No fue un secreto durante el multitudinario acto de presentación en la dársena E del Puerto Buenos Aires la pregunta sorna sobre cómo “sobreviviría” el Argentina C a la hora de enfrentar las engorrosas paritarias.

No fueron pocos los que echaron mano al fantasma de la competitividad de la bandera argentina a la hora de proyectar la sustentabilidad del Argentina C, incluso con el aliciente de tratarse de un buque escuela.

En principio, la paridad fiscal con Paraguay, mercado que el armador conoce a la perfección, no está ni cerca en ninguno de los tributos, y compite en un esquema parecido al que competirá el buque operado por Servicios Marítimos.

Luego está el factor laboral, el sistema de francos, el nivel de conflictividad ante las paritarias, y la inestabilidad típica de la política argentina, que siempre es una espada de Damocles a la presunción de seguridad jurídica sobre la espera contar un inversor al sellar un acuerdo.

Independiente

Por lo pronto, el armador no se encuentra afiliado a ninguna de las cámaras que integran la Federación de Empresas Navieras Argentinas (FENA), patronal en las negociaciones.

Ahí reside tal vez la respuesta de por qué no espera inconvenientes en el diálogo con los gremios… 

Como corolario contextual: la conducción del grupo Vessel tiene una trayectoria abundante en “enfrentamientos” gremiales. No son ajenos. Y son, en su mayoría, capitanes retirados o en actividad.

El grupo que conduce Miguel Doñate tuvo un pasado feroz con el SOMU del “Caballo” Suárez, hoy preso. De hecho, fue el primer armador que lo denunció, anécdota que quedó olvidada en la avanzada de inicios de esta Administración contra la mafia sindical.

Ayer y hoy

Pero también la tuvo con el presente del SOMU, a cargo de Raúl Durdos.

Según trascendió en el ambiente, la práctica del nombramiento de tripulantes según la “bolsa” sugerida por el gremio nunca fue habitual en el grupo. Si bien contratan afiliados al SOMU, y respetan el convenio, no “acostumbran” incorporar los nombres que sugieren desde el sindicato.

“Queremos que sean leales con nosotros”, habrían justificado desde el gremio al intentar imponer su gente, incluso recientemente. El grupo frenó toda contratación mientras insistieran con este método. Las aguas se calmaron cuando los sindicatos vieron que era una empresa para manejar a su antojo.

Hecho de color, o hecho aislado, nadie en el sector podría dudar de que la conducción del grupo Vessel tiene particularidades en su liderazgo que no se universalizan. Para bien, para mal, guste o no.

Pero armar un buque en bandera nacional, conociendo este paño, no es un ejercicio de temeridad. Seguramente, el aspecto laboral fue recorrido metódicamente y el aval es el “respeto mutuo” que el armador y los gremios parecen profesar.

Cualidad que dotaría de eficiencia esta negociación paritaria, en comparación con la ineficacia que sobrevuela cada diálogo entre la FENA y la Fempinra.

La cuestión fiscal y el equilibrio regional ya es otra historia.

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