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MADRID.- La crisis generada por el CODVID-19 ha puesto en evidencia fallas estructurales y de gestión que estaban latentes en la política sanitaria de muchos países, incluso de varios del primero mundo.

Dicha realidad, combinada con la elevada contagiosidad de este coronavirus, ha hecho necesaria la aplicación urgente de medidas de prevención que, colateralmente, están teniendo y tendrán impacto directo en la economía real.

Cada vez menos países quedan exentos de las consecuencias no sólo humanas y sanitarias, sino también socioeconómicas de la llegada del CODVID-19. La Unión Europea (UE) así lo ha entendido, y su agenda tiene a este tema al tope de las prioridades.

No se trata sólo de medidas orientadas a fortalecer el sistema de salud para hacer frente a la pandemia, sino también de aquellas destinadas a neutralizar los efectos de la cuarentena sobre el normal desenvolvimiento de la actividad económica.

Suspensión de las reglas fiscales

El 20 de marzo se anunció que quedaría transitoriamente sin efecto el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (creado en 1997 en pos de la disciplina fiscal que exigiría el euro una vez entrado en vigencia).

Siempre de manera temporal, esta medida confiere mayor libertad de decisión y acción a los Gobiernos Nacionales para que ejecuten sus propias medidas presupuestarias para ayudar a empresas, bancos, trabajadores y demás agentes económicos (diferimiento de obligaciones impositivas, prestaciones de desempleo, etc.)

Si bien no parece en sintonía con el espíritu de coordinación entre Estados miembro que podría esperarse de este bloque, es una medida pragmática y realista de cara al contexto. Se requieren acciones de rápido y fuerte impacto, y acordes a la coyuntura particular de cada país.

Christine Lagarde, titular del Banco Central Europeo, entidad que aprobó la puesta en marcha del Programa de Compra de Emergencia para Pandemias (PEPP) para afrontar los eventuales efectos económicos del COVID-19.

Por otro lado, aunque los países de la UE tienen un acceso cómodo a los mercados financieros, existe consenso a nivel comunitario de que las inversiones necesarias para revertir los perjuicios económicos del coronavirus serán significativas, y afrontarlas podría poner en peligro la estabilidad financiera de varios Estados miembro.

Entonces ¿qué otros instrumentos tiene a mano el bloque europeo?

Banco Central Europeo

Luego de una tibia reacción ante los eventuales efectos económicos del virus, el Banco Central Europeo (BCE) dio luz verde al Programa de Compra de Emergencia para Pandemias (PEPP, por su sigla en inglés).

Se trata de un plan de compra de activos públicos y privados por 750.000 millones de euros, contribuyendo así a facilitar la financiación de los gobiernos para sus planes de estímulo.

Este programa actúa de forma proporcional al tamaño de cada economía, pero también es flexible en cuanto a las clases de activos y las jurisdicciones nacionales. De esta manera puede, por ejemplo, comprar más activos de países que estén atravesando mayores dificultades (independientemente del peso relativo de su economía dentro del bloque).

Asimismo, la titular del BCE, Christine Lagarde, dio su visto bueno a otros de los instrumentos que tiene en agenda el bloque, y sobre el cual hay posiciones encontradas entre los Estados miembro: los eurobonos.

Eurobonos

Se trata de bonos compartidos por todos los países que integran la Eurozona, es decir, deuda emitida por la UE ante la cual es el bloque como un todo quien se compromete a devolverla.

A nivel macro, este instrumento mejora el posicionamiento para competir con economías grandes (como Estados Unidos) por los recursos de los inversores en los mercados financieros, al ser ahora la UE, y no sus Estados miembro individualmente, la que accede a dichos mercados.

Por otro lado, al estar respaldados por los 19 países de la zona euro, la responsabilidad de pago es mancomunada, por lo que permitiría reducir los riesgos y las tasas de interés que pagaría cada Estado miembro si emitiese deuda en forma individual.

En contexto del coronavirus por ejemplo, los eurobonos permitirían que países con niveles de endeudamiento muy elevados –y a su vez muy afectados por la pandemia, como Italia, o España– puedan financiarse a un costo menor, dado que logran mayor confianza de los inversores que si emitieran deuda individualmente.

Como se verá más adelante, este beneficio para algunos resulta desventajoso para otros.

Mecanismo Europeo de Estabilización

El Mecanismo Europeo de Estabilización (MEDE) es un organismo creado en 2011 por el Consejo Europeo y que actúa como fondo de rescate de la eurozona, con un poder de fuego de más de 400.000 millones de euros.

Se trata de un fondo ya utilizado en el pasado y en el que cada país tiene una participación en función de su peso económico.

Cabe aclarar, sin embargo, que fue ideado para circunstancias en las que requieren financiación sólo algunos países, pero no todo el bloque, como podría suceder en la actualidad.

Como alternativa de financiamiento ante la actual crisis, el MEDE se percibe como un mecanismo más rápido que los eurobonos. No obstante, las condiciones para acceder a sus préstamos implican reformas a implementar por el solicitante, con una fuerte orientación a la austeridad fiscal.

Viejas disputas

A los ya consabidos desafíos que llegaron junto al CODVID-19, se suma un nuevo capítulo de viejas asperezas en el seno de la UE debido a divergencias estructurales (principalmente de índole fiscal) entre sus Miembros.

España, Italia, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Grecia, Irlanda, Portugal y Eslovenia apoyan la opción de los eurobonos por sobre la de recurrir al MEDE.

Se trata de Miembros con un preocupante nivel de endeudamiento que, ante las reformas que exigiría acceder al MEDE y las ventajas de los eurobonos, previsiblemente se decantan por éstos últimos.

Sede de la Comisión Europea, en Bruselas.

Al frente y con una posición contraria, se encuentra Alemania, Holanda, Finlandia y Austria, que consideran al Mecanismo de Estabilidad Europeo como el vehículo ideal para canalizar los recursos que los gobiernos nacionales requieran.

Asimismo, para estos países el eurobono implicaría aceptar tasas de interés más altas que las que tendrían si emitieran deuda por sí solos gracias a la confianza que generan en los inversores.

Estas rispideces no son nuevas, como tampoco lo son los eurobonos. Este instrumento ya había estado en agenda en crisis de años anteriores, y la posición de los países fue muy similar a la actual.

Solidaridad europea

La posición de los nueve Miembros a favor de los eurobonos fue expresada en una carta enviada a autoridades del bloque, en la que se recurrió al término “solidaridad” entre los argumentos fundamentales.

Sostienen que se trata de una crisis de la que ningún país europeo es responsable, y que ha llegado al territorio de la unión sin que las fronteras o cuentas públicas pudieran evitarlo. Por lo que se debe hacer frente a este shock externo mediante mecanismos coordinados y unidos, dado que sus consecuencias negativas van a afectar a todos.

Nadie puede negar lo antedicho, y mucho menos dejar de mencionar una característica distintiva de esta crisis: está en juego la salud de seres humanos.

Cabe remarcar entonces la importancia de que un país mantenga sus cuentas en orden como resultado de una disciplina fiscal sostenida en el tiempo. Si algo ha quedado claro, una vez más, es que las crisis dejan en evidencia quién estuvo haciendo bien las cosas y quién no.

Es deseable por lo tanto que, sobrepasada esta coyuntura sanitaria y económica, se consolide entre los gobernantes y la sociedad toda, el convencimiento de que un adecuado manejo de los recursos siempre nos dejará mejor plantados para hacer frente a contingencias como las que está generando esta pandemia.

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