En la última semana del año, las tarifas globales del transporte marítimo de contenedores volvieron a moverse al alza y consolidaron una tendencia que, aunque todavía moderada, empieza a delinear un cambio de clima en el mercado.

Según el Índice Mundial de Contenedores de Drewry (WCI), indicador de referencia del mercado, los fletes subieron un 1% y se ubicaron en US$ 2213 por contenedor de 40 pies, marcando así el cuarto incremento semanal consecutivo, en un contexto en el que las navieras capitalizan una demanda que se mantiene firme en las principales rutas comerciales de cara al inicio del nuevo año.

El WCI acumula cuatro semanas seguidas de ganancias, impulsadas principalmente por la evolución de las rutas transpacíficas y Asia–Europa. El movimiento confirma la continuidad de la recuperación iniciada a comienzos de diciembre, cuando las tarifas habían tocado su segundo nivel más bajo desde enero de 2025, y pone de relieve la velocidad con la que el mercado puede revertir señales de debilidad.

Principales rutas

En este escenario, las rutas Asia–Europa mostraron nuevamente un desempeño destacado. Las tarifas spot desde Shanghái a Génova aumentaron un 3% y alcanzaron los US$ 3427 por contenedor de 40 pies, mientras que los fletes entre Shanghái y Róterdam subieron un 2%, hasta los US$ .584.

Es decir, el corredor del Lejano Oriente-Viejo Continente ya acumula cuatro semanas consecutivas con tarifas estables o en alza, un dato que no pasa inadvertido para cargadores y operadores logísticos de todo el mundo, dado que estas rutas son las que establecen el marco de referencia para el resto.

Desde Drewry subrayaron que este comportamiento no es coyuntural. “En los últimos tres años, Drewry ha registrado un crecimiento de la demanda intermensual de dos dígitos en diciembre, estableciendo fuertes volúmenes de fin de año como la nueva normalidad”.

Entonces, la fortaleza persistente de las rutas Asia–Europa refleja un cambio más profundo en los patrones estacionales, con volúmenes de diciembre sensiblemente más robustos que los que sugerían los ciclos tradicionales del calendario marítimo.

Tendencia proyectada

Así, este corrimiento estacional se proyecta hacia los próximos meses. Las navieras están registrando reservas anticipadas antes del Año Nuevo Lunar, que en 2026 caerá en febrero, un factor que, según Drewry, prepara el terreno para nuevos incrementos tarifarios en las próximas semanas, especialmente en los tráficos entre Asia y Europa.

En contraste, las rutas transpacíficas mostraron esta semana un comportamiento más estable, luego de haber registrado subas de dos dígitos en el período previo. Las tarifas spot desde Shanghái a Nueva York y desde Shanghái a Los Ángeles se mantuvieron sin cambios tras los fuertes repuntes de mediados de diciembre, con valores de flete de US$ 3293 (Nueva York) y US$ 2474 (Los Ángeles).

La expectativa de Drewry es que las tarifas transpacíficas se mantengan relativamente estables en el corto plazo, aunque la anticipan leves aumentos adicionales en las rutas Asia–Europa a medida que se intensifica la carga previa al Año Nuevo Lunar.

Picos, valles y recuperación

Lo más llamativo es que el escenario actual contrasta marcadamente con el de apenas dos semanas atrás. En aquel momento, las navieras enfrentaban lo que analistas del sector describieron como un “problema fundamental de volumen”: la mayor parte de los inventarios para las Fiestas ya se había embarcado en noviembre, y las líneas comenzaron a cancelar viajes para reducir la capacidad y sostener las tarifas. Pero aún así no lograron frenar la caída.

Es por eso que la rápida reversión observada desde comienzos de diciembre vuelve a poner en evidencia la volatilidad estructural que sigue caracterizando al mercado del transporte marítimo de contenedores, que viene siendo afectada por patrones estacionales pero, también, por la gestión activa de la capacidad y las perturbaciones políticas y comerciales.

Aumento por reasignación

Es cada vez más riesgoso proyectar tendencias en el mercado marítimo, por la sensibilidad que muestra a factores externos a la propia industria. Pero, en líneas generales, hay algunos “principios” que suelen repetirse sobre todo al intentar ver qué sucederá con los fletes en la costa este de América del Sur (ECSA). Por ejemplo, uno clásico está vinculado a la capacidad: cuando una ruta “paga más”, la competencia por la bodega se estresa.

Hay series históricas que demuestran que las tarifas de las distintas rutas no se mueven “todas juntas”, pero sí responden a reasignaciones de oferta y a shocks que cambian distancias, rotaciones y utilización de flota.

En la práctica, si Asia–Europa pagan más (y si Asia–EE.UU. sostiene niveles altos), las navieras tienen incentivos a priorizar equipos y buques en esos tráficos.

Eso puede recortar oferta relativa (o flexibilidad operativa) para ECSA y presionar fletes al alza, sobre todo en el mercado spot y en cargas “sensibles al roleo” de equipos.

Aumento por demoras

El otro dato que hay que seguir de cerca para ver el impacto “cercano” en los valores de los fletes no tiene tanto que ver con la demanda de cargas de los distintos mercados, sino por la “demanda de flota” que se resiente por ineficiencias y demoras en los distintos puertos.

Las interrupciones a los tráficos (Mar Rojo) mostró qué tan elástica es la curva de los fletes frente a estas situaciones, que se derraman a todas las rutas periféricas. De hecho, aquella disrupción de 2024 mostró cómo los valores de los fletes de la ruta que une Shanghai con Santos (hub de referencia para los puertos de la costa este) se movieron exactamente de la misma manera que el resto de las rutas globales.