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La dinámica entre Estados Unidos y China marca el ritmo de la política internacional, y la forma que asuma esa bipolaridad determinará los escenarios futuros, dicen Nicolás Creus y Esteban Actis, autores de “La Disputa por el Poder Global. China contra Estados Unidos en la crisis de la pandemia”.

El libro, que va por su segunda edición, debería ser de lectura obligatoria en primer lugar para quienes participan –o pretenden hacerlo- en el comercio internacional desde los lugares más variados: diseñando políticas o negociando en representación del sector público o privado, importando o exportando.

Pero más allá del público específico del sector, su lectura amena y sencilla, y el exhaustivo relevamiento de datos realizado por los autores hacen que la obra se transforme en una suerte de manual para entender hacia dónde va el mundo y a partir de eso dónde queremos –y podemos- pararnos como actores individuales y como país.

Soft power

¿Sabías que en 2019 China se transformó en el país con la mayor red diplomática del mundo, superando a EE.UU. y que como parte de su política para aumentar y robustecer su soft power a principios de 2018 contaba con 516 Institutos Confucio y 1076 aulas Confucio en más de 142 países y regiones del mundo, además de haber incrementado exponencialmente la organización de eventos deportivos y culturales, ferias comerciales e intercambios educativos? Esos son algunos de los cientos de datos que pueden encontrarse en el libro en el que se aborda esa “disputa por el poder global” a través de cisnes negros y verdes, cambio climático, políticas monetarias y fiscales y varios etc.

Esteban Actis y Nicolás Creus, autores de “La disputa por el poder global”.

A continuación, parte de la extensa charla de Trade News con los internacionalistas Actis y Creus, docentes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

-¿Cuándo y por qué decidieron escribir el libro?

-(NC) Lo empezamos a escribir hace 4 años, o más. Venimos escribiendo sobre EE.U. y China cuando aún no se hablaba de ellos como un eje ordenador de la política internacional. De hecho cuando hablábamos de una bipolaridad emergente, en los círculos decisorios de la política argentina se hablaba de un mundo multipolar y de cómo el país se podía insertar ahí.

Se trata de una bipolaridad diferente a la de la de la Guerra Fría. Veíamos un elemento estructural del nuevo orden internacional en gestación, que hoy sigue y no sabemos hacia dónde va porque hay distintos escenarios posibles en función de la dinámica que asuma esa bipolaridad, que hasta podría conducir a un orden multipolar.

Estados Unidos-China

El vínculo entre EE.UU. y China es la variable más importante para entender la dinámica de la política internacional. Cualquier decisor en el mundo tiene que tener en su tablero de control la evolución de ese vínculo. El CEO de una compañía no puede proyectar su plan de inversión y ventas si no tiene en cuenta una relación tan preponderante y relevante como esa para las perspectivas de crecimiento global.

-Dicen que el mundo actual es interméstico (imposible separar lo doméstico de lo internacional), y al mismo tiempo señalan que una de las cuentas pendientes de la Argentina es mirar el escenario internacional y pensarse desde una perspectiva global y no parroquial…

(EA) -En Argentina es habitual usar a la política internacional como sesgo de confirmación sobre los preconceptos que se tienen del mundo. Nos parecía interesante intentar ver al mundo desprovisto de eso que es propio de las elites políticas, y nos referimos a la clase dirigente en general, incluidos empresarios y periodistas. Es algo así como: el mundo está ahí y no me interesa, pero cuando hay algo que puede reforzar lo que pienso, lo utilizo. Pasó con el Covid, cuando se hacían comparaciones con otros países.

Saber mirar al mundo

Para poder pensar una estrategia de desarrollo, de inserción internacional y avanzar en nuestros dilemas y desafíos, es clave tener una visión correcta del mundo, que no quiere decir acrítica o no ideológica, pero sí arraigada a datos y perspectivas con capacidad analítica. Entender que hay impactos que son exógenos pero nos condicionan y tenemos que aprender a surfear.

Un país periférico –como lo es Argentina-, sin capacidad de influenciar en cuestiones internacionales, lo que tiene que tener es capacidad de adaptación para maximizar las oportunidades.

-Explican que la crisis económica y financiera del mundo a raíz de la pandemia es en realidad consecuencia de desequilibrios previos, agudizados por el Covid. En ese contexto, ¿hacia dónde van las relaciones económicas internacionales? ¿Y qué será de la globalización?

(NC) -La irrupción de la pandemia descubrió la tierra que había debajo de la alfombra, puso de manifiesto una serie de desequilibrios que venían acumulándose en las últimas décadas y que tienen que ver con las políticas monetarias, con un crecimiento anémico, con una productividad estancada en las principales potencias del mundo.

Anabólicos

En algún punto, la irrupción de la pandemia marcó el fin de la complacencia. Esos desequilibrios que se habían ido acumulando presagiaban que en algún momento podía surgir una crisis pero predominaba la complacencia para con los riesgos globales. Era algo así como “que siga el baile”. Y eso fue muy claro con las políticas monetarias ultra laxas y una constante posposición de la normalización monetaria en EE.UU.

-¿Y por qué se dio eso de “siga el baile”?

(NC) -En el marco de las tensiones globales que se agudizaron por la mayor rigidez de la relación entre EE.UU. y China, fue la manera en la que las potencias procuraron sostener el crecimiento global, mediante políticas monetarias ultra laxas, cosa que refleja la falta de respuestas estructurales para los problemas que había. Las políticas monetarias fueron como anabólicos para sostener las expectativas en la economía internacional.

Hoy volvió la complacencia. Vemos a los bancos centrales jugando un rol sostenedor sin grandes respuestas estructurales para resolver los problemas de crecimiento y productividad. Esas políticas de ultra estímulo encuentran su justificación en una crisis de magnitud.

Adiós a la hiperglobalización

(EA) -No vamos al fin de la globalización pero tampoco seguirá habiendo una globalización tal cual funcionaba en pleno auge neoliberal en la década del 90. Vamos al fin de la hiperglobalización.

Imagen de Gerd Altmann/Pixabay

Una empresa internacional tiene que tener en cuenta el impacto del cambio climático, lo que puede pasar con una pandemia, qué pasa con las potencias, los flujos comerciales, si tiene o no que deslocalizar su producción, hacer reshoring u offshoring. Estamos viendo una globalización que pasa de estar anclada en los riesgos económicos a estarlo en los riesgos geopolíticos. Esos cambios afectan al mundo corporativo, empresarial y comercial porque hay que empezar a entender esa globalización con aspectos diferentes a los de hace 20 años.

-En diciembre de 2019, un estudio de Cepal mostraba que el septenio 2014-2020 fue el de menor crecimiento relativo de América latina en las últimas 7 décadas. Ahora la región fue de las más afectadas por la pandemia. ¿Cómo seguimos?

(EA) -Así como acentuó fenómenos existentes, la pandemia hizo lo m ismo con algo que se venía vislumbrando en los últimos 5 años, diferente de lo que se pensaba hace 20 años, que se refería al crecimiento de los Brics (sigla con la que se identifica a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Entonces se hablaba de la gran convergencia en la que el mundo en desarrollo convergiría con los países desarrollados en muchos indicadores como la productividad, el crecimiento de la clase media, etc.

El desacople de la región

Pero lo que vimos con el tiempo es que esa convergencia fue para una geografía específica, que fue gran parte de Asia. Allí hubo una buena lectura de la globalización lo que permitió maximizar beneficios y reducir amenazas. En América latina en general maximizamos las amenazas y tuvimos poco aprovechamiento de las oportunidades.

Ahora vemos una gran divergencia. Hay dos geografías que son África y América latina que se desacoplan de las áreas más virtuosas en cuanto al crecimiento económico, el desarrollo, la globalización. La pandemia aceleró todo eso. No es que en 2019 la región estaba ¡pum para arriba! El fin del ciclo de las commodities en 2014-2015  fue muy fuerte, se mantuvo alguna tasa de crecimiento gracias a las tasas casi negativas del mundo, pero claramente la región no ha encontrado una inserción exitosa en el mundo actual.

La pandemia desnudó esas falencias. Y hoy no se vislumbra algún tipo de inserción exitosa de algún país de la región.

Cisnes verdes

-¿Hay algún país en la región que haya hecho una lectura correcta?

(NC) -Más allá de los matices que podemos identificar en América latina, lo que quedó en claro con la pandemia son las limitaciones de la región para lidiar con los cisnes verdes, entendiendo a la pandemia como el primero de su especie según las definiciones del Banco de Pago de Basilea, que los define como aquellos eventos altamente disruptivos derivados de desequilibrios medioambientales. Y se incluyen no sólo las cuestiones relativas a cambio climático o los desastres ecológicos derivados de la pérdida de biodiversidad sino también a aspectos de salud ambiental, como puede ser el caso de una pandemia.

Los cisnes verdes prometen aparecer con mayor frecuencia en el futuro inmediato, lo vimos hace unos días con las tremendas inundaciones en Alemania y China, y ahí sí que no hay distinción entre países desarrollados y en desarrollo, las diferencias aparecen en las capacidades para responder y gestionar crisis de esa magnitud.

La pandemia mostró que América latina no dispone de capacidades suficientes –ni duras ni blandas- para lidiar de manera efectiva con un cisne verde, sea cual sea su categoría. Cuando hablamos de esa incapacidad nos referimos a debilidades en materia de infraestructura física e institucional, además de mayores limitaciones en materia monetaria y fiscal, más allá de que en este campo hubo países que hicieron un poco mejor las cosas.

Hubo países de la región que tuvieron un margen significativo en materia fiscal y monetaria pero que fallaron en los otros aspectos: la infraestructura sanitaria no fue suficiente, y la infraestructura institucional no logró canalizar los conflictos políticos y socioeconómicos que derivaron de tamaño impacto de manera efectiva.

Otros, como la Argentina, que tuvieron las dos. Tenemos un espacio monetario y fiscal mucho menor a otros países para responder por las razones que ya conocemos.

Bipolarismo entrópico

Actis enfatiza que el concepto de “bipolarismo entrópico” es muy ilustrativo para el sector privado.

“Bipolarismo como una metáfora que habla de la geopolítica, la disputa entre actores estatales, las dos potencias en una disputa global. La transición hegemónica tiene ya un final que es el sobrepaso de China a EE.UU. No sabemos cuándo será, sabemos que EE.UU. está intentando por todos los medios evitar esa transición y que eso genera impactos en el clima de negocios, en un mundo marcado por la incertidumbre y el caos, con el cambio climático erigiéndose como la principal fuerza disruptiva que alterará la forma de hacer negocios tal cual la entendimos”, detalla.

Y para reforzar la idea de cambios en la globalización tal como la conocimos hasta ahora, apela al concepto del just in time, y a que cuando pensábamos que con la tecnología y los costos de transporte se podía producir algo tan sensible como una vacuna o un respirador a 12.000 millas de distancia, la pandemia mostró que no. Y también lo que ocurre con las cadenas comerciales vinculadas a la tecnología “en un mundo donde la tecnología ya no es una panacea democrática de libre conocimiento sino una disputa por el control de la misma”.

Por todo eso, insiste Actis, se trata de conceptos que es fundamental que cualquier empresa que tenga una mínima internacionalización tenga en cuenta para poder surfear el mundo que estamos viviendo.

Dos escenarios

“Si la relación entre EE.UU. y China se torna más rígida, más conflictiva y menos cooperativa, probablemente el mundo agudizará su carácter entrópico y por lo tanto la gestión de las agendas será mucho más compleja, el clima de negocios, mucho más desafiante, los niveles de aversión al riesgo más elevados, y veremos tal vez mayor volatilidad en los mercados. Por el contrario, si esa relación se distiende y se vuelve más cooperativa, la gestión de las agendas será más amena y menguará ese carácter entrópico”, acota Creus.

-Da la sensación de que a pesar de la salida de Trump del poder no vamos hacia un escenario de distensión en la relación China-EE.UU…

(NC) -No por el momento. Pero también hay que marcar límites. Vemos que el mundo de los mercados y los negocios ha tenido tiempo en estos años para entender un poco esta dinámica. Ya no vemos a los mercados sobrereaccionando tanto a los conflictos derivados de la guerra comercial, incluso en algunos aspectos que tienen que ver con la disputa tecnológica.

Sí se preocupan más cuando esa disputa entre EE.UU. y China avanza sobre dimensiones que en el último tiempo operaron como límite de contención.

-¿Cómo cuáles?

-Por un lado la financiera y la monetaria, y por otro, la dimensión ecológica que tiene que ver con la gestión de estos eventos que constituyen los cisnes verdes.

Inquietud ante lo desconocido

Cuando la disputa muestra dificultad a la hora de cooperar para gestionar aspectos como el cambio climático, los mercados se inquietan más, porque se inquietan ante lo desconocido.

Lo mismo cuando aparecen dudas respecto de que la disputa se extienda de manera decidida a la dimensión monetaria y financiera, porque ahí entra en cuestión un aspecto central que tiene que ver con la provisión de un bien público global muy importante: la moneda internacional. Y eso al día de hoy no ha estado en discusión.

-Sigue siendo el dólar…

-Sí, y por el momento China no desafía en esa dimensión a pesar de haber hecho avances significativos en lo que tiene que ver con la internacionalización de su moneda. Le queda mucho camino por recorrer. China todavía tiene controles de capital que constituyen un límite en el desarrollo financiero y por tanto son un límite al potencial de internacionalización del yuan. Al día de hoy no parecieran estar dadas las condiciones para un desacople en esa dimensión.

Imagen de moerschy/Pixabay.

(EA) -¿Por qué con la llegada de Biden no cambió nada? Eso es también muy de la política argentina y doméstica: somos presidencialistas con grandes capitanes del barco, pero inclusive en una potencia hegemónica, el barco condiciona. Cuando alguien se sienta en el puente de mando, el barco ya tiene una dirección.

Golpe a la democracia

-En el libro hablan del impacto de la creciente desigualdad, descontento y frustración de millones de personas en la democracia como sistema político. ¿Qué vislumbran en ese sentido y cómo afecta eso al mundo de los negocios?

(EA) -Hay una clara erosión de la democracia liberal. En América latina deberíamos hacer un doctorado para explicarle al mundo desarrollado los efectos de sociedades duales y de la concentración de la riqueza en pocas manos sobre las expectativas que tiene la democracia no entendida en clave electoral sino como una sociedad con movilidad social ascendente, pensando que las generaciones presentes vivirán mejor que las generaciones pasadas. Todo eso que hemos sufrido acá empieza a aparecer en los países desarrollados. El Brexit y Trump son manifestaciones de eso.

La pandemia acentuó –sobre todo en EE.UU. con la muerte de George Floyd- las exclusiones raciales entre otras muchas falencias que sufren los jóvenes a la hora de intentar insertarse en este mundo tan complejo.

Nuevas narrativas

Otro punto interesante tiene que ver con las narrativas. Hoy China y su crecimiento, el hecho de haber sacado millones y millones de personas de la pobreza, la capacidad de progreso de su clase media, viene a cuestionar algo que en la pos Guerra Fría era casi un dogma: la única manera de progresar y ser países de renta alta es con la democracia liberal.

China está diciendo luego de una década de seguir creciendo al 6/7%, y cuando logra pasar de ser un país de renta media a alta, que eso no es un monopolio de la democracia.

La democracia occidental está erosionada desde adentro por las falencias propias que está mostrando para resolver cuestiones que la lesionan y la hacen difícilmente viable, y por afuera, por actores no democráticos que le han quitado ese monopolio narrativo y discursivo que señalaba que hay que ser democrático para abrazar el progreso.