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La pandemia provocará un desplome del PBI mundial de entre el 5 y 7 por ciento en 2020, por la ralentización de los flujos comerciales y la menor demanda de bienes primarios, y por el cierre de comercios y la caída en la recaudación de impuestos.

Si la Argentina logra un acuerdo con los bonistas, tal vez sólo sume a esa caída del producto un 2% adicional por la recesión en la que ya se encontraba el país, y las pocas herramientas con las que cuenta el Gobierno para hacer política anticíclica.

De hecho, el paquete de medidas impulsado por el Gobierno representa el 3% del PBI, cuando en otros países es entre 2 y 3 veces más dicho porcentaje.

Postdefault: mayor intervención y regulaciones

Si no se logra un acuerdo con los bonistas, no recupera los precios de los principales productos de exportación argentinos, y se sigue deteriorando la situación política y la relación comercial con Brasil, la caída del PBI argentino podría llegar a por lo menos un 10%.

En este último escenario, y en línea con lo que están haciendo otros países, es dable pensar que el Gobierno avance con medidas de mayor intervención en los mercados, con más regulaciones que limiten las decisiones empresariales, incluso interviniendo más activamente en la comercialización de granos y carnes.

Sin embargo, consideramos que hay más probabilidades que el Gobierno alcance un acuerdo con los bonistas dado el pragmatismo del Presidente, siempre que se continúe asegurando el aval de los gobernadores y el acuerdo no relegue del primer plano las medidas de índole social.

Relegados y reactivados

El comercio exterior será quien mayores dificultades enfrentará por la escasez de divisas, las interrupciones de las cadenas logísticas y las distorsiones en las tarifas de transporte que introdujo el súbito e imprevisto aumento del comercio de insumos médicos.

Será difícil ver una recuperación sostenida y relevante en los próximos 12 meses de los sectores que dependen de la afluencia y el transporte de grandes masas, como la aviación comercial, el turismo, la gastronomía, los centros comerciales, los espectáculos deportivos y culturales.

El impacto se sentirá además en aquellos rubros que dependen de decisiones familiares de inversión a largo plazo con financiamiento bancario: la industria de la construcción, la compraventa de inmuebles y la industria automotriz.

En cambio, entre los sectores que saldrán fortalecidos se cuentan los relacionados con servicios al Gobierno, obra pública, maquinaria vial y agrícola, telecomunicaciones, servicios digitales, comercio electrónico, logística y última milla en todas sus variantes (delivery), alimentación, salud, industria farmacéutica, servicios y artículos de limpieza, y servicios financieros informales.

Ganarán espacio las empresas que ayuden a flexibilizar costos, como las agencias de empleo temporal, de tercerización de servicios y de alquiler de recursos físicos o de recursos compartidos.

El sector financiero

El sector financiero ingresó en la cuarentena con buenos indicadores de calidad de activos, liquidez y rentabilidad, además de mayor infraestructura en la gestión de riesgos, y de un marco normativo de mayor calidad luego de las crisis de 2001 y de 2008, con un Banco Central que siempre gozó de equipos técnicos sólidos tanto en normativa, como supervisión, como seguimiento.

La morosidad se va a disparar, tanto en la cartera de consumo como en la corporativa. Sin embargo, el mayor riesgo para los bancos argentinos es el posible avance sobre sus activos líquidos por parte del Banco Central para hacerse de liquidez para prestarle al Tesoro.

Sin un acuerdo político entre el Gobierno y los bancos –que selle una alianza para auxiliar primero al Gobierno, luego a las empresas y por último a las familias– será difícil que las acciones de los bancos argentinos paren de caer y que no surjan nuevos embates a través de proyectos legislativos.

No obstante, creemos que ese acuerdo será alcanzando sin mayores sobresaltos porque, sobre todo hoy, los bancos son el principal canal de distribución de las medidas de alivio implementadas por el Gobierno.

La política cambiaria y la tasa de interés

Asimismo, estimamos que el Banco Central tomará una serie de medidas para achicar la brecha cambiaria, aumentando paulatinamente el tipo de cambio oficial, y aplicando medidas para reducir operaciones que reflejan un tipo de cambio sin injerencia del Banco Central. Se espera que el BCRA vaya paulatinamente incorporando la inflación acumulada en el tipo de cabio oficial.

Así, el Banco Central insistirá en bajar las tasas de intereses activas para fomentar el crédito productivo y el crédito de consumo, con perjuicio del ahorrista minoritario.

Si bien esta política es entendible, no está exenta de riesgos en el corto plazo, como la búsqueda de refugio –por parte de los ahorristas– en el mercado informal, y la desaparición del ahorro que pueda financiar a largo plazo los proyectos de infraestructura que necesita el país para que el sector privado no siga perdiendo competitividad.

Hiperinflación: latente, por ahora contenida

Si bien el BCRA ha encarado una política monetaria expansiva, es posible que el riesgo de hiperinflación esté morigerado por un tiempo por dos factores.

Por un lado, el freno abrupto que produjo el aislamiento obligatorio aumentó la capacidad instalada ociosa, en un escenario con alguna similitud a 2002, aunque con inercia inflacionario de los últimos años. Por ello se observa una demanda deprimida por la pérdida de puestos de trabajo y los recortes salariales en términos nominales de hasta 30%. Una menor demanda difícilmente convalide aumentos de precios desmedidos.

Por el otro lado, la decisión presidencial de insistir en una estrategia antiinflacionaria de corte estructuralista, políticamente redituable ante la opinión pública por recriminaciones a los empresarios y formadores de precios que no sean solidarios en este momento. Lo anterior, se sostiene en la medida que el Gobierno pueda prolongar, como se propone, con el congelamiento de tarifas y precios del sector energético.

De esta manera, quienes quieran aumentar precios para cubrirse de futuras subas del tipo de cambio, posiblemente se encuentren con que han perdido consumidores o, con que éstos no estarán dispuestos a convalidar aumentos desenfrenados dado los menores ingresos o la pérdida de sus fuentes de trabajo y de acceso al crédito.

Los empresarios que puedan sostener precios, e incluso bajarlos en algunos productos o servicios, aunque sea por un tiempo y de manera focalizada, resignando márgenes podrán erosionar la base de competidores más débiles.

Cambio de paradigma en política fiscal

Como parte de un programa económico –hoy no del todo explícito– sería sumamente deseable la rebaja de impuestos y de derechos de exportación en todos los sectores capaces de competir en el mundo.

Es indudable que el mayor nivel de actividad de estos sectores generará mayores ingresos en proporción a los impuestos y derechos de exportación rebajados.

En la misma línea, la aplicación de nuevos gravámenes son decididamente una mala idea, pero reflejan la incidencia de voces discordantes dentro de la actual Administración.

Desafortunadamente, los economistas que impulsan medidas de corte liberal, cometen, a nuestro criterio dos errores fundamentales: son dogmáticos, y en algunos casos innecesariamente violentos, y omiten que ningún país de América Latina es apto para una economía liberal porque no contamos ni con los valores culturales ni con las instituciones que se necesitan para el funcionamiento de un sistema liberal en lo económico.

Serían mucho más efectivos si propusieran medidas factibles en un difícil contexto social como el que atravesamos.

Futuro promisorio y desenlace distinto

Por último, hay dos sectores que prometían un futuro interesante al inicio de la actual Administración, y terminaron sufriendo dos desenlaces distintos.

En primer lugar, el sector energético, que arrastra desde hace décadas una complicada ecuación que combina inversiones –en su momento– dolarizadas y con costos de operación parcialmente dolarizados, y consumidores con ingresos en pesos.

A través de distintos programas, el Estado intentó cerrar esa brecha con subsidios. Hoy, a un Estado sin recursos, se suma la caída del precio internacional del crudo que pone en duda la viabilidad de Vaca Muerta.

Con precios internacionales fuertemente deprimidos en un proceso de suma volatilidad, con precios locales desfasados y sin perspectivas de recuperación en el corto plazo dado los reiterados congelamientos tarifarios, y sin financiamiento de largo plazo en cantidades, es difícil ver una reactivación en el sector.

Esta situación podría generar una complicación a medida que se vaya recomponiendo la demanda de energía en un escenario de reactivación.

En segundo lugar, el sector agrícola puede tener buenas perspectivas porque, a pesar de un bajo precio internacional de la soja, la demanda de alimentos, incluso adelantando consumos por temor a rebrote del virus Covid-19, podría sostener la actividad.

No sería de sorprender una reactivación primero en el interior del país, y luego paulatinamente en los centros urbanos.

Nuevamente, acá el «riesgo Gobierno» –si opta por una voracidad fiscal inoportuna– podría inhibir esta dinámica de posible salida.

Oportunidades y desafíos

Para concluir, habrá interesantes oportunidades de negocios para empresas que no hayan entrado a la cuarentena endeudadas, con stock suficiente, con acceso a líneas de crédito y buenas relaciones clientes con necesaria dispersión tanto de tamaño, como de industria y geografía. También resultarán ganadores los que, con baja inmovilización de capital, cuenten con activos, tecnologías y equipos con capacidad de reconvertir sus modelos de negocios.

Por el contrario, las empresas que en los últimos años no hayan invertido en tecnología, en procesos y en sus recursos humanos, difícilmente puedan salir adelante rápidamente.

Es mucho lo que hay por hacer en cuanto a una inteligente gestión del capital de trabajo y estrategias comerciales innovadoras.


El autor es director independiente en empresas, asesora a CEO en materia de estrategia y a Gobiernos en el diseño e implementación de políticas públicas. Fue director en PwC, analista sectorial de la consultora Economía y Regiones, especialista en reestructuración de préstamos y gestión de empresas en crisis y analista del sistema financiero en el BCRA

Contacto: maximiliano@tradenews.com.ar