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Antes de la llegada de la globalización hubiera sido impensable hablar de un comercio transfronterizo de servicios y tecnología. Hoy, cuando estamos transitando el final del primer cuarto del siglo XXI, el crecimiento de este sector en la economía mundial se ha convertido en protagonista y es el responsable de una nueva dinámica del comercio internacional.

En los últimos años superó la tasa media anual del comercio de mercancías con más de dos tercios del PBI global. Este sector, además, proporciona la mayoría de los empleos a nivel mundial y representa más del 40% del comercio internacional.

Pero su potencial está limitado por una diversidad de restricciones. Muchas de ellas provocan que los costos dupliquen los del comercio de bienes, de acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero este mes, a pesar de la postergación de la XII Conferencia Ministerial (MC12), debido a los riesgos de las nuevas variantes del Covid-19, un grupo de países dio un paso importante que concluyó con un acuerdo para facilitar el comercio de servicios. Una tarea pendiente desde la Ronda Uruguay (1995) que navegó por períodos activos y otros de extremada tranquilidad.

Nuevas disciplinas en reglamentación nacional

Las nuevas disciplinas se compilaron en un documento denominado “Referencia sobre la Reglamentación Nacional en el ámbito de los Servicios” (INF/SDR/2, 2021). Pero en ningún aspecto apuntan al contenido de las regulaciones de servicios, sino más bien a cómo se elaboran, comunican y aplican a los proveedores de servicios. En conjunto tienen por objeto garantizar:

  • Transparencia: medidas destinadas a promover la pronta publicación y disponibilidad de información pertinente para los proveedores de servicios y su participación en los procesos de toma de decisiones regulatorias.
  • Disciplinas sobre seguridad jurídica y previsibilidad: medidas destinadas a los procedimientos que deben seguir las autoridades competentes cuando se trate de solicitudes de autorización para prestar servicios.
  • Disciplinas sobre la calidad regulatoria: medidas destinadas a difundir buenas prácticas regulatorias para facilitar el comercio de servicios.

En general, esas disciplinas están destinadas a garantizar que los gobiernos no puedan usar formas opacas de proteccionismo para limitar los compromisos de acceso a los mercados ya acordados.

Modelos

El acuerdo sigue la práctica de la mayoría de los acuerdos comerciales regionales o de libre comercio de los últimos 15 años, incluidos los más recientes como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, no en vigor) o el Acuerdo de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea (en principio, 2019), entre otros.

Pero al integrarlas bajo el techo común de la OMC, las diferencias de enfoques y alcances entre los acuerdos regionales o de libre comercio, promueven la coherencia y contribuyen a impulsar el comercio internacional de servicios.

Una novedad importante es la prohibición de discriminar las autorizaciones para la provisión de servicios por motivos de género. Con lo cual se convierte en la primera disposición referida a la igualdad entre hombres y mujeres  en un acuerdo de la OMC.

A pesar de la postergación de la XII Conferencia Ministerial de la OMC, un grupo de países acaba de dar un paso importante al concluir un acuerdo para facilitar el comercio de servicios, tarea que estaba pendiente desde la Ronda Uruguay (1995).

La iniciativa plurilateral de Buenos Aires

Las negociaciones previas al acuerdo cobraron impulso hace cuatro años, cuando un grupo de 33 países, incluida la Argentina, lanzó la “Declaración Ministerial Conjunta sobre la Reglamentación Nacional”, en la XI Conferencia Ministerial (Buenos Aires, 2017). En ese momento se plantearon cuatro iniciativas: facilitación de inversiones; comercio electrónico; micro, pequeñas y medianas empresas, y género.

Su carácter “plurilateral”, dado que no participaron los 164 miembros de la OMC, permitió explorar vías alternativas entre grupos de países con motivaciones o intereses afines, para superar el estancamiento de las negociaciones multilaterales. Muchas de ellas, basadas en la diversidad de actividades económicas que abarca este sector y que se realizan cada vez más en forma digital.

Pero su comercialización internacional requiere de autorizaciones del lugar de destino, licencias y habilitaciones, como también, adecuarse a normas o estándares técnicos, cuya tramitación burocrática puede ser impredecible o excesivamente costosa.

Allá por el ‘95 en la OMC

El Acuerdo General de Servicios de la OMC ya en 1995, advertía que sería necesario acordar un conjunto de pautas o principios adicionales para evitar que las reglamentaciones no se conviertan en obstáculos innecesarios al comercio de servicios. Tarea que hasta hoy estuvo pendiente.

En su texto original el acuerdo prohíbe que se establezcan restricciones al acceso a los mercados (art. XVI), o adoptar medidas discriminatorias contrarias al trato nacional (art. XVII), en aquellos sectores que se hayan asumido compromisos de liberalización.

A su vez reconoce el derecho de los países a establecer regulaciones para corregir fallas del mercado, establecer condiciones de competencia equitativas, proteger a los trabajadores y consumidores, garantizar el acceso universal a los servicios esenciales, o para cumplir con objetivos de la salud, la seguridad o el medio ambiente.

Avance importante

Este tipo de regulaciones no son por sí mismas limitaciones al acceso a los mercados ni violaciones al trato nacional, pero pueden incidir en el acceso a un mercado específico.

Por ejemplo, para proporcionar servicios legales puede ser necesaria una membresía a un colegio de abogados local. Y en el caso de los servicios de salud, se puede necesitar una habilitación o licencia específica para autorizar el suministro del servicio.

Por ello, el acceso a un determinado mercado depende tanto de las restricciones comerciales como de la incidencia de las reglamentaciones nacionales que rigen una determinada actividad.

Las conclusiones del reciente acuerdo, anunciadas el 2 de diciembre de este año, marcan un avance importante ya que sus adherentes representan el 90 por ciento del comercio mundial de servicios. Sus beneficios se extenderán a todos, hayan participado o no de esta iniciativa, y el acuerdo permanecerá abierto a la adhesión de otros miembros.

Un paso significativo por el cual se supera el estancamiento histórico de las negociaciones sobre servicios y posiblemente augura nuevos progresos en la próxima Conferencia Ministerial de la OMC.


El autor es Embajador argentino. Fue Director de Relaciones Económicas Multilaterales (2008-2011) y Director Nacional Negociaciones Económicas Multilaterales (2015-2020).