 2017 octubre 26th, 2017 Sin Comentarios

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, visitó recientemente la Argentina para reafirmar la “sintonía” con nuestro país.

En ese marco se acordó la aprobación de la exportación de limones argentinos hacia Estados Unidos (un negocio anual de US$ 50 millones) a cambio de la importación de carne de cerdo norteamericana (aproximadamente US$ 10 millones). Pero con una particularidad: el cerdo norteamericano no cumple con estándares sanitarios mínimos al padecer del síndrome respiratorio y reproductivo porcino (PRSS), una enfermedad que una vez instalada afecta la productividad y es de difícil erradicación. Acuerdo al margen, la aprobación definitiva de su importación quedará en manos del Senasa.

De más está decir que el costo de importar una enfermedad supera cualquier ganancia.

Lo conocemos de primera mano a partir de la aftosa en la carne bovina argentina, enfermedad cuyo origen en nuestro país todavía desconocemos y que se sospecha fue implantada, que nos valió la imposición de prohibiciones de importación en Estados Unidos desde 2001. Y aunque la erradicamos en 2007 y le hemos ganado a Estados Unidos una disputa en la Organización Mundial del Comercio (OMC) por demorar ilegalmente su importación sin ninguna base científica (DS 447), todavía el comercio no se reactivó.

Sobran argumentos jurídicos de para prohibir el ingreso del cerdo estadounidense en la Argentina. Ambos Estados son miembros de la OMC y por lo tanto están obligados en los términos del GATT (acuerdo general sobre aranceles y comercio, en inglés) y de sus acuerdos complementarios. Entre estos últimos está el de medidas sanitarias y fitosanitarias.

El artículo 20°, inciso “b”, del GATT reconoce a los Estados miembros de la OMC el derecho de imponer medidas que afecten el comercio con el fin de proteger la salud y la vida de las personas y de los animales, en la medida en que éstas no sean discriminatorias ni constituyan una forma de proteccionismo encubierto. Así, la prohibición de importar carne de cerdo norteamericana tiene suficiente respaldo científico, responde a una necesidad de preservación sanitaria y no es una medida proteccionista encubierta como aquella que se impuso con motivo de la supuesta aftosa.

Son muchos los interrogantes que surgen: ¿Qué es lo que quiere nuestro Gobierno para sus ciudadanos? ¿Cómo queremos integrarnos económicamente? ¿Pretendemos ser el granero, el supermercado o el basurero del mundo? Está claro que una autorización de importación como la descrita afectará a nuestros consumidores y productores porcinos y que la integración económica no tiene nada que ver con la importación de enfermedades ni con un “suicidio sanitario”.

Biodiésel

Por otro lado, la semana pasada la Secretaría de Comercio de Estados Unidos publicó los derechos compensatorios provisorios que impondrá sobre la importación de biodiésel argentino. El derecho aplicable varía según la empresa argentina exportadora y va desde el 50,29 % al 64, 17 % del valor en aduana de la mercadería. En la práctica ello importa el cierre del mercado norteamericano y pérdidas anuales de entre 1200 a 1600 millones de dólares para nuestro país.

Al respecto, el secretario de Comercio norteamericano, Wilbur Ross, expresó que las “naciones amigas” deben cumplir las reglas. En su opinión, la no fijación de derechos de exportación por Argentina para el biodiésel –producto que se elabora a partir de la soja– constituye un financiamiento irregular para sus exportadores por cuanto la exportación de soja sí está gravada en un 27 % de su valor en aduana.

En otras palabras, entiende que ;a Argentina subsidia el biodiésel porque no grava su exportación; es decir porque no la restringe con aranceles.
La resolución referida violenta los artículos 6, 16 y 23 del GATT, como el mismo concepto de subvención ejemplificado en el artículo 1° del Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias, pues en el caso concreto no existe de parte del Estado argentino una contribución financiera, protección de ganancias o sostén de precios que beneficie a sus exportadores de biodiésel.

Existe una diferencia grande entre no restringir nuestras exportaciones mediante derechos aduaneros y solventarlas públicamente como lo hace Estados Unidos con su producción porcina.

Si siguiéramos el mismo razonamiento de Ross, nuestro país podría aplicarle derechos compensatorios a todas las mercaderías norteamericanas que no tuvieran derechos de exportación impuestos por su país en la medida en que nuestras productores o industriales no fueran competitivos con los de ellos.

Argentina ya le ha ganado a la Unión Europea una disputa similar por dumping supuesto en biodiésel (DS 473). A pesar de ello, la UE todavía no cumplimenta la resolución por la cual debe permitir el acceso de nuestra mercadería sin derechos proteccionistas (el plazo prudencial para su cumplimiento venció el 10 de este mes).

Ahora, los Estados Unidos utilizan la misma herramienta ilegal de protección, es decir la fijación arbitraria de derechos antidumping o de derechos compensatorios provisorios a sabiendas de que si pierden un juicio en la OMC con nuestro país, dentro de 4 o 5 años, ya habrán hecho la diferencia sacándonos ilegalmente de su mercado. Y aún si perdieran, podrían no cumplir oportunamente como lo han hecho en el caso de la carne. Frente a ello debemos preguntarnos qué haremos, pues la balanza comercial con Estados Unidos tuvo un rojo para la Argentina de US$ 2101 millones en 2016 que se verá incrementado este año.

Sabemos que el proteccionismo de Guillermo Moreno no nos llevó a buen puerto en el pasado, pero entre ese extremo y el suicidio sanitario o la inacción ante la imposición de derechos aduaneros ilegales, hay puntos intermedios. La Argentina debe integrarse económicamente al mundo, pero con dignidad y en la medida de sus posibilidades.

El autor es abogado especialista en derecho aduanero