La empresa belga Jan de Nul cumplirá 25 años en la Argentina, país donde aplicó uno de los know how que mejor la caracteriza –el dragado de puertos y canales– pero que es apenas una de las unidades de negocio en ingeniería pesada que componen su portfolio, que se completa con parques eólicos off shore o la creación de islas artificiales con el refulado, la esclusas del Canal de Panamá, el nuevo Canal de Suez o cualquier otra obra civil de envergadura.

Es concesionaria de la obra de infraestructura más importante que tuvo el país en el último cuarto de siglo –profundización y mantenimiento de la hidrovía Paraná-Paraguay– y detenta el 50% de la sociedad Hidrovía SA (la otra parte corresponde a Grupo Emepa), aportando exclusivamente ingeniería y, sobre todo, las dragas.

Bajo perfil

Sin embargo, en los últimos 25 años de trabajos en la vía navegable –con profundizaciones progresivas desde 15 a 34 pies–, y en puertos como Bahía Blanca o Quequén (al que profundizará a 50 pies y mantendrá por 7 años, con financiamiento propio) Jan de Nul mantuvo un perfil demasiado bajo de acuerdo con la relevancia de la obra que tenía en manos.

Su presencia se limitó al acompañamiento de foros sectoriales, donde tampoco era común su participación activa en ponencias.

Desde hace un año y medio aproximadamente, puede percibirse un incipiente giro en el bajo nivel de exposición de este gigante europeo. El primer gran dato fue que esta empresa familiar, de tres generaciones, destinó a la Argentina a Pieter Jan de Nul, nieto del fundador de la empresa e hijo del actual dueño de la firma.

Compromiso

Pieter Jan de Nul, director para la Argentina, Uruguay y Paraguay de la empresa belga que lleva su apellido

Con estudios de grado en Geología y un master en Ciencias Marítimas, la responsabilidad de De Nul sobre las licitaciones y concesiones en curso en la Argentina demuestran “el muy fuerte compromiso” que la firma tiene con el país –en sus propias palabras– al que también suma responsabilidades sobre los negocios en Uruguay y Paraguay.

La presencia de De Nul en el país se explica, sobre todo, en que la histórica concesión que fue responsable de incrementos significativos en el área sembrada, en la producción y en el aumento general de las divisas a partir de la “autopista navegable” lograda en el Paraná está próxima a vencer y el Gobierno está preparando los pliegos para perfeccionarla aún más.

“Tenemos un compromiso muy fuerte con el país más allá del fin de la concesión en 2021”, explicó De Nul en una conferencia de prensa realizada en un lugar atípico (un stand propio en Exposición Rural) y que tal vez sea signo del nuevo perfil que quieren imprimirle a esta nueva etapa que encara: una mayor cercanía con el beneficiario final y más olvidado de las obras de profundización del río, el productor agrícola.

Inversiones

Además de comentar una iniciativa propia que agregaron al dragado –un emprendimiento de US$ 10 millones para clasificar hasta 150.000 toneladas anuales de arenas para los pozos de Vaca Muerta–, la incorporación de la draga con la tecnología más limpia actualmente en servicio en todo el mundo, y la incursión en nuevos negocios de energía aún no revelados pero en los que demostraron expertise en Europa, el ejecutivo se concentró en el mensaje que más les interesa dejarles a los productores: sus posibilidades de crecimiento y de mayor rentabilidad a partir de más y mejores obras en la hidrovía.

“Queríamos mostrarnos cara a cara con los productores y contarles por qué (para ellos) es tan importante lo que hacemos”, destacó el directivo, tras señalar su convencimiento sobre la necesidad de “profundizar a 36 pies” porque las cosechas vienen batiendo récords. Y se hizo eco de un estudio del Instituto de Desarrollo Regional (IDR) –que será presentado de manera ampliada el 15 de agosto en el Centro Argentino de Ingenieros– que menciona que “con la ampliación de la hidrovía los productores podrían ganar hasta 5 dólares adicionales por tonelada”.

Argumentos

De Nul no dejó pasar la oportunidad para remarcar que “estamos en condiciones de hacerlo”, en parte porque es uno de los argumentos más explotados por uno de los principales interesados competidores por esta obra que será la de mayor importancia para la Argentina de las próximas décadas: los dragadores chinos.

“Podemos profundizar sin problemas 2 pies más en 1 año, si así nos lo piden. Es una inversión importante, que podemos financiar”, argumentó, en línea, nuevamente, con la carta que juegan los chinos en el arte de seducir al Gobierno.

Es precisamente uno de los dilemas que desde el Estado se deberá sopesar: el conocimiento adquirido en 25 años de un río “dinámico e impredecible”, por un lado, y la promesa a futuro de menores costos en la realización de las obras.

Profundidad 

El dragado regular de la hidrovía demanda la remoción de 30 millones cúbicos por año. “Pero sabemos qué pasa cuando tenemos campañas marcadas por El Niño: tuvimos que agregar dragas adicionales y el dragado fue de 45 millones de metros cúbicos en esa oportunidad”, explicó De Nul, tras aclarar que “fue a riesgo y costo nuestro”. No todo es cuestión de profundización a bajo costo, sino de mantenimiento a precios constantes, pareció insinuar.

El empresario belga tampoco cree sea factible una profundización mayor: “40 pies es demasiado, no lo veo factible”, deslizó, tras conceder que, en cambio, sí “podría pensarse en 38 pies”.

No obstante, reconoció que depende del Gobierno delinear qué tipo de hidrovía es posible, tras volver a ratificar su “compromiso” con el desarrollo a partir de mayores obras e inversiones en la hidrovía Paraná-Paraguay, responsable de la salida del 80% de la producción agroindustrial de la Argentina y, a la vez, potencial factor de sobrecostos si las obras no se realizan y los cuellos de botella se acumulan, generando demoras en todo el sistema.

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