fbpx

La Cámara Argentina de Comercio y Servicios le presentó al Gobierno el informe “Costo argentino” donde ilustra la competitividad de la producción nacional de acuerdo con la incidencia de seis puntos: la presión tributaria, la logística e infraestructura, los servicios públicos, el costo laboral, el impacto de la competencia desleal y el costo del financiamiento.

Al respecto, analizó cada una de estas variables y su impacto en las industrias automotriz, de electrodomésticos, textil, de alimentos y bebidas (lácteos, manzanas y vino) y farmacéutica, por tratarse de “casos testigos cuyas cadenas de valor representan el 60% del PBI argentino”.

“Si bien cada cadena de valor cuenta con sus características específicas, se distinguen problemáticas transversales que afectan a la situación de costos y brindan margen para tomar acciones correctivas, algunas de las cuales ya están siendo abordadas o introducidas en la agenda por parte del Gobierno”, señala el informe.

A propósito, la “logística e infraestructura” es uno de estos componentes transversales que tiene una incidencia “alta” en el precio final de las cadenas de producción de electrodomésticos, del vino y de los lácteos, y un impacto “medio” en las industrias automotriz, textil y farmacéutica, y en la comercialización de manzanas.

“Una infraestructura adecuada y eficiente impacta directamente sobre la productividad al reducir el costo de logística, transporte e intercambio”, explican, tras agregar que la Argentina “se encuentra entre los más atrasados de la región en cuanto a su capacidad logística, por debajo de Chile, Uruguay, México y Brasil; así como también en cuanto a la inversión en infraestructura, ubicándose cerca del 2,9% del PBI, por debajo del promedio de la región que es del 3,5%”, citando datos del Foro Económico Mundial.

“Las economías regionales –agrega el estudio– se encuentran en una posición de desventaja, debido a las grandes distancias que deben recorrer sus productos para llegar a los centros de consumo. Incluso, puede existir una conectividad en peores condiciones para estas economías que para los competidores externos”, subrayan.

Los “elevados costos logísticos” también fueron eje de análisis por su “alto impacto” en las economías regionales “alejadas de los principales puertos nacionales”, situación que “perjudica la competitividad de la producción nacional en mercados externos”.

El informe de la Cámara de Comercio reconoce en este punto la incidencia del transporte terrestre y “el crecimiento del transporte automotor (en los últimos años) y la retracción de la rama ferroviaria y fluvial (que) devino en un aumento de precios de los bienes transportados, debido a que el transporte automotor ostenta tarifas muy superiores a las de otros medios”.

“Debido a su preponderancia, los costos de transporte automotor definen prácticamente al costo total interno del transporte nacional. Asimismo, la formalización del sector aumenta cuanto mayores son el nivel de especialización y el valor agregado transportado, lo que explica los altos niveles informalidad en los transportistas que compiten directamente con el ferrocarril (actividades relacionadas con el transporte de granos y de minerales)”, añaden.

Respecto del modo ferroviario, destacan que “mantiene ciertas rigideces” y reclaman “modernizar el sistema logístico” de manera que se “promueva la multimodalidad”, haciendo posible la realidad de mover por tren contenedores.

“Por último, el transporte fluvial y marítimo, si bien es el medio más económico, ha sido relegado en cuanto a implementación de mejoras”.

Al menos desde la perspectiva de la Cámara de Comercio, en materia de los remanidos “costos logísticos”, la mayor incidencia que se acusa parece estar en la infraestructura terrestre y los costos asociados al autotransporte de cargas.