Dos años después del inicio de la pandemia, la economía global sigue recuperándose. Sin embargo, el camino por recorrer es sinuoso y está lleno de baches, como la inflación, el surgimiento de nuevas variantes de Covid-19 y la profundización de los conflictos geopolíticos.

“Después de la pausa en el tercer trimestre de 2021, Ómicron destacó la imprevisibilidad de la pandemia y agravó uno de los principales factores que afectan la recuperación: las interrupciones en las cadenas de suministro. El otro gran riesgo es el de una inflación sostenida en el tiempo”, señala el Panorama sobre las evaluaciones de riesgo país y sectoriales del último trimestre del año, elaborado por Coface.

Los analistas del grupo francés especializado en seguro de crédito comercial, mencionan que aunque la situación sanitaria volvió a exigir la implementación de restricciones en muchos países, algunas naciones europeas aplicaron medidas de confinamiento parcial, que en general fueron mucho menos drásticas que las anteriores. Por ello, los efectos económicos directos fueron menos significativos, incluso cuando las consecuencias siguen siendo negativas para muchos sectores, aclaran.

Seguirán las interrupciones

Aunque los efectos directos de la pandemia sobre las economías disminuyen con cada oleada adicional, y las preocupaciones se concentran en los rubros más afectados por las restricciones, como el transporte aéreo, el turismo y la hotelería, la aparición de la variante Ómicron sigue provocando importantes impactos indirectos.

Debido a la fuerte reacción de los gobiernos de algunos países que son fundamentales en las cadenas de suministro mundiales -especialmente China, donde se impusieron normas de cuarentena más estrictas y cierres parciales en varias ciudades portuarias-, se espera que las actuales interrupciones y la escasez de materiales duren aún más.

Como resultado, las dificultades de suministro alcanzaron niveles récord en el invierno boreal en Estados Unidos y Europa, tanto en la industria como en el sector de la construcción.

Predicción compleja

Aunque la recuperación sigue en marcha -con cifras de crecimiento todavía sólidas-, la vuelta a la normalidad sigue siendo difícil de predecir. Una relajación gradual a partir de la primera mitad de 2022 es demasiado optimista y es probable que continúen las interrupciones y la escasez de materiales, advierten los expertos. Por eso, Coface rebajó sus previsiones de crecimiento del PBI para 2022 en varios países europeos, así como en EE. UU. y China.

Por otra parte, sostienen que el número de insolvencias, que todavía es muy bajo en la mayoría de los países, incluidos EE.UU., Francia y Alemania, debería aumentar gradualmente en 2022, como ya ocurre en el Reino Unido.

Un fantasma que regresa

El otro gran riesgo, la inflación, se está volviendo cada vez más importante, particularmente a medida que continúa la escalada de los precios de las materias primas, alimentada por la inercia de la oferta a corto plazo y las tensiones geopolíticas.

Esta inflación está siendo impulsada por los precios de los bienes manufacturados en muchas economías, ya que las empresas trasladan los aumentos en los costos de producción a los precios al consumidor.

Los altos precios de las materias primas están beneficiando a los grandes ganadores habituales: se espera que la región del Golfo registre un sólido crecimiento en 2022.

Noruega registró el superávit comercial más alto de su historia gracias a las exportaciones de petróleo y gas. Finalmente, muchos países africanos, incluso aquellos afectados por conflictos armados o agitación política, se han beneficiado de los altos precios de la energía, los minerales, la madera y los productos agrícolas.

Estados Unidos

En EE.UU., la inflación y los problemas de oferta han frenado el impulso de la recuperación. Si bien se espera que el crecimiento del PBI se mantenga sólido en 2022 (+3,7%), la situación actual seguirá afectando la actividad.

En el cuarto trimestre de 2021, la tasa de inflación anual alcanzó el 7%, su nivel más alto en 40 años. En respuesta a ese aumento de precios, la Reserva Federal de EE.UU. se ha vuelto más agresiva y ha insinuado una inminente subida de tasas, lo que ha provocado un endurecimiento monetario en algunos países emergentes.

Europa

En Europa, las interrupciones en las cadenas de suministro, combinadas con la fuerte demanda, provocaron un aumento de los precios de producción y de la energía.

Alemania ha experimentado la inflación más alta en más de 30 años. La situación es algo dispar en el resto de la zona del euro: la inflación sigue siendo relativamente moderada en Francia, mientras que los precios se han disparado en España. En el Reino Unido, la inflación subió hasta 5,4 % y llevó al Banco de Inglaterra a convertirse en el primer gran banco central en subir su tasa de interés en diciembre de 2021, antes de hacerlo por segunda vez a principios de febrero.

El “escenario central” que describen los expertos de Coface sigue siendo el de una inflación cercana al máximo, que se suavizará a medida que los precios de la energía y los cuellos de botella de la cadena de suministro disminuyan en la segunda mitad del año.

Presión social

“El fuerte aumento de los riesgos inflacionarios incrementa las presiones sociales en los países emergentes y en desarrollo, que ya se habían visto reforzadas por el aumento de la desigualdad asociado a la pandemia”, dice el informe de Coface.

En África, los altos precios de la energía y los alimentos, que pesan mucho sobre los hogares, ha limitado el consumo hasta el punto de que la inseguridad alimentaria, al tiempo que aumentó la pobreza. El apoyo fiscal, ya muy limitado en el continente debido a los niveles de deuda pública, se ha retirado y el desempleo es alto en la mayoría de los países.

Sudáfrica, Argelia, Angola, Mozambique, Nigeria, República Democrática del Congo, Zimbabue, Etiopía, Guinea y Túnez son ejemplos de países que experimentan presiones sociales cada vez mayores como resultado de la crisis.

 China

“La desaceleración autoinfligida en China se profundizó en el cuarto trimestre de 2021, con una expansión de la economía a una tasa de crecimiento anual del 4%, el ritmo más lento desde el pico de la pandemia a principios de 2020”, dice el informe de Coface.

Explican luego que la recuperación económica de China se ha visto afectada por la caída del mercado inmobiliario, la aplicación de la estrategia “cero-Covid” (que afectó al gasto de los hogares), el escaso crecimiento de la inversión y el déficit energético.

La inversión inmobiliaria aumentó 4,4% en 2021, el crecimiento más débil desde 2015, mientras que los niveles de inversión en infraestructuras prácticamente no variaron el año pasado en comparación con 2020.

Preocupación

En 2021, el PBI de China se expandió 8,1%, reforzado por un bajo efecto base, ya que la media de crecimiento del PBI en dos años, de 2019 a 2021, se sitúa en un más sobrio 5,2%.

Las autoridades chinas están cada vez más preocupadas por la profundización de la desaceleración económica, habiendo advertido sobre la acumulación de vientos en contra del crecimiento desde mediados de 2021. Posteriormente, respondieron con una combinación de medidas fiscales y de flexibilización monetaria. Esas medidas incluyen una serie de recortes de los tipos de interés y el adelanto de una parte de la cuota de emisión de bonos especiales para 2022.

Asia-Pacífico

Muy afectadas por la variante Delta en el tercer trimestre de 2021, las economías de Asia-Pacífico se recuperaron a finales de año.

Las economías del Pacífico repuntaron en línea con la flexibilización de las restricciones. La mayoría de las economías de la región habían vuelto a los niveles de PBI anteriores a la crisis a finales de 2021, con las notables excepciones de Japón y Tailandia.

Sin embargo, la continuación de la recuperación podría aumentar las presiones inflacionarias, especialmente si los mercados laborales se contraen.