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La pandemia hizo que el comercio internacional entre en un período de inercia, caracterizado por la escasez y el incremento en los precios de la logística marítima. El factor principal de esta crisis se debe a los retrasos en la cadena logística y la falta de contenedores.

Es evidente que este problema afecta a todos los países del mundo: la escasez genera que las compañías y los ciudadanos no tengan algunos bienes en el tiempo requerido. Así, la cadena de logística se convirtió en la actualidad en círculo vicioso que alcanza una gran dimensión y no tienen una resolución, al menos, en el corto plazo.

Los protocolos sanitarios y la disminución de personal generan retrasos en la operatoria, en los servicios de cargas y descargas, y sobre todo en los traslados de la mercadería. 

Faltantes

Además, faltan contenedores para importar y para exportar. En 2020, un flete tenía un costo de 2300 dólares. Para este año, la cifra llegó a los 14.000 dólares. Y es sólo un ejemplo de muchos, porque también existe el riesgo de que la inflación aumente entre un 1,5 y un 2,5 en las principales economías.

Todo esto afecta a la economía global. Se siente falta de productos a nivel mundial, incluso en Estados Unidos.

La crisis podría continuar en 2022, y la alternativa para sortearla sería que la demanda disminuya y la cadena logística recupere la estabilidad.

En cuanto a la globalización, habrá que ver qué nos depara el futuro. Ojalá que este evento marque un precedente e impulse un reemplazo de proveedores locales para incentivar las economías regionales y la fabricación nacional de algunos productos que hasta ahora sólo se importan.


La autora es empresaria logística y especialista en comercio exterior