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CARTAGENA DE INDIAS, Colombia (De un enviado especial).- Los puertos solían ser el lugar donde las cargas cambiaban de modo de transporte: del barco o barcaza al camión o tren, y viceversa.

Pero esta concepción cambió de manera vertiginosa en los últimos años. Con cada innovación tecnológica que se presenta en el mercado, las transformaciones son más rápidas y los efectos de las mismas son exponenciales.

A tal punto que hoy un puerto es una verdadera industria de valor agregado que se integra a la cadena de suministro. Esta industria se nutre de un flujo constante de inversiones y se desarrolla en un entorno de alta competencia.

Tal es así que el aporte al desarrollo económico de los países que realiza la industria portuaria es cada vez más evidente: por cada empleo que se genera en un puerto hay al menos tres empleos adicionales que se derraman en el resto de la economía. Y por cada 100 dólares “creados” por la actividad portuaria, el efecto multiplicador asciende al 27 por ciento.

Informe

Estas son algunas de las reflexiones que dejó el estudio “Grandes desafíos para los puertos en la pospandemia”, elaborado por Ricardo Sánchez, Oficial Senior de Asuntos Económicos, División de Comercio Internacional e Integración de la Cepal, encargado por el 29° Congreso Latinoamericano de Puertos de la Asociación Americana de Autoridades Portuarias (AAPA).

“Los puertos son un ámbito donde se aplica tecnología de manera permanente, donde reina la inversión y por eso se equiparan con cualquier otra industria que se precie de tal”, manifestó Sánchez durante el cierre del Congreso, al presentar las conclusiones del trabajo.

Una de sus principales observaciones fue que los puertos deben redoblar esfuerzos “para cambiar el modo en que la sociedad percibe esta industria” e invertir también en aspectos institucionales, “como el modo en los puertos se relacionan con el entorno urbano, con las empresas, con el Estado y con los trabajadores para prepararse a asumir los próximos desafíos”, destacó.

Factores de desafío

Sánchez agrupó estos desafíos en ocho factores.

Factores estructurales

Es el “hardware” de la industria portuaria, es decir, la infraestructura de soporte al servicio que se presta y tiene que ver con los accesos náuticos y terrestres y su nivel de conectividad. También refiere al “entorno” en que se desarrolla, desde lo que hace a la “paz social” a los factores internacionales que están fuera del control portuario, pero que tiene impacto en la actividad. Asimismo, este aspecto se relaciona con las condiciones de financiamiento, la escasez de datos y de análisis, así como también de disponibilidad de estadísticas e información. Todos factores estructurales que hacen a la columna vertebral de la industria.

Institucionalidad y gobernanza

“Algunos países se destacan por la falta de integración de los puertos a una visión estratégica, a la falta de un consenso político para que los puertos ingresen a la agenda política de alto nivel”, señaló Sánchez. Al respecto, sugirió avanzar en una nueva “gobernanza” portuaria para discutir la relación “ciudad-puerto”, el verdadero rol del Estado en el desarrollo portuario y los marcos legales en las asociaciones públicas y privadas, sin descuidar el establecimiento de “estándares éticos, de responsabilidad social, ambiental y territorial”.

Factores regulatorios

Más allá de la regulación laboral, Sánchez advirtió la necesidad de revisar “la relación entre los Estados y los privados en las concesiones” de las terminales portuarias. Sucede que estos contratos suelen estar caracterizados por la “rigidez” y por la “incompletitud” en materia de mecanismos de defensa de la competencia, o de promoción de la “justa competencia, por la que debe velar la defensa de la competencia”.

Factores de mercado

En este apartado el informe aborda la reconfiguración de las relaciones entre las líneas marítimas, las terminales y los transportistas en general. “Hay tendencias que generan mayor presión por inversiones en los puertos y que vuelven la operatoria más compleja, al tiempo que los ingresos -para financiar esas necesidades- son cada vez menores para los puertos”, destacó Sánchez, tras aconsejar a propósito “reconfigurar estas relaciones, sobre todo por el contexto de incertidumbre sobre el valor de los fletes y la estructura en general del mercado logístico”.

Digitalización

Más que tendencia, se trata de un fenómeno consolidado. Y la adopción de las nuevas tecnologías, que ya conforman el “estado del arte” de la industria es un camino “sin retorno”, aseguró Sánchez. El apartado apunta no sólo a la búsqueda de la mayor eficiencia operativa, sino a la necesidad de “reforzar los sistemas de seguridad digital, dado que los delitos cibernéticos contra la propiedad aumentaron exponencialmente sobre todo durante la pandemia, contra la infraestructura, los puertos y las líneas navieras”.

Factor laboral

La automatización de procesos, como noticia diaria, genera temores en la fuerza laboral, “pero es un riesgo que debe ser minimizado por el diálogo, la formación y el entrenamiento continuo” en una nueva gestión de las infraestructuras “que permita pasar del temor a la ganancia entre las partes”.

Descarbonización y protección ambiental

Este es otro de los capítulos y desafíos de la industria portuaria donde tampoco hay vuelta atrás. “Se trata de una decisión global”, aseveró el especialista de Cepal, no sin advertir que esta expansión cultural “implica nuevos costos que hay que afrontar y que, si bien son bienvenidos, también implica tomar conciencia” de las inversiones que demandará este cambio.

Facilitación del comercio y del transporte

El acuerdo de facilitación del comercio impulsado por la OMC, junto con iniciativas como el operador económico autorizado de la Organización Mundial de Aduanas presenta “avances parciales” en muchas economías, y los puertos lo reflejan.
“Quedan demoras en la implementación y es una práctica que necesitamos. La pandemia ayudó a bajar la carga de papeles y a liberar restricciones, pero ahora comenzó a verse un retorno a los papeles”, señaló el funcionario.

Un rol más activo

Por su dinamismo y capacidad de adaptación, los puertos están llamados a liderar la cadena de suministro. Necesitan, por tal motivo, tener un rol más activo en la visión estratégica de los países.

“Eso es mejorar la competitividad de las economías”, subrayó Sánchez. 

“Para esto, el sector privado debe ser más colaborativo y activo, debe presentar un ánimo más asociativo y propositivo, porque la colaboración es el gran desafío”, apuntó Sánchez.

En síntesis: reglas claras, atracción de inversiones, mejorar las condiciones financieras, instrumentar regímenes de incentivos y de razonabilidad tributaria para dejar definitivamente en el pasado los esquemas contractuales rígidos, incapaces de adaptarse rápidamente a los cambios permanentes, son los grandes retos de la industria en la pospandemia.