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Hay una coincidencia casi generalizada: más que generar nuevos fenómenos, la pandemia aceleró exponencialmente tendencias que empezaban a verse de modo tímido. El nearshoring es una de ellas.

Para algunos se trata de un proceso de “desglobalización”. Los más cautos prefieren hablar de una nueva etapa de globalización en la que el barrio se vuelve más relevante. Cuando se les pide una definición de nearshoring todos coinciden en algunas cuestiones:

  • Es un mecanismo por el que las empresas RE-relocalizan parte de sus actividades productivas y de negocio.

Como oposición al offshoring de los inicios de la globalización (que se dio mayoritariamente durante la década del 90 y comienzos de los 2000), cuando las firmas fragmentaron sus procesos aceptando mudar gran parte de las actividades al otro lado del mundo si eso les aseguraba reducir costos, el nearshoring revaloriza la cercanía al mover la estructura productiva propia y de los proveedores a su país o a los países vecinos.

  • Produce una reconfiguración de las Cadenas Globales de Valor (CGV).

En la “etapa nearshoring” se habla de Cadenas Regionales De Valor (CRV). Los diferentes eslabones se ubican en países geográficamente cercanos.

  • La denominada Guerra comercial entre Estados Unidos y China, primero; la política de “repatriación obligada” de Donald Trump, luego, y finalmente la pandemia, terminaron de moldear la movida.

Es que esos episodios fueron dejando en claro las complicaciones de operar a miles de kilómetros con todos sus matices: desde las diferencias culturales y de huso horario, al encarecimiento del transporte o directamente la imposibilidad de hacerlo, como ocurrió el año pasado a raíz de las restricciones impuestas por el Covid-19.

Factores para la deslocalización

Roberto Bouzas, Profesor Plenario de la Universidad de San Andrés, dice que sin dudas muchas empresas están re-evaluando el trade off entre eficiencia y riesgo del modelo de organización de su cadena productiva, y que consideraciones de riesgo como el legal, entre otros, siempre han sido un factor a considerar en las decisiones de deslocalización, sólo que en los últimos años hubo cambios.

Roberto Bouzas dice que si bien se espera que las innovaciones como la impresión 3D reduzcan la demanda de traslado físico de los bienes, aún no está claro cuán extendido será el impacto de estas nuevas tecnologías. Imagen de ZMorph3D/Pixabay.

“Se amplió el tipo de riesgo que se volvió relevante. La pandemia ha planteado nuevos desafíos y los ha hecho más visibles, pero no es el riesgo de largo plazo más relevante. Más tarde o más temprano la pandemia se atenuará y los problemas de logística, acceso y seguridad en el abastecimiento se reducirán concomitantemente. El principal riesgo de largo plazo es el que emana de la agudización del conflicto y la competencia entre EE.UU., la Unión Europea (UE) y China. Es esto lo que ha incrementado la ponderación del componente de riesgo en el trade-off entre riesgo y eficiencia en las decisiones de deslocalización”, describe antes de señalar otro factor relevante: el cambio climático.

Emisiones y transporte

“A todo eso se agrega una consideración que cada vez cobrará más relevancia: las políticas de reducción de emisiones que eventualmente se adopten (por ejemplo, la aplicación de impuestos compensatorios en frontera) son un factor que cobrará creciente importancia y sin duda tendrá un impacto sobre el comercio, especialmente el proveniente de países en desarrollo donde en general la producción es más intensiva en emisiones”, describe el economista, Investigador del Conicet.

Y añade que a ello se suma el hecho de que el transporte de larga distancia es una actividad fuertemente emisora. “Si bien se espera que las innovaciones como la impresión 3-D reduzcan la demanda de traslado físico de los bienes, aún no está claro cuán extendido será el impacto de estas nuevas tecnologías”, comenta Bouzas.

Logística en la nueva normalidad

Desde Montevideo, Juan Opertti dice que es necesario “repensar las cadenas logísticas de la nueva normalidad” y adelanta cómo será la nueva configuración.

“El 2020 mostró cómo se interrumpían cadenas logísticas que por distintos factores de competencia se habían localizado de manera lejana. Se calcula que 75% de algún punto de las cadenas tradicionales se interrumpieron y si se analiza lo que ocurrió entre los proveedores esenciales de empresas biomédicas, esa cifra trepa a 95%”, dice el Director Costa Oriental y Gerente de Logística Sudamérica de Katoen Natie (multinacional belga que opera el Puerto de Montevideo).

“Vamos a ir a cadenas logísticas mucho más flexibles, relocalizadas, y de cadenas logísticas globales a cadenas logísticas regionales. Eso es nearshore”, asevera Opertti.

Comenta luego que ha quedado en claro que ya no se puede simplemente apostar a tener todas las plantas de producción en un solo sitio por una cuestión de costos.

Costos y fletes

“Los costos siguen siendo muy importantes, pero también vimos cómo han aumentado los fletes. Cuando analizamos las cadenas logísticas, las empresas empiezan a plantearse no sólo el factor económico, sino el de servicios de suministros que no pueden verse interrumpidos. Se dará una diversificación de relocalizaciones de las cadenas de valor en distintos centros de producción y América latina está llamada a jugar un rol fundamental en la relocalización de empresas de Asia en esta región por varios motivos”, dice entusiasmado.

¿Cuáles son esos motivos? Que esta fue la última zona a la que llegó la pandemia, que ha demostrado que cuenta con nodos muy atractivos como las zonas económicas especiales, las zonas francas y los parques científicos tecnológicos, y que contamos con excelente capacidad humana, además de la afinidad cultural con los principales consumidores de las CGV, responde Opertti que también es Miembro de Junta Directiva de WFZO, la Organización Mundial de Zonas Francas.

En el GPS

Carolina Cuenca se suma a esa hipótesis y la enfoca de modo concreto: “Latinoamérica puede aparecer como alternativa de interés en el GPS de relocalización de las empresas norteamericanas”.

La Directora General de Relaciones Internacionales y Cooperación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, argumenta que ciudades como Buenos Aires, con sistemas educativos universitarios sofisticados, ecosistemas de empresas y startups robustos, y alto nivel de conectividad, entre otras fortalezas, pueden ofrecer un pool de talento altamente calificado a precios competitivos.

“El nearshoring significa, en definitiva, trasladar segmentos de operaciones o partes de la producción a otros países mediante la apertura de filiales, sedes o subsidiarias o bien tercerizando algunos de esos procesos (BPO) o etapas productivas en proveedores del exterior (tanto en bienes como en servicios). Se trata de relocalizar una parte de la cadena de suministros en un país cercano. La cercanía ofrece nuevas ventajas: husos horarios amigables, metodologías de trabajo compatibles, distancias físicas razonables que facilitan encuentros y lazos culturales occidentales. Para una empresa, tomar la decisión de nearshoring significa cambiar su  configuración actual de las CGV, por eso es necesario entender esas estructuras”, detalla.

Servicios

Cuenca admite que en América latina la cantidad de empresas que son parte de las CGV es relativamente baja, y las que lo logran, en general, lo hacen en etapas más asociadas a la materia prima que al agregado de valor. Y destaca que hay una enorme oportunidad en los servicios.

“En la Argentina, el comercio internacional nos remite, en la mayoría de los casos, a elevados aranceles asociados a la escasez de acuerdos comerciales y altos costos logísticos. Ambos conceptos pierden bastante entidad cuando hablamos de la exportación de servicios. Ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza o Rosario pueden aprovechar estas oportunidades que ofrece hoy el comercio global”, dice.

Cuenca explica que si se toma el ejemplo de Buenos Aires, se encuentra una ciudad de más de 3 millones de habitantes, que recibe de manera constante migrantes internos de otras zonas del país e internacionales; que es sede de 38 instituciones universitarias, en las que estudian más de 500.000 jóvenes, y que cuenta con una vida cultural diversa y variada.

“Todo esto se traduce en una Ciudad con instituciones sólidas y económicamente activa, en donde el 51,1% de sus ciudadanos trabaja desarrollando diversos sectores que van desde los alimentos y bebidas, a los medicamentos o servicios basados en el conocimiento. Conocer el Producto Geográfico Bruto (PGB), su composición sectorial, sus exportaciones, y sus indicadores del mercado laboral, entre otros, permite identificar aquellos sectores consolidados que ya cuentan con las capacidades instaladas necesarias para aprovechar las oportunidades globales, y en cuáles otros se requieren políticas públicas de mediano o largo plazo para lograrlo”, comenta Cuenca.

La pandemia provocó dificultades para conseguir transporte y encarecimiento de los fletes.

Efecto rebote

¿Qué está pasando en la región respecto del nearshoring? ¿Será que la ubicación geográfica de un país es lo que cuenta en esta nueva etapa o la reorganización de las cadenas de valor se dará a partir de especialidades/capacidades de los países (desarrollo de software, mano de obra intensiva barata o calificada, etc)?

Bouzas cree que algo que con frecuencia se pierde de vista es que las cadenas de producción se han organizado regionalmente, más que globalmente.

“La mayor excepción es el vínculo entre EE.UU. como mercado de destino y los países asiáticos como proveedores. En ese espacio geográfico es previsible una reconfiguración de las cadenas de abastecimiento. A nuestra región ese proceso le pegará de rebote. Con todo, es difícil pensar que pueda tener un impacto muy significativo más allá de México, América Central y el Caribe y, en mucha menor medida, el norte de América del Sur”, describe.

Proceso asimétrico

“Sin duda las capacidades no están distribuidas geográficamente de manera homogénea, por lo que es previsible que seamos testigos de un proceso muy asimétrico y diferenciado. Incluso los países geográficamente más próximos a EE.UU. enfrentan serias dificultades para eventualmente beneficiarse de este proceso: las condiciones internas en muchos de ellos (por ejemplo en materia de seguridad) son francamente precarias. La Argentina tiene una clara desventaja de localización geográfica, pero algunas ventajas en cuanto a su dotación de recursos. Pero estas ventajas se están transformando crecientemente en un rasgo de nicho. Con segmentos crecientes de su población en condiciones de pobreza, sin adecuada educación y entrenamiento, el riesgo de profundizar el dualismo está muy presente. Esto obliga a colocar el foco sobre las políticas domésticas”, advierte luego el especialista.

¿Cuál es el rol del sector público y del privado para definir, concretar y acelerar el incipiente proceso de nearshoring?, preguntó Trade News.

Entonces, Bouzas respondió: “Más allá de la existencia o no de oportunidades, la Argentina no está bien parada para aprovecharlas. Las carencias tienen básicamente que ver con la disfuncionalidad del sistema político, la precariedad y volatilidad de las políticas públicas y la falta de un horizonte de desarrollo deseado o imaginado. Nada de esto es inmodificable, pero mientras no consigamos resolver algunos de los principales impasses internos no hay oportunidades que podamos aprovechar de manera perdurable. Todo será, como ocurrió con el boom del precio de las commodities en la década pasada, un poco de alivio transitorio que no modificará la trayectoria”.

El fenómeno del nearshoring está en marcha. Sólo el tiempo ayudará a entender si se trataba de algo pasajero o del principio de la reconfiguración de la globalización, tal como la conocimos hasta ahora.