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Hay un mito urbano según el cual un altísimo porcentaje de los matrimonios que deciden ir a terapia de pareja lo hacen en búsqueda de “alguien” que los ayude a tomar una decisión que ellos no se animan a asumir: separarse.

La reunión virtual por los 30 años del Mercosur se pareció mucho a una terapia de pareja. Planteos de incomodidad y disconformismo; pedidos de cambios que respeten las “necesidades y demandas” de la otra parte; acusaciones de unos a otros sobre “el peso” que significa mantener la sociedad tal como está, y la respuesta resumida del aludido: Si no te sirve, bajate del barco.

Hay algunos detalles que ayudan a entender la dimensión de lo que ocurrió en el zoom aniversario del Mercosur:

  • Los protagonistas de la “catarsis” fueron los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Ergo: no hay “fusibles” de reemplazo en esta historia.
  • Las recriminaciones se intercambiaron de modo público. Queda desechado uno de los recursos favoritos para intentar remediar este tipo de situaciones: todo se debió a una errónea interpretación de los medios de comunicación.
  • Lo que se dijo fue duro. De modo particular el cruce entre Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou, pero la sensación es que lo verbalizado es apenas la punta del iceberg.

El presidente uruguayo apeló a una frase casi amenazante durante su intervención que se prolongó durante 8 minutos.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, no ocultó su fastidio durante la Cumbre virtual por los 30 años del Mercosur.

Lo que pasa en Las Vegas…

Antes de explicar por qué es necesario profundizar la zona de libre comercio y de reclamar por la libertad para firmar acuerdos con terceras partes de modo independiente, se refirió a “encuentros extraoficiales” que mantuvo con los otros tres Presidentes del bloque.

Describió esas reuniones como amenas y dijo que, por ser extraoficiales, se da en esos casos un ida y vuelta en el que se pueden plantear muchos temas.

Entonces, en una adaptación de la célebre frase “lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas”, espetó: “Lo que queda en reuniones extraoficiales está ahí, pero nosotros debemos aterrizar algunas cosas de manera formal”.

Surge la duda de si en esos “encuentros amenos”, los mandatarios expresaron opiniones diferentes de las que luego pronunciaron públicamente o se comprometieron a dar determinados pasos que luego no dieron. El gesto adusto de Lacalle Pou alimenta las especulaciones en ese sentido.

Portazo virtual

  • Aunque el discurso de Jair Bolsonaro fue en el mismo sentido que el del presidente uruguayo, reclamando una “modernización” del bloque que implica cambios profundos en su configuración actual, lo más importante de su participación fue, paradójicamente, la manera en la que decidió dejar de participar.

Fue el canciller argentino quien hizo notar la salida abrupta del presidente de Brasil.

Apelando a las habilidades políticas que le da su extensa trayectoria en el rubro, Felipe Solá aprovechó el momento de presentar el Estatuto de la Ciudadanía del Mercosur para dejar en evidencia al mandatario: “Es un honor estar acompañando a nuestros presidentes amigos y hermanos del Mercosur. Jair Bolsonaro, de Brasil… que veo que no está pero igual lo quiero saludar…”

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, abandonó la reunión sin previo aviso.

Realidades paralelas

Las diferencias de criterio al interior del bloque son viejas y conocidas por todos, sólo que ayer fue la primera vez que quedaron expuestas de modo público.

A lo largo de los 25 minutos de su intervención, Fernández describió un Mercosur absolutamente diferente del que pintaron Bolsonaro y Lacalle Pou.

Aunque dijo que los 30 años son un momento oportuno para realizar “un balance honesto del Mercosur que valore los logros alcanzados y que permita reconocer las deudas pendientes y los desafíos”, el mensaje del mandatario argentino tuvo un tono decididamente elogioso hacia la situación del bloque, a punto tal que no dudó en aseverar que el Mercosur tiene una de las agendas comerciales “más dinámicas del planeta”.

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, fue el más elogioso del desempeño del bloque.

Además, propuso la creación de tres observatorios -de la calidad de la democracia, para la prevención de la violencia de género y otro de medio ambiente-, admitió que sería muy difícil tener una mirada idéntica sobre plazos y prioridades de la agenda externa y explicó que por ello es preciso partir desde una visión pragmática que permita consensuar una agenda común a mediano plazo, “que trascienda las urgencias políticas, fije prioridades, esté interrelacionada con la consolidación interna del bloque, y profundamente anclada en una visión de desarrollo de nuestros sectores productivos”.

“La inserción del Mercosur en la economía global debe darse en favor de nuestros sectores productivos y no en su contra”, describió Fernández.

Equilibrista

La posición del presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez fue de un cuidado equilibrio entre ambos grupos: “El diseño actual del proceso de integración requiere que las negociaciones externas se realicen en forma conjunta y coordinada, pero que eso no sea una barrera para impedir el desarrollo de nuestras economías”, dijo. O sea, intensificar las negociaciones pero un esquema conjunto.

Mario Abdo Benítez, presidente de Paraguay, durante su intervención en la Cumbre por el 30 aniversario del Mercosur.

Por su parte, Bolsonaro y Lacalle Pou pronunciaron los discursos más breves y ácidos del encuentro.

El presidente de Brasil habló durante 6 minutos, y el de Uruguay, 8. Fueron suficientes para condensar el malestar de ambos países con la situación actual del bloque.

“Defendemos la modernización del bloque, y una actualización del Arancel Externo Común (AEC) como parte central del proceso de reparación del organismo”, dijo el brasileño y agregó que precisamente por eso quería destacar la relevancia de la reunión que los ministros de Relaciones Exteriores tendrán en abril próximo para “la toma de decisión sobre la agenda y modalidad de las negociaciones externas y la revisión del AEC”.

Disconformes

Lacalle Pou fue quien cerró la ronda de discursos de los miembros del bloque (luego hablaron también los presidentes de Bolivia y Chile, miembros asociados).

Su advertencia de que se hacía necesario “aterrizar algunas cosas de manera formal”, se transformó casi en un aterrizaje de emergencia.

“No estamos conformes”, dijo meneando la cabeza. “Tenemos que avanzar en las negociaciones con otros bloques. Creemos que es muy bueno iniciar diálogos, sentarnos a la mesa, pero la suma de situaciones en las que no catalizan estos acuerdos genera frustraciones”, comentó Lacalle Pou visiblemente fastidiado.

Luego planteó el caso concreto del acuerdo con la Unión Europea.

“Ahí tenemos una dificultad. Se trabajó durante muchísimos años y todavía falta camino por recorrer, que hoy nos genera cierto escepticismo. Tenemos que sincerar ese proceso para ver si vamos a llegar a buen puerto.”

Un lastre

Habló entonces de “aspectos de la vida cotidiana que siguen complicando la actividad de la zona de libre comercio”, de la necesidad de revisar el AEC –“que ha sido perforado una y mil veces con las excepciones que abundan”- y de continuar en el esfuerzo para mejorar el transporte y la logística.

Y entonces llegó el pasaje que más molestó al presidente de Argentina y que motivó su respuesta antes del cierre de la reunión.

“Obviamente que la actividad y producción del Mercosur pesan en el concierto internacional, lo que no debe ser ni puede ser es un lastre. No estamos dispuestos a que sea un corset en el que nuestro país no se pueda mover y por eso hemos hablado con todos los presidentes de la flexibilización. Flexibilización, distintas velocidades… veamos el nombre y el concepto, pero Uruguay necesita avanzar. Nuestro pueblo nos exige avanzar en el concierto internacional y por eso vamos a proponer formalmente que se discuta en la mesa el tema de la flexibilización”, explicó Lacalle Pou.

A las cosas

Y añadió otro comentario que también pareció un dardo directo al presidente de Argentina, que acababa de proponer la creación de tres observatorios.

“Somos hijos de un mundo que se mueve muy rápido, no hay tiempo para grandes diálogos y comisiones. Hay que actuar. Casi todos los presidentes que hablaron antes que yo hablaron de pragmatismo. Me quiero subir a ese concepto librado de ideologías, pensando en la libertad de desarrollo de los pueblos, cuidando el bloque, y teniendo como centro una vez más el individuo de cada uno de nuestros países. Es con el Mercosur, pero también con la libertad que nuestro país necesita y merece”, concluyó.

¿Tirarse o bajarse del barco?

Visiblemente ofuscado, y como anfitrión del encuentro (Argentina ejerce la presidencia pro témpore este semestre), Fernández tomó la palabra a modo de cierre del zoom.

“En estos 30 años estoy seguro de que hemos avanzado vertiginosamente en la región, inclusive en los últimos tiempos, hemos podido trabajar más y mejor. Quisiera quedarme con la expresión de la mayoría de nosotros, que es la de seguir buscando mecanismos para avanzar y de consensos. Y que todos podamos sentirnos hermanos. Si nos hemos convertido en otra cosa, en una carga, lo lamento. La verdad es que no queríamos ser una carga para nadie porque además, una carga es algo que hace que a uno lo tiren de un barco y lo más fácil es bajarse del barco si es que esa carga pesa mucho”, arrancó el mandatario.

Y agregó: “Hago hincapié en que terminemos con esas ideas que ayudan tan poco a la unidad en un momento que importa tanto. No queremos ser lastre de nadie. Si somos un lastre, que tomen otro barco. Para mi es un honor ser parte del Mercosur, estar trabajando junto a ustedes. Tengo la misma esperanza que tuvieron los fundadores del Mercosur en poder avanzar y trabajar conjuntamente y creo que lo podemos hacer, aun en circunstancias difíciles pero respetándonos”.

Asumir los costos

Al mismo tiempo que la locutora oficial hacía el cierre formal del encuentro empezaba a sobrevolar la idea de que la situación se parece a la antesala de un divorcio, causado por diferencias de enfoque muchas veces enunciados por lo bajo, pero por primera vez expuestas de manera tan descarnada y pública.

Al final quedó en claro que la incomodidad es generalizada, pero también que nadie parece estar dispuesto a asumir los enormes costos políticos, económicos y sociales que implicaría dar un portazo al bloque.

Todos hablan de la importancia de seguir juntos. Sin embargo, los “pero” y las condiciones para hacerlo contradicen ese enunciado.

No parece el momento más adecuado para romper una asociación estratégica regional que significa mucho más que comercio para nuestros países, sí parece el momento de sincerar la charla para definir un “rumbo real” para el Mercosur, más allá de los discursos y las promesas políticamente correctas.

El próximo round (oficial) tiene fecha: el 22 de abril los ministros de Relaciones Exteriores se encontrarán en Buenos Aires (hasta ahora la reunión es presencial) para debatir el AEC.

Tal vez entonces haya señales más claras de cómo seguirá la historia del bloque que el 26 de marzo debía festejar sus primeros 30 años.