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El Senado de Chile aprobó ayer el nuevo acuerdo comercial con la Argentina, un tratado de los denominados de nueva generación que prevé, por ejemplo, la eliminación del roaming en las telecomunicaciones (el costo extra que se paga por usar una línea telefónica en otro país), la modernización del marco jurídico que regula las inversiones, los servicios, las compras públicas y el comercio electrónico, entre otras cuestiones.

La iniciativa –que ahora deberá promulgar el Presidente Sebastián Piñera- había generado controversias y recelos a ambos lados de la Cordillera.

Aquí, la Cámara de Diputados lo aprobó el 20 de diciembre pasado, luego del traspié del oficialismo en la primera sesión extraordinaria, cuando debió volver a Comisión.

Idas y vueltas

Mientras funcionarios y legisladores de Cambiemos argumentaban que el Protocolo Adicional N°61 entre la Argentina y Chile es parte de una nueva etapa del proceso de integración económica que comenzó en 1995 y alcanzó el libre comercio en 2014, y completa una serie de entendimientos vigentes, como el Acuerdo de Complementación Económica 35 MERCOSUR-Chile (ACE 35) y el Acuerdo para Evitar la Doble Tributación (en vigencia desde octubre de 2016), desde la oposición se alzaban las voces con dudas y cuestionamientos.

El perjuicio que podría generar para las economías regionales el nuevo acuerdo y la falta de un estudio de impacto detallado fueron los ejes centrales de las críticas.

En Santiago, el nuevo paso en pos de un “estrechamiento” de las relaciones bilaterales también debió sortear obstáculos como el rechazo que recibió en la Comisión de Agricultura.

Sin embargo ayer, con 34 votos a favor y uno en contra, la iniciativa logró salir airosa.

Coincidencia estratégica

Al momento de referirse al significado del nuevo acuerdo, los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países eligieron la misma fórmula y apelaron a la misma palabra para describir el vínculo: “estratégico”.

Los cancilleres de Chile, Roberto Ampuero, y de Argentina, Jorge Faurie, dos de los voceros y defensores de la profundización de la integración binacional.

A finales de diciembre, el canciller argentino, Jorge Faurie, sostuvo que lo logrado venía a reforzar el “vínculo estratégico” que existe entre ambos países. Ayer, su par chileno, Roberto Ampuero, aseguró: “Nos pone en una posición de integrarnos mucho más con Argentina, con quien tenemos una relación estratégica”.

El ministro chileno destacó que el logro se produce “casi en términos exactos, 40 años después de que ambos países estuvimos a punto de ir a una guerra”, y que lo que está ocurriendo es “una expresión muy clara del nivel de integración, entendimiento, comprensión y visión de futuro conjunta” que tienen los dos países.

Reducir tiempos y costos

De acuerdo con la visión de los representantes de ambos gobiernos, el acuerdo incrementará el comercio gracias a que se perfeccionan y complementan las normas técnicas, sanitarias y fitosanitarias, así como los procedimientos aduaneros actuales (por lo que, siempre según la versión optimista, se reducirán además tiempos y costos).

La incorporación de temas “novedosos” para este tipo de acuerdo, como medioambiente, trabajo, género, pymes, cooperación y política de competencia, refuerza los argumentos de quienes repiten que la iniciativa aumentará las oportunidades a ambos lados de la Cordillera y que puede convertirse en un buen ensayo para adelantar lo que sería un mayor acercamiento con los países que integran la Alianza del Pacífico (además de Chile, Colombia, México y Perú).