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Desde su entrada en vigor pasaron 33 meses.

A la cabeza de las codificaciones está la que beneficia a importadores que comercializan mercaderías para consumo a bordo y otros bienes destinados a la reparación de aeronaves utilizadas en vuelos internacionales: US$ 1132 millones.

Le sigue no muy lejos –medido en centenares de millones de dólares– la codificación generada para las franquicias diplomáticas (excluidos automóviles, mudanzas y equipaje no acompañado): con todas esas exclusiones el FOB declarado, generalmente por funcionarios aduaneros, llega a casi US$ 886 millones.

En tercer lugar aparece el controvertido código 0000.04.26.000N (“Otros motivos no contemplados”) del que muchos operadores aduaneros saben poco, pero unos pocos saben mucho. Por él tramitan importaciones, exportaciones –temporales o no– y tránsitos que no se encuentran comprendidos en ninguna de las otras 46 codificaciones. Siempre con autorización previa sustentada en criterios que, en su gran mayoría, no son del conocimiento público. Sus operaciones rondan un FOB de US$ 581 millones.

Cuarto y a unos pocos millones se ubica el que beneficia la importación de mercaderías destinadas a tiendas libres, con un FOB de 514 millones de dólares.