Una de las consultoras preferidas por las grandes corporaciones sentenció que las tareas de documentación y cumplimiento aduanero están entre las habilidades laborales cuyas tareas son mayormente automatizables con la tecnología existente.  El McKinsey Global Institute proyectó que esta tarea está “destinada” a ser absporbida por flujos de trabajo ejecutados por agente de inteligencia artificial, según el informe Agents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Latin America.

Para Argentina, el informe trae además dos datos que la cobertura general trató como curiosidad tecnológica.

Primero: el país lidera la región en demanda de habilidades de inteligencia artificial. Alrededor del 34% de las ocupaciones relevadas ya las exige como requisito, 3,3 veces más que dos años atrás, por encima de Brasil, México, Chile y Colombia.

Segundo: Argentina integra, junto con Chile, Uruguay y Costa Rica, el grupo de países cuyo perfil de automatización se parece al de las economías avanzadas. Más del 70% de su trabajo automatizable es no físico. Acá la automatización no llega en forma de robot: llega en forma de software.

Lo general y lo particular

Entre los números “gruesos”, el informe destaca que el 57% de las horas de trabajo de América Latina son técnicamente automatizables con tecnología disponible —39 puntos porcentuales mediante “agentes” de software y 18 mediante robots— y que la automatización podría generar unos 450.000 millones de dólares anuales de valor hacia 2030.

Pero en el caso argentino es interesante poner la lupa. MGI clasificó unas 7000 habilidades relevadas en avisos de empleo de cinco mercados —Argentina entre ellos— según su exposición a la automatización, y encontró que el 21% está asociado principalmente a actividades automatizables. De ese universo, el informe destaca el compliance documental exportador. Es decir, fue el propio mercado laboral quien “produjo” el dato: : la carpeta, la clasificación, la destinación son, en los avisos de la región, habilidades cuyo tiempo de trabajo cae mayormente del lado que los agentes ya pueden ejecutar.

El cruce con el perfil argentino agrava la lectura. Si la automatización local es predominantemente de software, no requiere el capital hundido de la robótica: es barata, rápida de desplegar y escala sin grúas. El freno que McKinsey identifica para la adopción regional —salarios bajos que debilitan el caso de negocio de sustituir trabajo por tecnología— corre al revés en la Argentina actual, donde el costo laboral medido en dólares subió de manera sostenida. Además, la base de empleo del informe para Argentina es la EPH del cuarto trimestre de 2024: el incentivo a automatizar el escritorio comex es hoy mayor que el que el propio modelo capturó.

Otra tensión

Hay una segunda tensión. Argentina lidera en difusión de la demanda de habilidades de IA (34% de las ocupaciones), pero esas ocupaciones concentran apenas el 13% del empleo, y el país captura 17.400 millones de dólares del valor regional proyectado: menos del 4% del total, contra el 75% que se llevan Brasil y México por escala y, en el caso mexicano, por salarios. Traducido: Argentina es el mercado laboral que más rápido pide saber usar IA y uno de los que menos valor capturaría por usarla. La brecha entre entusiasmo y captura es el dato argentino del informe.

Para el sistema portuario y logístico, la secuencia que describe MGI es precisa: en todos los sectores, incluso los físicamente intensivos, al menos dos tercios del valor proyectado proviene de la automatización no física. La oficina se automatiza antes que la terminal.

Si los despachantes, forwarders y áreas comex de los exportadores automatizan su lado del mostrador más rápido de lo que el Estado y los grandes proveedores de servicios digitalizan el propio, el cuello de botella del comercio exterior argentino cambia de lado.