Luego de transitar una de las sequías más agudas de la historia, la economía local se encuentra recuperando la cadena agroindustrial, un actor fundamental para los números del país.

El rebote de la producción de cereales permitirá una notable mejora en las exportaciones (concentra el 65% de las mismas), una mayor recaudación por derechos de exportación y amortiguará el impacto negativo de la corrección de los desequilibrios macroeconómicos sobre la actividad, estimó Ecolatina en un informe.

Ahora bien, con la campaña avanzando sin mayores sobresaltos (si bien hubo recortes, los volúmenes estimados se mantienen dentro del promedio), el foco de atención en las últimas semanas viró desde las cantidades hacia los precios internacionales y el tipo de cambio al momento de la liquidación.

De hecho, según el informe, los precios de los commodities no encuentran piso.  

Suba de tasas

“Los valores se alejaron del rally alcista postpandemia (impulsado principalmente por cuellos de botella en la oferta global y la invasión Rusia a Ucrania) a raíz de un ciclo de suba de tasas de interés a nivel internacional”, indicaron.

El paso del tiempo fue materializando en mayor o menor medida aquellos factores generando un desplome en los precios de los principales cultivos de exportación: la soja retrocedió -7,5% (US$/tn 439), el maíz -6,3% (US$/tn 174) y el trigo -13,5% (US$/tn 200). 

De esta manera, la pérdida es aún mayor si se la analiza en términos reales. Ahora bien, cuáles son los factores que presionan los precios a la baja?

“Por el lado de la oferta, una cosecha récord en Brasil (que acumula casi 20 años ininterrumpidos de incremento en los volúmenes producidos de soja) y stocks mundiales in crescendo producto del incremento en el ratio stock/consumo estadounidense. En cuanto a la demanda, impactó principalmente la marcada moderación en el crecimiento de la economía china, el gran comprador mundial de cereales y oleaginosas”, señalaron.

Adicionalmente, “los derivados financieros vinculados a los commodities y las posturas especulativas en el mercado financiero internacional (tanto para cubrirse de riesgos como para generar ganancias con las fluctuaciones) potenciaron la magnitud de los movimientos en las cotizaciones, sembrando la incógnita de cuál será el nuevo piso en los precios”. 

Impacto local

Este recorte afecta de manera directa a la economía argentina, dado que la recuperación en las cantidades de la cosecha se verá parcialmente compensada por la caída en los precios.

“En medio de este descenso de precios internacionales presionando sobre los márgenes del productor, se inserta la audaz estrategia cambiaria trazada por la nueva gestión. Concretamente, luego de convalidar un salto discreto del 120% en el tipo de cambio oficial (corrigiendo el atraso cambiario acumulado), incrementar la alícuota del Impuesto PAIS para importaciones (encareciendo así insumos para la producción agrícola) y establecer el “dólar blend” para exportaciones (80% al TC oficial y 20% al financiero), se estableció un crawling peg del 2% mensual desde enero”, explicó Ecolatina.

Así, frente a una inflación que superó el 70% entre diciembre y febrero, el tipo de cambio real que inició el mandato en su nivel más elevado desde la salida de la Convertibilidad erosionó aceleradamente su competitividad. Una tendencia que, de seguir con este ritmo de devaluación, seguramente se profundice en los próximos meses.

“En este contexto, camino a la cosecha gruesa se configura un escenario complejo en el cual los productores se encontrarán con incentivos contrapuestos: 1) Precios internacionales a la baja (lo que merma los márgenes de rentabilidad y desincentiva la retención de granos); 2) Una brecha cambiaria estabilizada en niveles relativamente bajos y 3) Un tipo de cambio real castigado por la aceleración inflacionaria”, concluyeron.