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Golpeada por regulaciones cada vez más estrictas, especialmente en materia medioambiental, la industria automotriz mundial se encuentra en crisis y se ve obligada a reinventarse.

En un contexto económico global ralentizado, el sector automotriz debe hacer frente a numerosos desafíos con datos negativos: desde la crisis de 2008, las ventas de autos han registrado un descenso inédito y el sector se ve dominado por la incertidumbre.

Un estudio elaborado por Coface –grupo francés especializado en seguros de crédito, gestión de riesgos y economía global- explica que “forzados a cumplir con las regulaciones medioambientales y los deseos de los consumidores, los fabricantes de automóviles están realizando fuertes inversiones en el rediseño de sus vehículos, lo que incrementa sus costos de producción”.

Se analiza además el desembarco en la industria de numerosos nuevos actores, como Google Waymo, Tesla, Arcfox y Aiways, lo que sólo “añade un grado adicional de incertidumbre a un mercado que estaba acostumbrado a una cierta estabilidad, o incluso tenía una tendencia a la concentración a través de fusiones, adquisiciones y coinversiones”.

Fenómeno global

El trabajo señala que en septiembre de 2018, la Unión Europea (UE) se vio afectada de manera significativa por la aplicación de las estrictas normas de certificación para los nuevos modelos de automóviles, el Procedimiento de Prueba de Vehículos Ligeros Armonizado Mundial (WLTP).

Junto con la caída de las ventas a nivel global, luego de la crisis de 2008, el sector automotriz debe hacer frente a regulaciones cada vez más estrictas, especialmente en materia medioambiental (Foto: Hans Braxmeier, Pixabay)

Esas normas más estrictas han provocado, en particular, cuellos de botella para los fabricantes de automóviles, con retrasos en las aprobaciones que provocan una escasez de modelos disponibles en los concesionarios.

Por ello, los clientes se han visto obligados a retrasar sus compras, lo que repercutió directamente en el número de nuevas matriculaciones.

Además de esas “barreras técnicas y administrativas”, de acuerdo con el comunicado de Coface, se produjo una tendencia negativa en el sentimiento de los consumidores de la zona euro desde principios de 2018.

Ello está desanimando a los consumidores a comprar nuevos vehículos, especialmente cuando los incentivos para cambiar a energías más verdes se agotan.

El mercado estadounidense también se ve afectado por una menor demanda (-1,1% a finales de octubre de 2019, en un periodo de 10 meses, en particular para los sedanes y otros automóviles, aunque sorprendentemente estable para los SUV, las camionetas y otros camiones ligeros).

Esta tendencia sigue afectando a las actividades de los fabricantes de automóviles, con el cierre de varias fábricas en EE.UU.

¿Y China?

El mercado chino también se ve gravemente afectado por la caída de la demanda (-4% en octubre de 2019), en parte debido a una cierta actitud de espera por parte de los consumidores sobre los incentivos fiscales anunciados por el gobierno. A eso se suman los efectos de la guerra comercial entre China y EE.UU.

Al mismo tiempo, grandes municipios como Beijín, Shanghai y otras ciudades similares imponen cada año estrictos límites de matrícula para los autos nuevos. Por lo tanto, los hogares chinos están recurriendo masivamente a la venta de autos de segunda mano.

Repercusiones en toda la cadena

Naturalmente, el crecimiento y los ingresos de los proveedores de la industria automotriz se ven gravemente afectados por esta desaceleración.

La racionalización de los costos de producción y los desarrollos tecnológicos ligados a las restricciones medioambientales impuestas a los fabricantes de automóviles tienen, por consiguiente, repercusiones en toda la cadena de suministro.

Esto es particularmente cierto en lo que respecta a los gastos de I+D.

Este hecho podría impulsar las fusiones y adquisiciones para racionalizar dichos costos, necesarios a la hora de introducir tecnologías decisivas, que conllevan una reestructuración de la industria automotriz.

En Argentina, Acuerdo social y productivo

Aquí, los diferentes actores de la industria automotriz local presentaron hace unos días al presidente Alberto Fernández el “Acuerdo Social y Productivo para el sector automotor 2030”.

Se trata de una serie de principios y propuestas que buscan revertir los números negativos que se registran tanto en la producción como en la venta de cero kilómetros.

El presidente Alberto Fernández encabezó la presentación del “Acuerdo Social y Productivo para el sector automotor 2030” que se realizó en la sede de Smata.

Durante el encuentro, que se realizó en la sede del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), el Presidente calificó la iniciativa como “expresión del acuerdo social que impulsa el Gobierno con el fin de generar un horizonte de innovación que permita delinear el futuro de la industria hacia 2030”.

En la presentación estuvieron presentes representantes de la Confederación General del Trabajo (CGT), Smata, la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), la Asociación de Concesionarios de Automotores (Acara), la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), y la Comisión Automotriz de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra).

El plan concentra una serie de propuestas elaboradas por los diferentes eslabones de la cadena automotriz: sindicatos, autopartistas, concesionarios y fabricantes. Y para que esas políticas entren en vigor el proyecto deberá convertirse en ley.

El objetivo del Plan Estratégico 2030 es aumentar para ese año la producción de vehículos hasta 1,8 millón de unidades anuales (hoy esa cifra es de 315.000), las exportaciones hasta 1,4 millón de unidades (actualmente se venden al exterior 225.000), y crear 1,3 millón de empleos directos e indirectos (hoy, 650.000).

Delinear una política de Estado

Se propone declarar a la industria automotriz como un sector estratégico para el desarrollo de la economía argentina, y crear un Instituto de la Movilidad desde el que se diseñarían políticas para la modernización y mejora de la competitividad del sector.

El trabajo sostiene que la Argentina es menos competitiva para fabricar autos que Brasil y México, dos productores-receptores de inversiones en la región.

Por eso, se explica que si bien el país es una de las 28 naciones del mundo con industria automotriz, se necesitan políticas de Estado que establezcan condiciones favorables para su desarrollo.

Otro de los puntos destacado se refiere a mecanismos para atraer nuevas inversiones. Se menciona la posibilidad de préstamos y créditos, además de fomentar el desarrollo de autopartistas locales.

El Plan Estratégico 2030 busca promover el mercado interno con la renovación del parque automotor, aunque sobre ese punto no detalla cómo lograrlo.