Históricamente, el cabotaje marítimo estuvo reservado a buques de bandera nacional. No obstante, con distintos argumentos y generalmente vinculados con la necesidad de dotar de mayora “competencia” al transporte y lograr una reducción de los fletes internos, algunos países optaron por políticas de flexibilización en la materia.

Lo decidió así, por ejemplo, la administración de Jair Bolsonaro, con distintas iniciativas como “Br do Mar” y con la suspensión definitiva del acuerdo de transporte bilateral con la Argentina, que operó a principios de año.

Lo llamativo, en cambio, es que la liberalización del cabotaje se decida en países con industria fuerte y con algo grado de planificación estatal, como sucede en China. No obstante, esta economía decidió a fines de 2021 iniciar una prueba piloto para el relevo de cargas internacionales con jugadores de otros países, hasta fines de 2024.

La compañía que marcó el hito en esta operación en China fue Maersk: cargó 27 contenedores de Canadá en el Merete Maersk, y operó el transbordo entre las terminales de Yangshan, en Shanghai, hasta Tianjin.

Hito

El CEO del Grupo Maersk, Soren Skou, manifestó: “Estamos orgullosos de ser la primera empresa extranjera que implementa con éxito el cabotaje de carga internacional en China. El transbordo en Shanghai nos permite mejorar los servicios a través de redes optimizadas y también podría abordar algunos de los factores detrás de los cuellos de botella en las cadenas de suministro chinas, acortando los tiempos de tránsito, reduciendo las emisiones y liberando capacidad adicional para nuestros clientes”.

“Agradecemos esta iniciativa de las autoridades chinas. Es un paso importante hacia la optimización de las regulaciones de transbordos, y esperamos que sirva de inspiración en otras geografías donde todavía existen restricciones”, sugirió el líder del holding logístico global.

Esta prueba de cabotaje con cargas internacionales es el resultado de una decisión del Consejo de Estado de China, como parte de su plan quinquenal 2019, donde decidió darle impulso a la apertura al transporte marítimo de cargas. El Ministerio de Transporte chino lo aprobó en noviembre pasado, y hasta fines de 2024.

La medida permite que, de acuerdo a las condiciones de reciprocidad con terceros países, y al hecho de contar con buques propios, las compañías internacionales puedan conectar los puertos chinos de Shanghai con los del norte (Dalian, Tianjin y Qingdao).

El lado oscuro

El objetivo blanqueado por esta desregulación es, por un lado, fortalecer el hub de Shanghai en detrimento de los centros de transbordo tradicionales como Busan y Singapur.

Ahora bien, considerando los últimos 20 años del despliegue chino, conviene dudar: cada apertura a un sector productivo internacional que realizó China terminó con una “copia” perfecta (y barata) del modelo de negocio.

Tal vez Maersk subestime esta posibilidad al exponer su estrategia de integración de servicios logísticos a la gran “matriz” china.